CHAMPIONS LEAGUE MADRILEÑO

Con un gol en offside y en penales, el Real le ganó al Atlético

El Real Madrid ya suma 11 entorchados eurpeos. El de 2016, conseguido de la manera más agónica posible. Incluso más que en Lisboa, porque esta vez fueron los penales los que acabaron condenando al Atlético. Los penales y el árbitro Clattenburg, quien le concedió el gol de Sergio Ramos en fuera de juego. De una manera o de otra, tal como indica la historia, el Madrid sobrevive y sigue ampliando su leyenda continental.

El discurso del Atlético se desmonta de golpe cuando el balón empieza a correr. No sabe proponer aunque es eficiente en la destrucción. Nunca deja de creer, tal como reza su lema, el problema es que a veces no se sabe exactamente en qué. Lo único que sabía con certeza el equipo de Simeone era que todos los astros se tendrían que alinear de su lado porque con sólo un pequeño fallo en el místico engranaje rojiblanco, el invento se iba a venir abajo. El árbitro Clattenburg fue el tornillo que no estaba bien apretado.
 
Al Atlético le tembló el pulso en el tramo inicial. Seguía en Lisboa (2 años atrás, cuando perdió ante el Real), atrapado sin encontrar una luz que lo guiara. Ni siquiera a balón parado, su gran arma ofensiva, era capaz de presentar batalla, y el Real Madrid sembraba el pánico en cada acción de falta o córner. El arquero Oblak obró el milagro ante Benzema a los 5', después de que Clattenburg concediera una falta muy peligrosa a los de Zidane tras una caída de Bale. Hasta se puso las gafas y el gorro el galés, aseado en su escorzo.
 
A favor del Atlético estaba que el Real jugó con 10 prácticamente todo el partido pese a que había 11 jugadores en el campo de juego. Se le dice a Cristiano no aparece en los grandes partidos, y para el Madrid, toda final de Champions es lo más grande. CR7 no apareció. Era él quien pedía el cambio a gritos sin hablar, no Benzema, ni mucho menos Kroos, que estaba sacando al Madrid de su modorra en la reanudación del 2do. tiempo con frescura. Hay veces en las que un rey debe ceder el trono, asumir que no está para reinar. Cristiano es orgullo hecho persona, y eso mermó al Madrid durante bastantes minutos.
 
Pero salvó al Madrid que al 2do. intento, el castillo de naipes de Simeone se vino abajo de sopetón. Kroos sacó una falta, Bale peinó el balón y Sergio Ramos, otra vez él, inauguró el marcador. 
 
 
 
 
 
Fuera de juego
 
El sevillano estaba en claro fuera de juego, pero ni el juez de línea ni el árbitro lo quisieron o supieron ver. Con el conjunto blanco, la primera opción siempre pesa un poco más. Ellos tienen 'coronita'.
 
 
Así fue como el Real Madrid logró adelantarse en el marcador en la Final de la Champions gracias a un gol de Sergio Ramos en el minuto 15, en posición ilegal en el momento del remate. La jugada nació de un centro lateral de Kroos que peinó en el 1er. palo Gareth Bale y Ramos remató delante de Oblak con el pie derecho. El portero no acertó a detener el disparo.
 
Sin embargo, el gol debió ser anulado porque en el momento en que Bale peina el balón, Sergio Ramos por detrás de Savic, el central que le marca de cerca. El referí inglés Clattenburg no señaló nada y dio validez al tanto ante las protestas de los jugadores colchoneros.
 
Sigue sigue
 
El escenario era ideal para el Madrid, que dio un paso atrás y se limitó a esperar a su rival. Casi a contemplarlo, porque la obligación de buscar la portería de Navas evidenció todas las carencias de un equipo construido para otro tipo de aventuras. 
 
Koke y Saúl abandonaron las bandas para intentar ayudar en la creación, pero fue Griezmann el que se subió al dragón para intentar domarlo. El francés construía y acababa las jugadas, pero sin demasiada puntería.
 
El caluroso ambiente de San Siro no presagiaba nada bueno para el Atlético, que necesitaba algo más que un milagro para darle la vuelta a la tortilla. 'El Cholo' intentó sacudir a su equipo en el descanso. Sacó a Augusto y metió a Carrasco, en busca de la profundidad que no había tenido en el 1er. tiempo. El belga se erigió en el mejor de su equipo con un despliegue memorable.
 
Lo mejor del Madrid
 
En el Madrid, lo mejor fue Gale. Jugó una primera media hora sobrecogedora, emocionante. Excelente, en una palabra. Hasta un animal sabía que Cristiano Ronaldo no estaba al 100%, tal como no se cansó de repetir Zidane, y cuando Cristiano tiene uno de esos días de bajón, de escueta contribución global, Bale se activa automáticamente. Siempre ofrece al compañero la alternativa más fiable para no perder el balón, ni siquiera con la presencia de un adversario en el cogote. Y nadie salta como él. Nadie. 
 
Pero si el Madrid tenía el balón, era porque lo recuperaban Casemiro y Kroos. 'El Cholo' todavía se lamenta no haber incorporado a Casemiro cuando jugaba en el Castilla. Al Madrid le faltaba una pieza para ser un equipo temible, y esa pieza tenía su nombre.
 
 
El Super Atlético
 
¿Jugó mal el Atleti la final? Jugó de maravilla. Tuvo el balón y lo aprovechó. No es el Barça o el Bayern, no entiende el juego de posición como lo hacen ellos, pero sí tiene herramientas, principalmente  Koke y Griezmann. Son amigos, bromean entre ellos y, también por eso, se conocen en la cancha. Con Torres fijándose entre los centrales, Griezmann disponía de la libertad para bajar, abrirse, cerrarse, hacer lo que le diera la gana, básicamente. Y Koke tiene esa cualidad a veces desaprovechada de filtrar balones como si la defensa contraria fuera un colador. Así encontró el Atlético sus ocasiones de gol.
 
Además, Simeone tenía recursos en el banquillo: alfil (Carrasco) por peón (Augusto). En la primera jugada de la segunda parte Torres cuerpeó con inteligencia en el área y Pepe le derribó. Penal.
 
Oportunidad para Griezmann ante el balón y Keylor comenzó a tratar de ponerle nervioso, hasta el punto de ver la amarilla. El francés eligió pegarle duro y por el centro, pero la pelota se topó con el travesaño. Ocasión desperdiciada. Pudo haber cambiado el partido. 
 
El Atlético jugaba con urgencias, el Real Madrid se atrincheraba al borde de su área. Carrasco se movía por todo el frente, Saúl comenzaba a exhibir sus dotes de llegador, Torres ya aparecía... Y Cristiano nuevamente perdido, tal como ya es habitual en los finales de temporada del portugués. Ni siquiera se hacía cargo del lanzamiento de faltas, algo que siempre ha monopolizado. 
 
Simeone, obligado, proponía un partido de ida y vuelta en la pizarra y el Real Madrid se metía atrás, demasiado, desacostumbrado a las labores menos exuberantes del fútbol. Hasta Bale y Cristiano se replegaban persiguiendo a los laterales contrarios, por eso, cuando recuperaban la pelota, estaban lejos de su zona de influencia. 
 
Con el partido descosido la tuvo Benzema, quien se plantó ante Oblak con la complicidad de un pasivo Savic. El portero fue, una vez más, fundamental. 
 
Luego, Juanfran clavó un centro en el corazón del área chica, y Carrasco remató de primera a la red. 
 
Empate merecido que explica el motivo por el cual el Real no está diseñado para defender y mucho menos en su área. No tiene jugadores, más allá de Casemiro, con capacidades para destruir en su mediocampo. A eso se añadía que Zidane había agotado los cambios dejando a un Cristiano lesionado en el campo. 
 
Igualado el partido, con un equipo agarrado a cada oreja de la Champions, los 2 decidieron no perder el título en los poco más de 10' que restaban. 
 
A la prórroga se llegaba con Simeone con un cambio hecho, el que debía hacer, y disponiendo de 2 reemplazos más para administrar en la prórroga; y con Zidane sin cambios y Cristiano arrastrándose con la sobrecarga. La prórroga señaló al otro hombre del partido: Yannick Ferreira Carrasco, el único que puso talento, pulmones y descaro para encarar en la primera parte de la prórroga. Sin fuerzas y con el partido en el alambre, la final se desplomó. Tanto Bale como Modric, con calambres. Filipe Luis y Koke, rotos y al banco. Penales. El campeón se decidiría desde el punto fatídico. 
 
Y el destino volvió a esquivar al Atlético de Madrid. Lo hizo en forma de penales. Primero con Griezmann durante el partido y en la tanda con un disparo de Juanfran, apresurado y sin carrera, como queriéndose quitar de encima el trámite, al palo. Además, un fiasco Oblak para atajar penales. No acertó ninguno. El Atlético sigue maldito. Es un equipo mayúsculo con un entrenador legendario, pero Cristiano anotó el gol del triunfo e hizo a Zidane campeón de la Liga de Campeones, un técnico con mucho sentido común y carisma para reconducir a un Real Madrid tumultuoso.