LLENAR LA PANZA CON COMIDA CHATARRA NO ES ALIMENTAR

Tiempos modernos: Niños gorditos bien desnutridos

Es falso que un chico al que se lo ve llenito esté bien alimentado, y sin embargo son cada vez más, con la particularidad de que es altamente riesgoso para la salud y expresa la desigualdad social. Las cifras de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FICA) y Unicef son contundentes: por cada 10 adolescentes de nivel socioeconómico alto con sobrepeso, hay 13 de condición humilde. El gobierno levanta la bandera de la lucha contra la pobreza y le envía al parlamento un proyecto de devolución del IVA en los alimentos de una canasta básica que había sido concebida hace 30 años para desnutridos pero no para malnutridos, estos que en los últimos años consumen alimentos grasosos más baratos, pero chatarra, para llenar la panza sin cubrir el mínimo de calcio.

El ícono de la miseria en Asia y Africa de los ’70, representado por el niño extremadamente flaco, puro hueso y de mirada triste hundida, dejó paso en el mundo moderno a la de una pobreza caracterizada por un chico de baja altura y excedido en kilos que parecería indicar lo contrario.

Pero no es ninguna novedad para este siglo XXI, aunque suene raro, que el sobrepeso sea más frecuente en tres de cada 10 niños de nivel socioeconómico más bajo, como advierte una reciente investigación de la Fundación Interamericana del Corazón Argentina (FICA) y Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia o United Nations International Children's Emergency Fund) difundida esta semana, en el marco de una conclusión no menos inquietante: que desde 2012 la prevalencia de exceso de peso en jóvenes de entre 11 y 17 años aumentó 64% y específicamente la de obesidad se duplicó.

Bastante antes que se encarara este trabajo, la periodista Micaela Urdiñez confesaba en su blog llamado “El vaso medio lleno” que le llamaba la atención ver muchos chicos gorditos pidiendo plata en las calles, hasta que Ivana Lavanda, nutricionista de la Asociación Centro Acer, ubicada en el humilde barrio Las Flores en Florida Oeste (Vicente López, provincia de Buenos Aires), le explicó que el sobrepeso no era porque estuvieran por demás alimentados, sino que “les llenan la panza con gaseosas, comida chatarra, alfajores, papas fritas o guisos mal preparados; así dejan de crecer por falta de nutrientes y quedan con baja talla. Entonces el chico no crece sino que engorda”.

A partir de entonces, Urdiñez propone que, para que esta problemática no siga en aumento comprometiendo el futuro de millones de niños, se les brinde a las madres las herramientas de educación necesarias para que alimenten bien a los chicos. Y aporta como referencias a tal efecto instituciones como la Cooperadora para la Nutrición Infantil (Conin) que ya cuenta con 16 centros repartidos en las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Chaco, Santa Fe, Corrientes, Misiones y Córdoba. Además, con Nutrired, que nuclea a más de 200 organizaciones que luchan contra la desnutrición, se puede ubicar a la organización más cercana a cada domicilio y colaboración para lo que sea.

El presidente Mauricio Macri, para quien la pobreza cero fue uno de los lemas de campaña, quizá también haya confundido gordura con hinchazón, tal como ocurría en las pasadas generaciones con las madres que atoraban a los chicos de comida para que, al estar bien llenitos, crecieran y estuvieran más fuertes.

Hasta el ex presidente Raúl Alfonsín no distinguió gordura de opulencia, cuando descalificó enojado a un manifestante visiblemente excedido en kilos que lo increpaba en un acto en el interior del país, con un “a vos no te va tal mal, gordito”.

Pasan los años y los políticos no terminan de registrar que en la pobreza, “comer mal” es el principal problema, mucho más que “comer poco o no comer”, y así en los ‘80 se conformó la primera canasta básica alimentaria, pensando que el principal problema era la desnutrición.

La malnutrición es la que se manifestada en altas tasas de obesidad, diabetes y deficiencias de nutrientes (falta de vitaminas y minerales, y en el proyecto de ley que envío el Poder Ejecutivo al Congreso para devolver el IVA de la Canasta Básica Alimentaria (CBA) no se tuvo en cuenta que el valor nutricional de los alimentos que la integran, que “no llegan a cubrir el mínimo de consumo de calcio”, como advierte a los legisladores el nutricionista Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación y profesor asociado de la Escuela de Nutrición (UBA).

Les aconseja que más que discutir sobre cuestiones de dinero exclusivamente, deberían tomar conciencia de que si la dieta estuviera basada en esa canasta “dos tercios de la población tendrían déficit de calcio y una cuarta parte de los niños no alcanzaría el consumo recomendado de lácteos, verduras y frutas”.

“El consumo simultáneo de los alimentos más saludables -lácteos, verduras, frutas y pasta o cereales de buena calidad- se encuentra significativamente subrepresentado en la canasta básica de alimentos”, dijo.

La pauta de una Canasta Básica lo único que hará será mantener y aún aumentar el problema nutricional más extendido en la actualidad: 36% de los chicos en edad escolar y 58% de los adultos padecen sobrepeso y 25% de los menores de 17 años se encuentra el alto riesgo de padecer deficiencias de micronutrientes.

De todos modos, aclaró el nutricionista que “la devolución o disminución del IVA a los beneficiarios de planes sociales y jubilados puede ser una oportunidad histórica para, por primera vez en años, apostar a una mejora genuina de la nutrición”.

Deberían enterarse de todo esto los legisladores antes de tratar el tema de la canasta: que la alimentación de los más vulnerables no funciona con la lógica de sus dietas, que cuanto más las engordan de mejor calidad de vida gozan.

Siguiendo con esa línea, Fernando Zingman, especialista en salud de Unicef, explica que la elección de los alimentos depende, en buena medida, del presupuesto familiar que muchas veces, excluye los productos más sanos porque son los más caros.

O sea que “los diversos condicionantes que determinan la obesidad están asociados a la poca accesibilidad que tienen los sectores populares a los alimentos de calidad, con mayor contenido de fibras, menor densidad calórica y menor contenido de sal y azúcares refinados”, destacó.

También sería útil que evaluaran los contundentes resultados del estudio de la FICA y Unicef que evaluó las brechas sociales del sobrepeso y obesidad, hecho sobre la completa base de datos de la Encuesta Mundial de Salud Escolar 2012, que incluyó a 23.368 adolescentes del mismo rango etario: por cada 10 adolescentes NSE alto con sobrepeso, hay 13 de NSE bajo.

Encima, en la investigación de FICA y Unicef “Las Brechas Sociales en la Epidemia de la Obesidad en Niños, Niñas y Adolescentes de Argentina: Diagnóstico de Situación”, se asocia en un 25% más de probabilidades que adolescentes con sobrepeso estén propensos al tabaquismo.

“El principal aporte de la investigación es que corrobora que la obesidad y el sobrepeso en la Argentina son un problema con un mayor riesgo asociado a la pobreza, como también muestran estudios realizados en otros países, y desmitifica la idea de que la obesidad está asociada principalmente a los sectores de mayores ingresos”, afirmó Lorena Allemandi, directora del área de políticas de alimentación saludable de FIC Argentina.

“Además de traer aparejadas graves consecuencias para la salud física, el sobrepeso y la obesidad están asociados a problemas psicosociales e implican una barrera para el desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes. Es por eso que la problemática se debe abordar a una edad temprana con políticas públicas diseñadas con una perspectiva integral con especial énfasis en la reducción de las brechas de inequidad social y la protección del derecho a la salud de los grupos más vulnerables”, agregó.

Recuerda Fernando Zingman, especialista en salud de Unicef, que entre las recomendaciones para prevenir la obesidad infanto-juvenil y garantizar el derecho a la salud de los niños, niñas y adolescentes se encuentra

> la promoción de políticas para mejorar el entorno escolar obesogénico;

> políticas económicas tendientes a reducir el consumo de alimentos altos en azúcares, grasas y sal; e

> incentivar el consumo y facilitar el acceso a alimentos saludables, como frutas y verduras; y

> medidas para restringir la publicidad de alimentos no saludables  dirigida a niños.

Todas estas políticas están incluidas en el “Plan de acción para la prevención de la obesidad en la niñez y adolescencia” que fue aprobado en octubre de 2014 en el marco de la 66ª sesión del Comité Regional de la Organización Mundial de la Salud para las Américas, así como también fueron destacadas en el reciente reporte de la Organización Mundial de la Salud publicado por la Comisión ECHO (Endining Childhood Obesity) en enero de 2016.

A los fabricantes y comerciantes de indumentaria también les queda bien ese sayo de las proporciones alcanzadas por la obesidad. Al concentrar las modas en los sintéticos talles que reflejan los símbolos del éxito que se impuso a través de las celebridades y en una escala siguiente estandarizar al resto, dejaron afuera, como especiales, a los que las investigaciones dan como un porcentaje más que representativo de la sociedad.

La ropa para obesos es mucho más cara por no entrar en escala para las confecciones, cuando el mercado, lamentablemente por las consecuencias que trae en la salud, lo demandaría. Al no haber líneas de producción para obesos pudientes, tampoco se crea un mercado secundario o de donaciones para los más pobres. Ni siquiera en La Salada hay una oferta variada acorde para los excedidos en kilos.

En Sudáfrica, donde la desigualdad social afecta a la mitad de los niños, que viven en el umbral de la pobreza a pesar de pertenecer al país más rico del continente, se constituyó un ejemplo de innovación emergente para colaborar con causas sociales, The Street Store, que ofrece a las personas más desfavorecidas una tienda en la calle donde poder escoger la propia ropa.

A diferencia de los manteros en nuestro país, cada una de las tiendas está provista con ropa donada y todos sus productos son totalmente gratuitos para los pobres. Además, los voluntarios que trabajan en la tienda están también disponibles para dar a los clientes consejos de moda y aconsejarles sobre que ropa les sienta mejor.

En la apertura de la primera tienda, en Ciudad del Cabo, cerca de 1.000 personas se acercaron a ella y se fueron con una alguna prenda nueva. Para algunos, fue la primera vez en mucho tiempo que habían podido elegir ellos mismos su ropa.

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