FRANCISCO EN MEDIO ORIENTE

Ahora, pasar de la paz del discurso a la paz de la acción

El Papa cumplió su agenda en Medio Oriente y ahora queda el desafío de convertir en acción lo que él intentó instalar: la necesidad de una convivencia pacífica entre judíos, musulmanes y cristianos, todos hijos de Dios y de Abraham.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Final de la breve e intensa estadía del papa Francisco en Jordania, Palestina e Israel: Amán, Belén y Jerusalén. Viene una agenda posterior que es la invitación a orar en el Vaticano a judíos y musulmanes en una jornada por la paz que sería el 06/06. El regreso de Francisco a Europa será luego de comicios muy complicados por el ascenso de la extrema derecha en varios países, señal de disconformidad, euroescepticismo y también xenofobia.
 
Los poderes políticos se encuentran cuestionados por muchos electores, y eso le permitirá al Papa la oportunidad de insistir en una continuidad de su trabajo en Medio Oriente: el diálogo, la búsqueda de coincidencias y la paz.
 
Aquí 3 lecturas desde Jerusalén:
 
 
"A trabajar por la paz, a cuidar el medio ambiente y a combatir toda clase de discriminación, especialmente el antisemitismo. Un llamado concreto del Papa lanzado hoy a los grandes rabinos de Israel, durante su visita al Centro Heichal Shlomo, a unos pasos de la Gran Sinagoga de Jerusalén.
 
“Juntos podremos dar un gran impulso a la causa de la paz; juntos podremos dar testimonio, en un mundo en rápida transformación, del significado perenne del plan divino de la creación; juntos podremos afrontar con firmeza toda forma de antisemitismo y cualquier otra forma de discriminación. El Señor nos ayude a avanzar con confianza y fortaleza de ánimo en sus caminos.”, dijo Francisco.
 
En su discurso, pronunciado en italiano, el pontífice recordó que desde sus tiempos como arzobispo de Buenos Aires pudo contar con la amistas de “muchos hermanos judíos”. Afirmó que juntos pudieron organizar provechosas iniciativas de encuentro y diálogo, y con ellos viví también momentos significativos de intercambio en el plano espiritual. “Aquí se encuentran dos rabinos amigos míos”, añadió. (...)".
 
 
 
"(...) El Presidente israelí (N. de la R.: Shimon Peres) tomó la palabra primero (...): “Creo que su visita y su llamado por la paz tendrá un eco en la región y contribuirá a revitalizar los esfuerzos por completar el proceso de paz entre nosotros y los palestinos, basado sobre dos Estados que viven en paz. Un Estado hebreo, Israel. Y un Estado árabe palestino. Mi querido amigo, yo fui joven y ahora soy viejo. He aprendido que los sueños no tienen edad y recomiendo a todos actuar según estos sueños”, apuntó.
 
Luego tomó la palabra el Papa, quien se refirió a los lugares santos. “No son museos o monumentos para turistas, sino lugares donde las comunidades de creyentes viven su fe, su cultura, sus obras de caridad”, aclaró. Aseguró que, por eso, deben ser siempre salvaguardados en su sacralidad, protegiendo así no sólo el legado del pasado, sino también a las personas que los visitan hoy y que los visitarán en el futuro.
 
(...) Instó a los judíos a proseguir en el empeño por una solución pacífica de las controversias y los conflictos. Además renovó su deseo porque se eviten, por parte de todos, las iniciativas y los actos que contradicen la declarada voluntad de alcanzar un verdadero acuerdo y de que no nos cansemos de perseguir la paz con determinación y coherencia.
 
El Papa defendió también a las comunidades cristianas que viven y actúan en el Estado de Israel; ellas –precisó- son parte integrante de la sociedad y participan como los demás en la vida civil, política y cultural.
 
(...) Casi al final de su discurso introdujo una breve improvisación. Al Presidente le indicó: “Usted sabe que yo rezo por usted, y se que usted reza por mí”. Y entonces le aseguró que cuenta con su “constante  súplica a Dios” por la consecución de la paz y con ella de los bienes inestimables que la acompañan, como la seguridad, la tranquilidad de vida, la prosperidad, la fraternidad, la más bella.
 
“Dirijo finalmente mi pensamiento a todos aquellos que sufren las consecuencias de las crisis aún abiertas en la región medio-oriental, para que lo antes posible sean aliviadas sus penas mediante la honrosa resolución de los conflictos. Paz a Israel y a todo Oriente Medio”, ponderó."
 
 
 
"(...) El Papa llegó al Kotel –el nombre religioso del Muro en hebreo-, procedente de la Explanada de las Mezquitas, donde había mantenido un encuentro con el Gran Muftí de Jerusalén y pronunciado un discurso ante el Consejo Supremo Musulmán. Sus últimas palabras habían sido rotundas: «¡Que nadie instrumentalice para la violencia el nombre de Dios!».
 
La peregrinación al Muro Occidental, donde le estaban esperando sus compatriotas Abrahán Skorka y Omar Abboud, que forman parte del sequito papal, comenzó con una explicación arqueológica de las vicisitudes de la Montaña del Templo a lo largo de la historia. De vez en cuando, una racha de viento hacia volar la esclavina blanca, ocultando el rostro del Santo Padre que miraba con atención la maqueta.
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Terminada la presentación, el Papa escuchó muy concentrado el discurso-plegaria de un rabino. Mantenía la cabeza baja, pero alzaba la mirada de vez en cuando para contemplar el Muro, despejado de todo visitante: era para ellos dos en una plegaria común a «Adonai», «Elohim», el Dios único de los múltiples nombres.
 
Al llegar su turno, el Papa no tomó la palabra sino que se acercó al Muro, apoyo en él su mano derecha y permaneció en silencio. Después rezó dos oraciones y, siguiendo la costumbre judía, depositó cuidadosamente los textos en un resquicio de los gigantescos sillares de piedra.
 
(...) El Rabino Skorka reveló después que las oraciones del Papa eran el Padre Nuestro en castellano y el Salmo 122, la oración por la paz en Jerusalén. Aunque el Padre Nuestro sea una plegaria cristiana, esa petición de perdón al Padre común y la promesa de concederlo a quienes nos ofenden resultaba muy adecuada en el Lugar Santo de los judíos, donde también rezaron Juan Pablo II en el año 2000 y Benedicto XVI en 2009.
 
Cuando recibió el abrazo de sus dos amigos, el Papa estaba radiante, igual que el rabino y el líder musulmán. Habían cumplido un sueño y dado un gran ejemplo al mundo.
 
(...) Los tres hombres se fundieron en un abrazo y un comentario: «¡Lo logramos!».
 
El viejo sueño alimentado por la amistad de los tres en Buenos Aires se hizo realidad ante el mundo entero, ofreciendo la mejor fórmula para superar la pesadilla de los enfrentamientos religiosos: respeto y afecto entre personas de buena voluntad. (...)".