EJEMPLO

Mandela, el líder estratégico que deja una marca global

Paul J. H. Schoemaker es director de investigaciones del Instituto Mack de Gestión de Innovación [Mack Institute for Innovation Management], en un reciente trabajo destacó la calidad de Nelson Mandela como líder estratégico de la política. A través de los años, su lucha política es un ejemplo a seguir en valores, no violencia y respeto.Algunos puntos a repasar, para conocer la calidad de líder del referente africano.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24).-El director de investigaciones del Instituto Mack de Gestión de Innovación [Mack Institute for Innovation Management], presidente ejecutivo de Decision Strategies International y autor de numerosos libros y artículos, Paul J. H. Schoemaker visitó recientemente Sudáfrica donde disertó frente a líderes políticos y empresariales acerca del legado de Nelson Mandela.

Schoemaker resaltó tres decisiones que ilustran el tipo de liderazgo de Mandela y analiza los primeros eventos políticos que influyeron en la carrera del líder sudafricano.

 Mandela se convirtió en el tipo de líder estratégico que dentro de prisiones como Robben Island y otras, ayudó a introducir la democracia genuina en Sudáfrica. Aislado a la fuerza de sus compañeros de prisión, aún así él dirigió reuniones secretas del Gobierno cuyo propósito era abolir el apartheid y permitir elecciones libres. Después de eso, se convirtió en el primer presidente negro elegido de forma democrática.

Schoemaker destaca tres decisiones en la evolución de Mandela como líder estratégico. Estas tres se dieron a lo largo de su vida y carrera política, en la cual el la plasmó de valores y convicciones.

La historia política de Mandela

Mandela nació en 1918. Su padre era un alto consejero de una familia tribal de reyes (los Thembu) y ayudó a elegir al nuevo jefe de la tribu que, más tarde, después de la muerte del padre de Mandela, acogería al joven en su familia. Esa trayectoria de vida llevó a Mandela —que fue educado en una pequeña aldea aislada— al centro del poder tribal en la adolescencia, lo que, por su parte, despertó su interés por la educación y la política.

Él estudió derecho en la University of the Witwatersrand y desde el principio participó de la política anticolonialista. Fue miembro fundador de Youth League dentro del Congreso Nacional Africano (ANC), el principal partido negro de Sudáfrica que fue, posteriormente, declarado ilegal y proscrito por el Gobierno. El partido que gobernaba el país, el Partido Nacional (NP), empezó a poner en práctica una estrategia severa de segregación racial, conocida más tarde como apartheid, en 1948.

Mandela adquirió protagonismo en el ANC gracias a sus visiones políticas liberales y a sus actividades de oposición, sobre todo en la Campaña de la Resistencia de 1952. Al principio, Mandela adoptó una política de no violencia. Al final, sin embargo, debido a las medidas duras del Gobierno contra la oposición no violenta, Mandela se vio cada vez más atraído por diversas formas de sabotaje dirigido, acciones que tuvieron como resultado numerosas detenciones. En 1961, fue uno de los fundadores de un ala militante asociada con el Partido Comunista de Sudáfrica, lo que acabó, por último, llevándole a prisión por traición. Mandela se libró de la sentencia de muerte, pero fue condenado a cadena perpetua. Él pasó 27 años preso. En 1994, salió elegido presidente del país.

En prisión, se destacó por su comportamiento de principios elevados, respetuoso, digno y dispuesto a sacrificar su vida por sus creencias. Muchos de los que estuvieron presos con él también tuvieron una actitud heroica. La mayoría estaba bien preparada, y compartían entre ellos lo que sabían de sus respectivos campos de conocimiento mientras trabajaban en una cantera. La vida en la prisión era terrible, la comida era pésima, el cuarto no tenía calefacción en invierno y había largos periodos de soledad. Mandela enfermaba de forma intermitente y contrajo infecciones terribles en el pulmón, inclusive tuberculosis, debido a los años que pasó en celdas húmedas.

A pesar de vivir en esas condiciones, escribió una autobiografía de enorme influencia, "Larga caminata hasta la libertad", en que narra en detalle su vida con la profunda injusticia social y la dura opresión impuesta por el Estado como telón de fondo. Ese libro clandestino salió de la prisión en partes y se imprimió en el exterior una vez acabado. Se convirtió en un éxito de ventas mundial. Una campaña internacional de libertad capitaneada por el ANC y liderada por el líder exiliado, Oliver Tambo, convirtió a Mandela en el icono de la oposición al apartheid, además de portavoz elocuente de una nueva Sudáfrica democrática.

En un escenario complejo, tres decisiones estratégicas de Mandela —entre muchas otras— destacan desde el punto de vista del liderazgo.

La primera de ellas ocurrió cuando el Gobierno ofreció a Mandela la libertad condicional. En un discurso de 1985 a la nación, el presidente Botha propuso a Mandela la libertad si él renunciaba a la violencia y a otras actividades ilegales. El presidente buscaba transferir la culpa de la reclusión a Mandela. A fin de cuentas, él podía salir de prisión si quería, con tal de que no infringiera la ley. Mandela se resistió a esa estratagema. Sí, él ansiaba la libertad después de décadas de trabajos forzados y de confinamiento en una celda pequeña. Pero creyó que eso sería una traición a sus principios, a su liderazgo y a la larga lucha del ANC. Mandela respondió, en parte, de la siguiente manera a la oferta hipócrita del presidente Botha:

¿Qué libertad están ofreciéndome, si el pueblo no puede organizarse? [...] ¿Qué libertad están ofreciéndome si tengo que pedir permiso para vivir en una área urbana? [...] Sólo los hombres libres pueden negociar. Los prisioneros no llegan a acuerdos.

Mandela rechazó la oferta del presidente y prefirió quedarse en la celda fría y sombría de la prisión, cerca de 2,4 m por 2,4 m. Él estaba preparado para pasar el resto de su vida allí. Esa decisión fundamental fue estratégica, ya que dio enorme visibilidad a su posición de "rostro" del ANC, además de llamar la atención sobre el enorme sacrificio personal a que se sometía. Reveló también la percepción aguda de Mandela de que el cambio político vendría en breve, aunque él estuviera aislado de los medios informativos y no tuviera casi información sobre lo que pasaba en el país. La intuición de Mandela se confirmó: después de una década, ese hombre de principios elevados fue liberado incondicionalmente y fue nombrado presidente del ANC y, después, del país.

La segunda decisión estratégica ocurrió poco después de que Mandela fuera un hombre libre, pero antes de ser elegido presidente en 1994. El desencadenante fue el asesinato, en 1994, de Chris Hani, líder negro popular y muy conocido que luchaba por la igualdad de derechos. Hani fue disparado a sangre fría por un inmigrante de extrema derecha cuando salía del coche. El asesino fue identificado por una mujer blanca que lo entregó. Esa muerte selectiva fue la llama que desencadenó un incendio, lo que tuvo como resultado manifestaciones generalizadas contra el Gobierno racista de los blancos. Muchos negros querían venganza, el clima era propicio a los saqueos, a la violencia y a la agresión. Recién salido de prisión, Mandela se enfrentó a la situación y pidió tranquilidad:

Su tercera decisión estratégica ocurrió en un discurso de 1994 después de su elección para la presidencia de Sudáfrica, habiendo presidido el país por un mandato, aunque la constitución previera un segundo. Su decisión de no presentarse a un segundo mandato fue un gesto notable en un país y continente en que los líderes buscan el poder máximo (ejemplo: Mugabe, presidente del Zimbabue). Mandela sabía que cerca de mil millones de personas verían su discurso por la televisión en todo el mundo. Su intención era enviar una señal clara de que quería representar a toda la población de su país independientemente del color de la piel.

Mandela sabía perfectamente que Sudáfrica podría fácilmente caer en la guerra civil debido a los muchos crímenes, injusticias y heridas profundas provocadas por el apartheid. Él sabía también que una guerra total tendría como resultado, a lo sumo, una falsa victoria. Además, buena parte del conocimiento necesario para la gestión de las instituciones empresariales, jurídicas, sociales y educativas estaba en manos de la minoría blanca. Viendo lo que había sucedido en Zimbabue bajo el liderazgo corrupto de Robert Mugabe, los blancos temían por su futuro, y muchos salieron del país (una fuga de cerebros que se conoció como white flight, o fuga de blancos). El objetivo de Mandela era elevarse por encima de las injusticias del pasado, hacer un llamamiento a la verdad y la reconciliación del arzobispo Tutu y unir el país en torno a un futuro compartido y democrático.

El secreto del liderazgo de Mandela fue animar a la armonía racial, perdonar sin olvidar, compartir el poder y priorizar por encima de todo el futuro, y no el pasado. Como maestro de las actitudes simbólicas, Mandela dio fuerza a esa estrategia usando la magnanimidad con sus antiguos enemigos. Por ejemplo, en 1995, visitó la viuda del hombre que fuera el mentor del régimen del apartheid y que lo había mandado a prisión (el primer ministro Hendrik Verwoerd). No escondió su felicidad cuando Springboks, equipo nacional de rugby, conquistó el campeonato mundial, aunque el equipo hubiera sido símbolo del racismo y del poder afrikáner durante décadas. Él usó con mucho orgullo la camisa del equipo durante el campeonato, gesticuló en apoyo del equipo y envió al mundo toda una señal de que apoyaba, de hecho, una nación de todos los colores. Ese tipo de liderazgo es muy valioso y difícil de encontrar.

Lo que Mandela ofrece a los aspirantes a un liderazgo estratégico es un ejemplo vivo de cómo las fuerzas complejas de la sociedad, sus valores innegociables y los momentos claves de decisión pueden entrelazarse a lo largo del tiempo y en los dominios político, jurídico y económico en una visión convincente que puede transformar un partido político, una nación e incluso el mundo.

 El liderazgo estratégico no tiene que ver sólo con la ejecución de una estrategia inicial que forme seguidores, sino, principalmente, a la adaptación de esa estrategia cuando sea necesario para preservar el apoyo de todos. Pocos líderes políticos hoy dominan eso tan bien como Nelson Mandela, que es también conocido cariñosamente por su nombre tribal: Madiba.

Los puntos que a Mandela lo transformaron en un líder transformacional.

• Compromiso invariable con una visión de largo plazo de justicia y de esperanza.

• Oposición a la escalada de violencia y solamente pago con la misma moneda cuando no haya otras opciones.

• Comportamiento digno respecto a los que lo engañaron, inclusive con sus carceleros.

• Análisis de las posibles consecuencias futuras de las decisiones tomadas con urgencia, sin embargo siendo firme en sus principios.

• Actuar solo siempre que sea necesario, pero sin traicionar a los amigos y el partido.

• Articulación de argumentos complejos que, por último, convencieron a sus adversarios.

• Sensibilidad respecto a los dilemas de los adversarios, cediendo un poco según sea necesario.

• Entender el poder de los símbolos y los gestos públicos de bondad genuina.

• Capacidad de perdonar para liberarse de los sentimientos de venganza y de victimización.

• Trabajar decisiones importantes a lo largo del tiempo produciendo una trama de igualdad y libertad.