DESESPERADOS INTENTOS DE REUBICARSE EN EL TABLERO

Malcorra dice que ya es confidente de un hijo de Trump que manda saludos a Macri: ¿¡!?

Muy esforzado el intento de la Administración Macri por desandar toda su apuesta por Hillary Clinton e ir a los pies de Donald Trump. Pero también eso le sucede a la mayoría de los jefes del Estado hoy día... Por lo tanto, no es el único caso, y tampoco pueden obtenerse demasiadas conclusiones. En todo caso habría que caer en la cuenta que, con la excepción de México (por los inmigrantes y el proyecto del muro), ni Trump ni Hillary hablaron 1 sola vez de América latina en su campaña. En cuanto a Macri, exagerada su apuesta pro estadounidense que ahora entra en crisis por un país que votó por mirarse el ombligo antes que por jugar en el tablero globalo.

"(...) El Gobierno no contó con previsiones adecuadas. No porque no haya intuido la victoria de Trump. En verdad, porque desde que Macri asumió se apareó sólo a Barack Obama y los demócratas. Quizás para comenzar a marcar con su apertura al exterior la primera diferencia neta con el kirchnerismo.

En aquel excesivo compromiso tuvieron incidencia más asuntos. No se podría pasar por alto la batalla de Susana Malcorra para alcanzar la Secretaría General de la ONU. Lo hizo con la venia explícita de Macri. También el ingeniero soñaba con esa coronación. Pero el salto resultaba exigente. ¿Por qué razón se concedería a la Argentina un sitial tan preponderante? ¿Por qué a un país que, al margen del cambio de gobierno, muestra por décadas inclinación al aislacionismo y la imprevisibilidad? El esfuerzo implicó un pedido de respaldo a Washington que se obtuvo. Y un apego también a la nominación de Hillary. La maniobra salió mal en el plano general. Malcorra fue relegada en la ONU por el ex premier de Portugal, Fernando Guterres.

Esa derrota ni siquiera sirvió para un reseteo de apuro. Macri, Malcorra, el embajador Martín Lousteau y hasta Alfonso Prat-Gay, ministro de Hacienda, continuaron con la bendición a Hillary. Lo más incomprensible resultó la reacción de la canciller cuando la elección en EE.UU. estaba cerrada. Dijo sentir “pena” por la caída de la candidata demócrata. Hizo un saludo híbrido al triunfo de Trump.

Macri hizo simplemente la gran Macri. Un lujo que aún puede darse porque no derrochó todo su capital político. Se manifestó sorprendido por el triunfo de Trump, lo felicitó y auguró una fructífera colaboración en la relación bilateral. Ese sería el tramo sencillo de la obra. Ahora deberá imaginar un lazo más estable y permanente con el extravagante mandatario de la primera potencia mundial.

En ese punto figura abierta una discusión en el Gobierno. Malcorra aspira a convertirse en la hacedora de la reconstrucción. Teniendo como trampolín a su maquinaria diplomática. El Presidente y algunos de sus asesores principales urden un camino paralelo. Explotar el conocimiento personal que posee con Trump. Que procede de la época de los negocios inmobiliarios que encabezó su padre, Franco. ¿No resultaría más útil ese recurso que los canales tradicionales? La pregunta con la que se interpela el macrismo apunta al perfil antisistema con el cual se empinó el magnate republicano. Allí confían que ciertos excesos verbales sean conmutados: el Presidente hace un año definió a Trump como “un chiflado” en un reportaje por televisión. (...)".


Mauricio Macri llama "chiflado" a Donald Trump


Joaquín Morales Solá en el diario La Nación, es el instrumento de Susana Malcorra que había anticipado Eduardo van der Kooy:

" Al final de un largo diálogo telefónico con la canciller Susana Malcorra, Eric Trump, hijo del presidente electo norteamericano, le pidió que transmitiera un mensaje: "Dígale al presidente Macri que mi padre siempre lo recuerda con cariño". Rápida y pragmática, Malcorra llamó a uno de los hijos de Trump, los únicos seguros integrantes del equipo que acompañará al próximo jefe de la Casa Blanca. Macri sintió cierto alivio, pasajero. Nunca le preocupó la persona de Donald Trump, sino las políticas que éste prometió, y la probabilidad de que deba tirar por la ventana la agenda bilateral que confeccionó con Barack Obama. El contundente cambio en los paradigmas políticos de Washington no puede dejar indiferente a un presidente argentino que colocó en los Estados Unidos el eje central de su política exterior. Macri no es indiferente. Está preocupado.

Su relación personal con Trump, con la que se entretienen vanamente los políticos argentinos, es lo que menos impacienta a Macri. Él y Trump se frecuentaron durante 20 años, desde 1984 hasta 2004. Por momentos fueron socios incómodos, pero la mayor parte del tiempo fueron amigos que se juntaban para comer o para jugar al golf.

Macri siempre lo llamaba cuando viajaba a Nueva York, y Trump siempre encontraba un momento para verlo. La decisión del argentino de dedicarse a la política de su país relegó luego esos encuentros neoyorquinos. Macri es el único presidente argentino que tuvo relación con el Papa, antes de que fuera Papa, y que conoció y frecuentó al presidente norteamericano, antes de que fuera presidente. Puede ser un beneficio, pero ni el Papa ni Trump coinciden con todo lo que pregona Macri. Uno está a su izquierda; el otro, a su derecha. Nunca nada es perfecto en el despacho de los presidentes.

¿Por qué, entonces, prefirió apoyar a Hillary Clinton en la campaña electoral? Lo primero que sucedió es que el presidente argentino estaba entusiasmado con los proyectos que había confeccionado con Obama, que iban desde el comercio argentino hasta la defensa y el intercambio de información confidencial sobre el terrorismo y el narcotráfico. Sabía que con Hillary habría continuidad, aunque cambiaran las personas y se modificaran aspectos de los acuerdos preexistentes. Lo segundo que ocurrió fue el contexto en el que llamó "futuro primer caballero" a Bill Clinton. Estaban en una reunión de la Fundación Clinton. Macri lo tenía al lado a su amigo Matteo Renzi, el jefe del gobierno italiano. Renzi se despachó entonces con un claro discurso a favor de Hillary. Macri lo siguió por un camino más frugal, menos lacónico, pero lo siguió.

Los problemas para la Argentina serían varios, no uno solo si Trump cumpliera con sus promesas de campaña. ¿Las cumplirá? O queda bien con sus votantes y complica al mundo, o queda bien con el mundo y se aleja de sus votantes. No tiene muchas alternativas. Trump tendrá elecciones legislativas dentro de dos años; es probable, por lo tanto, que prefiera a sus votantes. La mayor parte de los norteamericanos que lo votaron son víctimas de la globalización (que los dejó sin empleo o devaluó el valor de su trabajo) y del vertiginoso progreso tecnológico. De hecho, la tecnología destruyó más trabajo que la migración de las empresas. ¿Puede el mundo retroceder con la globalización o frenar en seco los avances tecnológicos? No, definitivamente. Sin embargo, antes de llegar a esa respuesta se pueden explorar muchos caminos inútiles. El regreso al proteccionismo, por ejemplo. (...)".


Beatriz Sarlo compara a Macri con Donald Trump: "Es un gobernante limitado"

 

Martín Tetaz en el diario platense El Día, bastante teórico aunque es interesante considerarlo:

" El periodista Hernan Goñi tituló esta semana que “El Teorema de Baglini ahora será puesto a prueba en la Casa Blanca”. Para los que nunca oyeron hablar del asunto, no se trata de una pieza de algebra ni de una sofisticada demostración matemática; lo que había dicho el ex Senador radical Raul Baglini es que por lo general las declaraciones de los candidatos eran mucho más extremistas, cuanto más alejados estaban del poder y que en la medida que aumentaban sus chances de llegar al gobierno, los políticos sistemáticamente moderaban sus posiciones.

Lo cierto es que desde el shock del martes pasado están todos tratando de anticipar si eso es lo que hará Trump. Los analistas piensan que bajará los impuestos y aumentará fuertemente el gasto público en los Estados Unidos; una combinación que solo cierra absorbiendo dólares del exterior, lo que ineluctablemente implicará menos capitales para el resto del mundo. Al mismo tiempo, si el magnate cumple sus promesas de campaña es muy probable que aumente el proteccionismo y los Estados Unidos se cierren, basando su economía menos en el comercio y más en el empujón de un ambicioso programa de obras públicas, que conociendo la personalidad de Trump, será faraónico.

De lo que se habla menos es de las implicancias en materia de desarrollo si es que, para honrar a sus votantes, el empresario tuerce el rumbo de la historia hacia atrás.

Pensemos que mientras que Hilary Clinton ganó en los distritos que producen y exportan software, innovaciones tecnológicas, inteligencia artificial, industrias culturales, turismo internacional, educación, servicios financieros y legales, Donald se impuso en el golpeado cinturón industrial de la vieja economía que se ha mostrado incapaz de adaptarse a las nuevas formas de creación de valor.

Esta diferencia es importante porque lo novedoso de las tecnologías de la información y de la producción de espectáculos, es que se trata de actividades que no tienen costo marginal. Traducido al castellano; si Estados Unidos recibe una orden de 5.000 tractores nuevos para la India, por ejemplo, pues debe dedicar recursos a fabricarlos, pero si acceden a un mercado de 10.000.000 de personas que quieren bajar la última versión del Microsoft Windows, no precisan hacer el mínimo esfuerzo de producción adicional, sino que les basta con extender la licencia y darles un password.

Bajo este nuevo paradigma económico, la potencia productiva del país más importante del mundo se multiplica con cada mercado al que accede, por lo que un giro hacia el proteccionismo debilita las posibilidades de crecimiento de largo plazo de los norteamericanos y los expone a perder el liderazgo en materia de innovación y desarrollo tecnológico, única fuente de desarrollo posible para un país que ya rebalsa de capital. (...)".


"En privado Trump habla muy bien de Macri"

 

Claudio Chiaruttini en su editorial de Sin Saco y Sin Corbata (Concepto FM): Totalmente de acuerdo, todavía carece de sentido difundir conclusiones:

"(...) No deja de ser curioso que una clase política que está muy mal formada en cuestiones políticas y de funcionamiento del sistema democrático, liberal y republicano y del sistema electoral y político estadounidense; y que además, detesta a los Estados Unidos, se llene la boca hablando de la elección de Donald Trump y de sus consecuencias sobre la Argentina y el Gobierno de Mauricio Macri. Por eso, valgan algunas aclaraciones necesarias, en medio de tanta operación mediática:

1. Nadie sabe cómo será Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos. Que haya sido un mediático y compuesto un personaje para poder participar de la elección, no implica que necesariamente vaya a actuar de la misma forma sentado en el Salón Oval de la Casa Blanca.

2. El sistema político de los Estados Unidos es presidencialista, no hiperpresidencialista como el argentino. Eso implica que la separación de los poderes funciona, que el valor de las instituciones se respeta y que los agentes políticos se ajustan a lo que se espera de ellos. Caso contrario, salen expulsados del poder, tal como ocurrió con Richard Nixon.

3. Donald Trump pudo darse el lujo de ser antisistema en su campaña electoral, pero ahora, como Presidente de los Estados Unidos, es la cabeza del sistema que criticó, es decir, no lo puede destruir ni alterar, dado que corre peligro su propia estabilidad en el poder.

4. A estas horas, no se conoce quién será el titular del Departamento del Tesoro, ni ninguna otra figura del staff económico, por lo cual, hablar de los efectos del “Modelo Trump” sobre la Argentina presupone que un presidente electo va a cumplir con sus promesas de campaña. Y eso no ocurre ni en la Argentina, ni en Europa, ni en los Estados Unidos.

5. Los últimos presidentes electos en los Estados Unidos que tuvieron tan mala prensa antes de asumir fueron Ronald Reagan y George W. Bush. El primero destrozó el sistema comunista. El segundo fue el encargado de terminar de darle forma a la Organización Mundial de Comercio y avanzó en acuerdos de libre comercio, pese al enojo de sus “socios” republicanos.

6. Donald Trump es un personaje difícil de encuadrar y de analizar. Dueño de activos por 4.500 millones de dólares, en su vida ha tenido cerca de 3.000 causas judiciales, 70 de ellas iniciadas en plena campaña electoral. Se lo describe como terco, ególatra, soberbio, iracundo y tramposo. Como sea, le gano a 14 precandidatos a Presidente de los Estados Unidos que eran más serios, más seguros, más calificados y mejor aspectados para el cargo. Tomarlo a la ligera, puede ser un grave error.

Sin duda el escenario que se abre es complejo y con derivaciones que pueden causar sorpresas, pero anunciar que la Argentina no va a conseguir crédito barato, que las exportaciones a los Estados Unidos cesarán, que no vendrán inversiones o alguna que otra catástrofe más sólo se explica por el interés de manipular la realidad externa para “llevar agua para el molino” del que habla, ya sea a favor o en contra de Mauricio Macri. Una muestra típica de la politiquería “estilo argento”.

Desde Jaime Durán Barba tratando de establecer un paralelo entre la estrategia de comunicación que aplica con el Gobierno y la usada en la campaña electoral de Donald Trump o al buscar semejanzas entre Mauricio Macri y el empresario estadounidense; pasando por los agoreros que pronostican la extensión de la recesión y un posible default a mediano plazo; todos creen que los fenómenos sociopolíticos deben ser analizado con la mentalidad de la interna bonaerense. (...)".