LOS ALUMNOS QUE NO APRENDEN

De lectura obligatoria para Esteban Bullrich, docentes y padres

Abunda la estupidez en el sistema educativo argentino, expresión de una sociedad mediocre, que se masturba afirmando que está "recuperándose del infierno" (que ella misma provocó, con una impericia que no revirtió y, por lo tanto, puede repetir). Demostración de la tontería es el reclamo de los alumnos de participar en el debate de contenidos curriculares, en la pérdida de calidad educativa, en el pasaporte a una ausencia de capacidad competitiva en la sociedad de los adultos. No sucede solamente en la Argentina. Por ejemplo, también en Brasil. El siguiente texto fue publicado en el diario Folha de S. Paulo y deberían leerlo las autoridades educativas porteñas, coprotagonistas de un conflicto reciente.

por ROBERTO LEAL LOBO y SILVA FILHO

 
S. PAULO (Folha de S. Paulo). La educación brasileña está en crisis. Además de la recurrente violencia escolar -los medios de comunicación informan, a menudo, sobre casos de estudiantes armados o con drogas, además de agresiones a maestros-, padres e hijos parecen creer que la escuela no puede contradecir a los estudiantes o que la escuela no puede exigir un rendimiento escolar.
 
Las propias familias no logran imponer límites a sus hijos -a veces ni los padres tienen límites-, algo que se extiende al aula de clase.
 
Este problema, que se está volviendo casi epidérmico en Brasil, no es desconocido en otros países.
 
En este momento, vale la pena recordar un libro francés. Para quien está preocupado por la situación de las escuelas, sírvase leer "La Escuela de los Bárbaros", de Isabelle Stal y Françoise Thom, publicado en Brasil por Edusp en 1987, señalando un escenario en Brasil que empeorará en décadas siguientes.
 
Las autoras son dos profesoras francesas que cuentan la degradación que vieron surgir en las escuelas de su país desde 1980. Los problemas que ellas descubrieron nunca han resultado tan familiares.
 
Ellas consideran que la falta de disciplina en las escuelas refleja una sociedad que "adopta el placer como el ideal en todos los sentidos: para tal sociedad, el objetivo de la civilización es divertirse sin límites".
 
Es decir, la escuela se resignó a no conducir a los jóvenes hacia la edad adulta.
 
En este sentido, las autoras dan en el punto al señalar la profusión de prácticas extracurriculares, fáciles y sin contenido, que sirven para matar el tiempo de los jóvenes, como uno de los grandes problemas de la escuela hoy. Los padres brasileños pueden reconocer fácilmente esta moda que domina también en nuestras escuelas.
 
En palabras de las autoras: "Es un engaño decir que la incapacidad para expresarse, que la ignorancia crasa en historia, geografía, literatura y la imposibilidad de seguir un razonamiento elemental" sean un precio que tengamos que pagar para que todos se sientan cómodos en la escuela, permitiendo la "inclusión" de todos los estudiantes.
 
Con el pretexto de instaurar la igualdad en la escuela, la enseñanza se nivela para abajo. No hay manera de escribir mejor que ellas: "La ambición de igualdad a toda costa desalienta el esfuerzo de aprender, típicamente individual".
 
No podemos abandonar la enseñanza de los contenidos o dejar que los estudiantes elijan lo que quieren aprender. Se puede incluir a todos los estudiantes en la escuela -es decir, democratizar la enseñanza mediante la creación de una escuela que atienda a la masa- sin la catástrofe actual.
 
Además de estos argumentos, las autoras critican con dureza, a pedagogos, maestros, administradores, sindicatos de profesores y a la nueva generación de padres.
 
Los sindicatos, en especial, están más preocupados por la defensa de la mediocridad y el corporativismo. Señalan soluciones simplistas para todos los males que afligen a la primaria, como el aumento de los presupuestos o acciones tecnológicas en las escuelas.
 
Y mejor no avanzar sobre las ideologías que desvalorizan la enseñanza, como si el papel principal de la escuela no fuera sacar al alumno de la ignorancia.
[ pagebreak ]
 
El libro puede ser ácido y tener adjetivos en exceso. Incluso puede ser injusto sobre la importancia de democratizar el acceso a la educación, algo fundamental para reducir las injusticias de la sociedad.
 
Sin embargo, es preciso defender la destrucción de algunos paradigmas tan de moda en Brasil, tales como:
 
> La calidad universal e incuestionable del trabajo en grupo;
 
>La "postura crítica" superpuesta a la absorción de conocimiento;
 
> La flojedad y permisividad en lugar de disciplina y exigencia;
 
> La prioridad de las actividades "sociales" en lugar del estudio persistente;
 
> La valoración de los investigadores de temas irrelevantes;
 
> El énfasis en los métodos en lugar de los contenidos.
 
Vale la reflexión: ¿cuántas generaciones de estudiantes serán perjudicadas hasta que el estudio persistente y el contenido vuelvan a ser revalorizados?