EXPECTATIVAS, ANÁLISIS Y OPINIONES

Cristina visita al Papa: Un encuentro temido en Casa Rosada

Horas antes de la visita de Cristina Fernández de Kirchner al papa Francisco/Jorge Bergoglio, es inevitable que el tema -por muchos motivos- tenga un espacio destacado en todos los análisis políticos locales, aún cuando, probablemente, el obispo de Roma ya tenga una agenda muy diferente a cuando él era arzobispo de Buenos Aires o cuando fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). "El Señor no se cansa nunca de perdonar, nunca. Somos nosotros los que nos cansamos de querer ser perdonados", dijo el papa Francisco durante el rezo del Ángelus.
 
Domingo 17/03 en la Plaza de San Pedro. El papa de los católicos, Francisco, salió a la ventana para rezar su primer Ángelus con 4 folios en sus manos. Cuando terminó de leer el 2do. párrafo, los dejó de lado y se puso a hablar de “la paciencia de Dios con cada uno de nosotros”.
 
Él comentó que en los días pasados “he leído un libro del cardenal Walter Kasper, un teólogo muy bueno, sobre la misericordia. No crean que hago publicidad de uno de mis cardenales, pero es que me ha hecho muchísimo bien…”.
 
Francisco, en un italiano todavía un poco incierto, habló de la importancia de ser misericordioso con los demás y de acudir a Dios para pedir perdón. Recordó también a sus padres, nacidos en Italia. Él tenía varios folios, quizá con saludos finales en otros idiomas, tal como suele ser habitual, pero no los leyó. Quizá la emoción le pudo. No es fácil hablar por 1ra. vez a una plaza con más de 100.000 personas entusiastas.
 
Él relató una conversación mantenida en Ciudad de Buenos Aires, en 1992, durante la visita de la imagen de la Virgen de Fátima, con una anciana que deseaba confesarse y que le insistió en que “el Señor lo perdona todo, si no el mundo no existiría”. 
 
Él le respondió admirado: “Señora, ¡usted ha estudiado en la Universidad Gregoriana!”
 
Rezo el Ángelus. Dio la bendición y se despidió con una expresión popular: “Buen domingo, y buen almuerzo”.
 
Muy lejos, en la Argentina que él tanto conoce, Francisco/Jorge Bergoglio fue un tema que abordaron todos los columnistas políticos dominicales. Faltan horas para que él reciba a Cristina Fernández de Kirchner, a quien 14 veces le pidió visitarla y ella no le respondió.
 
 
1. Adentro de la Casa Rosada
 
 
"La misma Cristina Fernández, que en medio de un arranque de furia ordenó armar "una carpeta" contra Jorge Bergoglio apenas su vocero le avisó tímidamente en la tarde del miércoles que era el nuevo Papa, fue la que 24 horas después llamó a Carlos Zannini para que hiciera callar en el acto a los que ya inundaban Twitter y los programas matinales de radios con acusaciones, chicanas y deplorables groserías contra el nuevo representante de Dios en la Tierra.
 
La Presidenta, en medio de sentimientos encontrados hacia el hombre al que siempre consideró uno de sus peores enemigos políticos, sino el más enconado, viró en redondo cuando su entorno la convenció de que embestir contra el Papa le daría "mala prensa", según se lo describió textualmente el secretario de Inteligencia, Héctor Icazuriaga, en esa tarde negra para ella y el grueso del gobierno. Así, el vicepresidente Amado Boudou recibió una orden expresa de Zannini de evitar sumarse a los exabruptos que su pareja, Agustina Kampfer, o el impresentable Luis D'Elía, le dedicaban por esas horas al flamante Sumo Pontífice a través de las redes sociales.
 
Igual, por esas horas y las que le siguieron mientras el mundo empezaba a asombrarse por los primeros pasos de un Papa lleno de gestos de humildad y desprendimiento, no se entendió sino por aquel costado plagado de rencor el enojoso silencio de la Cancillería. Que fue a tono, vale señalar, con aquella paupérrima demostración de "afecto" que despertó en la Presidenta la entronización de Francisco. 
 
3 palabras en Twitter, un comunicado formal que no es distinto del que se escribiría para saludar la asunción del presidente de una ONG barrial, y apenas la felicitación "al primer Papa latinoamericano" durante un acto en Tecnópolis. Ni una línea de Héctor Timerman, que es ministro de Relaciones Exteriores y Culto, ni del secretario de Culto, Guillermo Olivieri, ni de la Dirección de Culto del Palacio San Martín, que suele redactar esas salutaciones aunque más no sea porque las ordena el Protocolo y Ceremonial.
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En suma, Cristina tardó 24 horas en reconocer que Bergoglio será desde ahora el jefe de mil doscientos millones de católicos en todo el mundo, y no el candidato de la oposición para las estratégicas elecciones de octubre, en las que ella se juega las pocas esperanzas que le quedan para intentar pasar a la eternidad. Una eternidad que tendrá, en cambio, en el ejercicio de su Pontificado, y por allí habría que buscar la razón del fortísimo encono presidencial, el sacerdote autor de sus peores desvelos.
 
La Presidenta tendrá ahora que escuchar a Bergoglio, le guste o no. Será el martes 19/03, en la misa de coronación en la Plaza de San Pedro, donde el protocolo le concederá un lugar preferencial. Y mañana 18/03, en la audiencia privada que el Papa le concedió en la Iglesia de Santa Lucia. Justo Cristina, que dejó de ir a los Tedeum de la Catedral para no escuchar la palabra filosa del entonces cardenal. Es muy pesado. Tanto, que hubo consultas entre funcionarios de Ceremonial de la Casa Rosada y el Palacio San Martín, y de estos con la Nunciatura Apostólica local y con el protocolo de la Santa Sede, para saber si Cristina está obligada a inclinarse ante el Papa y besar el anillo del Pescador. O si puede obviar ese trámite.
 
Asimismo, esas consultas por vía reservada a la Santa Sede habrían alcanzado a la necesidad de develar otro entuerto de Cristina, que fue enterarse de que Brasilia anunciaba oficialmente que Francisco recibirá en audiencia especial a Dilma Roussef, seguramente porque Río de Janeiro será la primera ciudad que visitará el Papa en julio, cuando tenga que asistir a un encuentro mundial de juventudes que debió inaugurar el renunciante Benedicto XVI. Se sostiene en inmejorables fuentes del gobierno que la relación con Dilma ha entrado en un pozo y que los peores momentos están por venir. Por eso se agiganta la importancia de la cumbre que ambas mantendrían a fines de abril en El Calafate. Y tal vez por la misma razón, los misterios del protocolo vaticano suelen ser insondables, fue que ayer se anunció que también el Papa se hará un hueco para recibir a Cristina. (...)".
 
 
2. Inevitable impacto en el humor de la sociedad argentina, que no debería desaprovecharse en un año de estanflación.
 
Martin Tetaz,  economista, profesor de la UNLP y la UNNoBA, investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL), le concedió un muy original enfoque al inicio del pontificado del 1er. Papa argentino:
 
"Todavía recuerdo el corazón saliéndoseme del pecho, los gritos de mi viejo, el televisor blanco y negro, el estadio repleto con más de cien mil mexicanos y Romualdo Arpi Filho pitando y señalando el centro de la cancha.
 
Me acuerdo, como todos, de Maradona alzando la copa y de una vuelta olímpica desorganizada con el majestuoso estadio Azteca como telón de fondo.
 
Mis 11 años de ese entonces me impidieron obviamente guardar una impresión tan acabada de otros temas de la época, como por ejemplo la situación política o económica, pero la revisión de las estadísticas de entonces señalan que aunque la economía ya venía recuperándose de la dura crisis de 1985 gracias al Plan Austral, aceleró su mejoría en el tercer trimestre de 1986, creciendo un asombroso 14% respecto del mismo trimestre del año previo, empujada por el consumo que subía nada menos que el 17,6% interanual.
 
Parece incluso que el fenómeno se repitió luego en los países que ganaron desde entonces la Copa Mundial. Según una investigación de Ruben van Leeuwen y Charles Kalshoven, del Departamento de Economía del ABN AMRO, todos los países campeones experimentaron un mayor crecimiento económico el año que dieron la vuelta, lo que lleva a los autores a concluir que alzarse con el torneo más importante de la FIFA genera un impacto positivo de 0,7% en el PBI.
 
Las razones tienen que ver con un mayor posicionamiento mundial que potencia el turismo y los negocios, pero también con un empujón psicológico de los orgullosos habitantes del gladiador victorioso.
 
Y me acuerdo de esto ahora porque desde el miércoles siento en la calle una alegría que no percibía desde aquel entonces. Personas que se emocionan hasta las lágrimas, que se abrazan y que se pellizcan, sólo para descubrir que no están soñando.
 
Está contenta incluso mucha gente que, como yo, no profesa religión alguna. Es evidente que corre “exitoína” en altas dosis por las venas de los argentinos estos días y entonces uno se pregunta si no es posible pensar que esa algarabía redunde en una mejora de las expectativas de los agentes económicos, similar a la que probablemente se hubiera producido de haber ganado el último mundial.
 
Habrá que esperar los datos del índice de confianza del consumidor (ICC) del mes de marzo que elabora la Universidad Di Tella para develar la incógnita, pero lo cierto es que el “efecto Papa” no se reduce a una mejora circunstancial en el humor social, sino que es plausible esperar además un profundo efecto económico de largo plazo que tiene justamente que ver con el nombre escogido por Jorge Bergoglio.
 
Es sabido que la elección no resulta trivial sino que es indicativa de la agenda que el nuevo Pontífice piensa imprimirle a su gestión al frente de la institución política más antigua de la humanidad. (...)".
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3. ¿Y por qué el Papa debería interceder por Malvinas?
 
Simpatizante de San Lorenzo de Almagro, luego de reírse de que el club no será ya conocido por Marcelo Tinelli sino por el papa Francisco, Rodolfo Terragno habló con Hugo Krasnobroda, del diario El Tribuno, de Salta:
 
-¿Cree que cambiará algo en la política argentina con la designación de Jorge Bergoglio como nuevo Papa?
 
-No estamos hablando de la política argentina, estamos hablando de Francisco I. Hay que ver qué puede cambiar en la Iglesia y las visiones sobre algunos hechos de la Iglesia que el Papa renunciante, Benedicto XVI, insinuó criticar. Hay que ver la posición que tiene la Iglesia sobre los problemas internos como la pedofilia, hay que ver cuál es la actitud definitiva frente a hechos que el propio Benedicto decía que estaban siendo juzgados con distintos criterios como el aborto, la anticoncepción, etc. Creo que se abre un nuevo período para la Iglesia y hay que ver cómo Francisco enfrenta todo eso.
 
-Entonces para usted no cambiará nada en la política argentina, pese a la mala relación de Bergoglio con el Gobierno.
 
-Ese era Bergoglio, no Francisco.
 
-¿No le parece que este hecho puede provocar un mayor diálogo entre la política argentina?
 
-En la Argentina hay una enfermedad, que es hablar de política. Usted se encuentra con una persona, le dice: “Hola que tal”, y empieza a hablar de política. Yo no lo he visto eso en ninguna parte. Yo viví siete años bajo Margaret Thatcher y todo mi entorno era laborista; no se hablaba nunca de política. Aquí ocurre un hecho extraordinario, imprevisible: un americano es Papa, además es un argentino. La gente no se pregunta ¿por qué es Papa?, ¿qué va a hacer? La primera cosa que me pregunto es qué tiene que ver con la política argentina. Es una cosa compulsivo-obsesiva: no se habla de otra cosa que no sea de política. La designación de Francisco I debería eclipsar cualquier discusión política y la gente habla de política igual. Es una enfermedad.
 
(...) -¿Qué opina de la polémica sobre el supuesto rol de Bergoglio durante la dictadura?
 
-Es lo que yo digo: no hay ninguna capacidad de analizar un problema desde la óptica política. Todos los problemas son el mismo problema. Usted puede hablar de cualquier cosa, de cualquiera. Puede hablar de la elección de un Papa y es la misma discusión política que todos los días se hace a propósito de cualquier tema. Yo no entiendo esto. ¿Por qué esa obsesión por la política? Insisto, yo no lo he visto en ninguna parte. La gente habla de distintas cosas. Puede hablar de religión, de filosofía, de sociología, de las características de los argentinos, de los papas anteriores. Incluso si el Papa hubiese sido brasileño no creo que la gente hubiese dicho: “¿Cuál es la relación entre el Papa y Dilma Rousseff”? A mí me extraña eso.
 
-¿Puede pasar esto por la radicalización que el Gobierno a veces impone en la sociedad?
 
-Este gobierno es el resultado de que hay una sociedad tan politizada y tan radicalizada que por supuesto surgen estas cosas. ¿Por qué no surgen las mismas cosas en otras sociedades? ¿Por qué en otras sociedades no surgen gobiernos que radicalicen? ¿Por qué surge en Venezuela o Argentina? Porque hay un factor preexistente. Me parece que la gran dificultad es cambiar culturalmente esto. Esta locura por la política no es nada sana.
 
-Usted es una persona muy interesada en el tema Malvinas y hasta llegó a decir que el referéndum de los isleños era bueno para Argentina. El miércoles, Cristina elípticamente le pidió al nuevo Papa que impulse un diálogo por la soberanía, ¿le corresponde hacer eso a un Papa?
 
-Usted sabe que el Papa intercedió en el conflicto entre Argentina y Chile en su momento. Sería muy gracioso pedirle ahora al Papa argentino que interceda entre Argentina e Inglaterra. El Vaticano no es un tribunal de arbitraje para resolver asuntos internacionales, la intervención del Papa en su momento fue porque existía una posibilidad de guerra entre Argentina y Chile. Fue una misión pacificadora, una búsqueda de solución que no pasara por las armas. En este momento, donde no se avizora una posibilidad de guerra y el de Malvinas es simplemente un conflicto, no veo por qué tiene que intervenir el Vaticano. (...)".
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4. Pese a todo... el impacto es inevitable.
 
Hugo E. Grimaldi en La Gaceta, de San Miguel de Tucumán, pese a Terragno, marcó un punto muy interesante sobre la política local y el Papa, a pesar del Papa:
 
"(...) El dato político de todas estas divergencias que fueron desde el mal humor de la Presidenta hasta el virulento cruce por los derechos humanos que provocó la designación papal es que, quizás por primera vez en una década, se ha producido un serio debate interno que, por ser ideológico, podría llegar a tener impensadas consecuencias rupturistas en el seno del kirchnerismo. Bergoglio lo hizo. 
 
Luego, hay que hurgar en la influencia que podrá tener de ahora en más la palabra del Papa en la Argentina, en los gobernantes y en la sociedad. Es verdad que la palabra del Papa es universal, pero cuando Karol Wojtyla fue elegido como Juan Pablo II, su presencia en Polonia a pocos meses de haber asumido en 1979, cambió la historia: apuntaló al líder de los sindicatos, Lech Walesa; barrió con el comunismo; generó una identidad común y se dio a la tarea de poner a su país en el mundo
 
Cuando el Papa llegue a la Argentina, será posiblemente conmocionante e inolvidable. Más allá del orgullo nacional, la hilera de argentinos que le hará escolta, el vendaval humano que seguirá sus misas y la atención a su prédica será la preferencia por valores que marchan a la inversa de aquellos que se han tratado de inculcar a la sociedad durante estos años de cambio cultural. Cómo lo tomará el kirchnerismo cuando suceda es una incógnita. En ese marco, deberá verse el temple de los políticos y se podrá observar cabalmente quién es quién. Por el lado opositor, la presencia papal no podrá reemplazar a lo que ellos deberán hacer de ahora en más para que no se considere que se han colgado de su sotana. En tanto, la Presidenta y el kirchnerismo todo tendrán que demostrar que están dispuestos a escuchar, ya que sólo ese camino, como una oportunidad impensada, les puede permitir hacer rectificaciones que ellos mismos hoy no saben cómo realizar. 
 
Por otro lado, la fugacidad de los liderazgos y la provisoriedad de los sucesos ha quedado demostrada. Hace una semana, esta columna se nutría de Hugo Chávez y de la pasión kirchnerista por venerarlo. Hoy, la realidad impone que hasta los más rabiosos tengan que mirar a Roma antes que a Caracas, mientras que en su interior les cuesta resolver la crisis que les ha provocado la figura de Jorge Mario Bergolio, hoy Francisco, el Papa."
 
 
5. El kirchnerismo cristinista debería revisarse hacia adentro.
 
 
"(...) Cristina tiene una excelente oportunidad de acercarse, al menos, a un Estado –el Vaticano– del cual se ha ido alejando. Sólo el empeño del embajador Juan Pablo Cafiero ayudó a mantener alguna llama encendida en esa relación. La gestión presidencial, contrariamente a lo pregonado en el 2007, ha tendido al encierro interno y externo. La mayoría de las embajadas, en especial las importantes, fueron reducidas casi a oficinas burocráticas. Las excepciones son Caracas y, en menor medida, Brasilia. Aunque esa sede también fue ignorada mientras se incubó el conflicto en Mendoza con la minera brasileña Vale.
 
Ese conflicto es con Brasil, porque la empresa tiene una fuerte participación estatal.
 
Hay embajadores que atraviesan situaciones incómodas. Cecilia Nahón, la flamante diplomática destinada en Washington, fue la persona más requerida el miércoles por el periodismo en Estados Unidos. Todos querían conocer su opinión sobre el nombramiento de Bergoglio como Papa. La joven economista, cercana al viceministro Axel Kicillof y simpatizante de La Cámpora, prefirió encerrarse silenciosa en la Embajada. Advirtió las señales confusas que emanaban de las palabras de Cristina y las conductas de muchos kirchneristas.
 
La disociación oficial resultó llamativa.
 
Se armó un mosaico desacostumbrado. Cristina demoró hasta que hizo circular por las redes sociales una carta protocolar de felicitación a Bergoglio. Quiso ser cálida durante un acto en Tecnópolis pero no le salió.
 
Terminó por sugerirle al Papa cuáles deberían ser sus prioridades como pastor. Los diputados K se negaron a hacer un paréntesis en el homenaje que rendían a Hugo Chávez para ver y escuchar la primera aparición de Bergoglio en la Plaza San Pedro. El camporista Juan Cabandié ordenó el retiro de su bloque de la Legislatura porteña cuando el PRO promovió un homenaje al Papa. Luis D’Elía escribió que Francisco podría atentar contra la unidad sudamericana como Juan Pablo II, a su entender, lo hizo contra la Unión Soviética.
 
El ex piquetero, relegado una vez por Kirchner, ha vuelto a encumbrarse con Cristina.
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El acuerdo con Irán y el espejo de la chavización así lo certifican. Estela Carlotto y Hebe de Bonafini también se ensañaron con Bergoglio. Esas mujeres parecen decididas a colocar un pobre epílogo a su trayectoria de reconocidas luchadoras. Una periodista expresó su pesar porque un argentino presidiría la Iglesia que encubre la pedofilia. Esa periodista es la pareja de Amado Boudou, el vicepresidente. Otros, como Daniel Scioli y Gabriel Mariotto se animaron al elogio. Guillermo Moreno asombró proclamando a Bergoglio como “Papa y peronista”. (...)".
 
 
6. Acerca del rol de Jorge Bergoglio en los años de Emilio Eduardo Massera, la ESMA y el Proceso.
 
 
"(...) Una sombra imperceptible que salió de aquí lo manchó injustamente en el mundo. La Argentina habita el pasado, sea éste real o imaginario. Es imaginario en el caso de las acusaciones sobre el Papa y sus supuestas vinculaciones con la dictadura. La dictadura argentina tiene, con razón, mala fama mundial. El papa Bergoglio es una persona desconocida por la prensa y el gran público del exterior. Injustificadas informaciones originadas en la Argentina encontraron eco, quizás ingenuo, en gran parte del periodismo internacional.
 
Es notable que quienes se proponen debilitarlo pertenezcan a la izquierda local muy cercana al kirchnerismo. Están dándoles argumentos a los sectores más reaccionarios de la Iglesia, que han sido los eternos adversarios de Bergoglio, y a los que están implicados en graves denuncias de corrupción dentro de la curia romana, que son ahora sus peores enemigos. Se trata de argumentos falsos contra el Papa. Ningún testimonio serio de los años 70 señaló nunca a Bergoglio como cómplice de los militares. Tenía entonces sólo 35 años y ningún otro rango que el de simple cura.
 
Es cierto que en esos años de sangre y de lágrimas fue jefe de los jesuitas argentinos. Su gestión salvó de la inestabilidad económica a las dos universidades gestionadas por la Compañía de Jesús: la Universidad Católica de Córdoba y la de El Salvador. Pero también promovió un giro de la orden hacia sus postulados religiosos. Los jesuitas son reconocidos como los intelectuales de la Iglesia y por su compromiso con los pobres. Sin embargo, muchos de sus curas se habían politizado en aquellos tiempos politizados y algunos simpatizaron con la opción armada. Una cosa era el compromiso con los desposeídos y otra cosa era la lucha de las armas. Ésa fue la política instaurada por Bergoglio dentro de la orden religiosa. Sólo hizo cambios entre los curas, sin delatar a nadie. La Justicia confirmó su inocencia.
 
Nunca le perdonaron aquel giro, a pesar de que aconsejó a muchos sacerdotes que abandonaran el país antes de que fuera tarde. ¿No pudo salvar a algunos sacerdotes del secuestro? Graciela Fernández Meijide dio la respuesta más atinada a esa pregunta: Yo tampoco pude salvar a mi hijo cuando se lo llevaron de mi casa . Fernández Meijide trabajó en la Asamblea por los Derechos Humanos desde el día siguiente del secuestro y la desaparición de su hijo, en 1976, y fue secretaria ejecutiva de la Conadep, donde se recibieron los primeros y más conmovedores testimonios de los crímenes de la dictadura. Jamás nadie me habló de Bergoglio , asegura. Su testimonio tiene un enorme valor.
 
Fernández Meijide, la abogada Alicia Oliveira, duramente perseguida por los militares, y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, que apartaron a Bergoglio de la sospecha, hablan desde el conocimiento propio, como valientes opositores de los militares en el momento de mayor poder de los militares. La narración de esa falsa historia debería concluir; se eligió un papa, no se inició un combate.
 
Sería más justo recordar al cardenal Bergoglio que luego promovió, ya como líder de la Iglesia argentina, otro giro. Alejó a la Iglesia de anteriores conducciones muy conservadoras, que habían sido cercanas a los militares, y propició que la institución pidiera públicamente perdón por el silencio durante los años oscuros. La Iglesia pidió perdón. El entonces cardenal fue conduciendo a los obispos locales hacia posiciones centristas, que es el lugar donde le gusta estar. Fiel a la doctrina, cerca de los pobres, lejos de la ostentación y atento a los cambios del mundo y de la sociedad.
 
Un sector del peronismo no lo quiere y otro sector lo exhibe como propio. Francisco no es un papa peronista, como aseguran algunos con notable frivolidad. No se llevó bien con el menemismo ni con el kirchnerismo, que tuvieron los grandes liderazgos del peronismo en los últimos 20 años. ¿Qué clase de peronista sería, entonces? Como hombre de política y de poder habló, eso sí, con muchos peronistas. Pero ¿con quién debía hablar de las cosas del poder en una Argentina eternamente peronista? Bergoglio es hombre espiritual en las cuestiones de la fe, pero también es un pragmático cuando resuelve cosas terrenales. (...)".