CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Se sabe que el kirchnerismo se ha caracterizado, entre otras cosas, por reacomodar la historia según su conveniencia. Y para la construcción de ese relato no tiene empacho en, incluso, desconocer su propio pasado y hasta a quienes han transitado por su propia vereda.
HAY COSAS QUE NO SE OLVIDAN
Malo para Cristina: La amnesia selectiva K no puede extenderse al resto
Se acerca el fin del cristinismo en el poder, pero eso no modifica su costumbre de permanente reescritura de los sucesos recientes. Y para la construcción de ese relato no tiene empacho en desconocer su propio pasado y hasta a quienes han transitado por su propia vereda.
El ejemplo más claro se ubica en la década del 90, cuando Néstor Kirchner llenaba de elogios ante las cámaras de televisión a Carlos Menem. Pero después de 2003 se supone que el santacruceño fue un tenaz luchador contra las políticas "neoliberales" que se aplicaron durante el gobierno del riojano.
Se acerca el fin del cristinismo en el poder. Pero eso no modifica esta costumbre de permanente reescritura de los sucesos recientes.
Veamos. Horas después de que se confirmara que el Gobierno Nacional llegó a un acuerdo con el Club de París para el pago de la deuda en default, el ministerio de Economía apareció empapelado con afiches que apuntaron a figuras de la oposición que habrían insinuado un fracaso de las negociaciones.
Entre los escrachados se pudo hallar al periodista Jorge Lanata, el senador radical Ernesto Sanz y el economista José Luis Espert.
Los afiches pertenecían a una serie titulada "Acuerdo con el Club de París-La cadena del odio y el desánimo", que no llevaba firma, pero que utilizaba la reconocible frase cuya autoría se le debe a la presidente Cristina Fernández.
Además, fue reproducida con lujo de detalles en el perfil de Facebook del senador del Frente para la Victoria Aníbal Fernández.
Lo curioso de la serie es la caracterización de algunas de las figuras que aparecen allí. La más llamativa puede resultar la de Roberto Lavagna, a quien se lo señala simplemente como "político". Claro, para atacarlo, la militancia K tuvo que pasar por alto que se trató del ministro de Economía al que Néstor Kirchner le debe mucho, ya que fue artífice del 1er canje de deuda que está por ponerse a prueba en la Corte Suprema de USA. Eso sin mencionar que fue el ministro de la salida de la crisis, incluso en tiempos de Eduardo Duhalde en la Presidencia.
La misma suerte corrió Guillermo Nielsen, la otra pata de las negociaciones con los holdouts en aquel 1er canje. Nielsen fue secretario de Finanzas de Kirchner durante la era Lavagna. Pero el afiche repartido en Economía lo reduce a una participación en la empresa Strategic Investment S.A.
Ni hablar de Martín Lousteau. Señalado como integrante del armado opositor UNEN, los K prefieren olvidar que se trató de uno de lo niños mimados de Cristina Fernández. Una suerte de Axel Kicillof modelo 2007, cuando lo puso al frente del Palacio de Hacienda, pero que salió eyectado meses después en medio de la crisis con el campo y de su pelea intestina con Guillermo Moreno.
Este formato de amnesia selectiva del cristinismo respecto a su propia historia (y de los que la integraron) tuvo su capítulo más reciente este lunes con la difusión de un cable de la agencia Télam. El mismo informa que el exministro Gustavo Béliz continuará siendo objeto de investigación por una vieja causa de sobresueldos.
Resulta que la Cámara Federal porteña confirmó un rechazo a un planteo de prescripción del caso.
En su título, la agencia oficial de noticias lo señala como "el exministro del Interior del menemismo". Cuando en realidad, el último cargo que ostentó Béliz fue el de ministro de Justicia del kirchnerismo. Béliz fue el encargado del diseño del 'Plan Estratégico de Justicia y Seguridad 2004-2007' que nunca llegó a arrojar resultados.
Béliz fue expulsado del Gabinete de Kirchner (fue la 1ra baja) después de sus denuncias sobre la existencia de lo que describió como "sectores mafiosos en la Policía, en los servicios de Inteligencia y en el Poder Judicial, con probables vinculaciones políticas".
Así como Lavagna, Lousteau o Nielsen, Béliz se convirtió en un mal recuerdo para el Gobierno. Y por eso quiso removerlo de su memoria. El problema es que esta amnesia selectiva no puede ser extendida al resto de la sociedad.








