WILSON REVOLUCIONA A DARWIN

Fundamental: El poder de la generosidad

El libro de Edward Wilson, profesor de la Universidad de Harvard, revolucionó la teoría de la selección natural de las especies, de Charles Darwin, para demostrar que el grupo puede alcanzar mucho más éxito al actuar de forma colectiva y en beneficio de los demás.

El altruismo (del francés antiguo "altrui" = de los otros) se puede entender como:

> Comportamiento que aumenta las probabilidades de supervivencia de otros a costa de una reducción de las propias.

> Sacrificio personal por el beneficio de otros.

El filósofo francés Auguste Comte acuñó la palabra "altruisme", en 1851, y ésta fue adoptada luego por el castellano.

Es aquella conducta que beneficia a otros, que es voluntaria y cuyo autor no anticipa beneficios externos.

De acuerdo a la Real Academia Española, el altruismo proviene del francés "altruisme" y designa la diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio.

El término altruismo se refiere a la conducta humana y es definido como la preocupación o atención desinteresada por el otro o los otros, al contrario del egoísmo. Suelen existir diferentes puntos de vista sobre el significado y alcance del altruismo.

El altruismo, en etología y en la biología evolutiva, es el patrón de comportamiento animal en el cual un individuo pone en riesgo su vida para proteger y beneficiar a otros miembros del grupo. Casi todas estas teorías explican cómo un individuo puede sacrificar incluso su propia supervivencia por proteger la de los demás, aunque siempre añaden el hecho de que entre los miembros de ese grupo ha de hallarse algún miembro que comparta parte de sus mismos genes.

Ésta sería una manera de asegurar la continuidad de su información genética.

Pese a ello, esta teoría resulta insuficiente para explicar las conductas altruistas que se desarrollan hacia individuos no emparentados, es decir, con los que no se comparte información genética.

Luego, en su obra El gen egoísta (1976), Richard Dawkins sostuvo que existe una ley fundamental denominada "egoísmo de los genes", que explica tanto el altruismo como el egoísmo individual desde el punto de vista genético. En definitiva, Dawkins sostiene que la interpretación ortodoxa de la selección natural darwiniana es aquella que la concibe como selección de genes (egoísmo del gen), y no como selección de grupos (altruismo entre individuos).

Entonces llegó Edward Wilson para destruir a Dawkins.

La nueva teoría de la evolución puso a la comunidad científica en un alboroto, pero está lejos de ser unánime.

Wilson logró cuestionar la validez de los intentos más aceptados por los científicos contemporáneos para explicar la presencia de altruismo en las especies, las teorías de la selección de parentesco y el gen egoísta.

Wilson ha fundamentado que el altruismo no pasa de una estrategia egoísta para pasar sobre los genes del individuo.

La Conquista Social

Encontrar explicaciones convincentes sobre el origen y la evolución de la vida siempre ha sido una obsesión para los científicos. Por ejemplo, cuando Charles Darwin creó la teoría de la selección natural de las especies, en la 2da mitad del siglo 19, parecía haber encontrado una respuesta al intrincado rompecabezas de la evolución de la vida en el planeta Tierra (aunque el llamado 'eslabón perdido' le puso un freno a toda su elucubración).

De todos modos, Darwin logró instalar un concepto: la constante competencia, aunque a menudo silenciosa, entre los individuos, habría conservado los mejores linajes.

Por lo tanto, un ser vivo con mutación favorable a la supervivencia de la especie tendría más posibilidades de sobrevivir y extenderse esta característica a las generaciones futuras. Después de linajes consecutivos, la tendencia sería que todos los individuos fueran descendientes de aquel con la mutación adecuada, y que aquellos que no lo tuvieran desaparecerían.

Al final, los más fuertes sobrevivirían, segun como interpretó el filósofo Herbert Spencer, en el siglo 20 - idea atribuida erróneamente a Darwin, vale la pena precisar-.
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Un siglo y medio más tarde, un biólogo estadounidense llamado Edward Wilson, sacude a la comunidad científica internacional por atreverse a complementar la teoría de la selección darwiniana.

Según Wilson, de la Universidad de Harvard, considerado el padre de la sociobiología, ganador de 2 premios Pulitzer en la categoría de no ficción y uno de los más respetados estudiosos, el proceso evolutivo tiene más éxito en las sociedades donde los individuos colaboran unos con otros hacia un objetivo común.

Así, los grupos de personas, empresas e incluso países que actúan teniendo en cuenta el beneficio de los otros y colectivamente logran más éxito, de acuerdo con el Estadounidense.

Al fijar esta tesis, defendida en el recién lanzado "La Conquista Social de la Tierra" (WW Norton & Company, 2012), una recopilación de poco más de 300 páginas, Wilson pone a prueba el beneficio de actuar en causa propia, presente en la selección individual de Darwin.

El estadounidense no está en contradicción con la teoría de Darwin, pero afirma que es insuficiente para entender la evolución, que sucedería en varios niveles:

> individual, según lo propuesto por Darwin, y

> de grupo.

Después de todo, si lo más importante era conseguir que sus genes se muevan hacia adelante, ¿por qué muchas veces el individuo era capaz de sacrificarse por los demás?

La lucha constante por la supervivencia en realidad explica mucho, pero fue incapaz de arrojar luz sobre un aspecto fascinante, observada por el mismo Darwin: el comportamiento altruista -la clave de la teoría de Wilson-.

"La selección individual es importante, pero no lo explica todo", dijo a al semanario brasilero IstoÉ el director del centro de bienestar de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, USA, Robert Cloninger.

La nueva teoría de la evolución de Wilson enfureció no sólo la comunidad científica sino también a las publicaciones internacionales más importantes.

El debate

Los diarios The New York Times, The Wall Street Journal y The Washington Post, y las revistas Newsweek y The New Yorker, dedicaron páginas y páginas a la llegada de la nueva obra.
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También las revistas científicas Nature y Scientific American.

El trabajo académico de Harvard se basó en las especies sociales, tal cual varios tipos de abejas, hormigas y nosotros, seres humanos.

Las especies sociales equivalen al 3% de todos los animales en el planeta, pero representan el 50% de su biomasa.

Para Wilson, este hecho por sí solo sería suficiente para explicar el éxito de estos grupos y constatar que la colaboración cuenta puntos positivos en la evolución.

Algo similar ya había sido observado por el mismo Darwin en el libro "La Evolución de las Especies". Tratando de explicar el altruismo, el naturalista británico se dio cuenta de que si este comportamiento aparentemente no ofrecía un beneficio directo para el individuo, parecía ser capaz de asegurar un beneficio para el grupo. Pero aún no estaba claro por qué el egoísmo altruista, parecía más beneficioso.

"Los animales no siempre tienen que competir", dijo a IstoÉ el profesor de antropología de la Universidad de Washington, Robert Sussman, autor del libro "Orígenes de la cooperación y el altruismo" (2009).

"Cuando la cooperación representa ventaja para el grupo, los genes que la promueven son lanzados a la próxima generación, favoreciendo este grupo a los otros", dijo Wilson en una entrevista con el científico Carl Zimmer. "De ese modo, la selección se produce a nivel del grupo, aunque no deja de suceder a nivel individual".
 
"La Conquista Social de la Tierra" surgió para hacer repensar la importancia de la cooperación, especialmente entre los seres humanos. Después de todo, si el sacrificio de un familiar para la protección de los genes, anunciado por la selección de parentesco, tiene sentido en las comunidades de abejas y las hormigas, carece de la complejidad para abarcar a los seres humanos, a menudo capaces de sacrificarse por razones mucho más subjetivas, tales como las creencias e ideales.

"En los seres humanos hay tres aspectos que deben ser tomados en cuenta para explicar la evolución: el cuerpo físico, los pensamientos y la mente", dice Robert Cloninger. "Darwin centra su trabajo en la evolución del cuerpo, por lo que la explicación es incompleta."

Al ser conscientes, la persona es capaz de juzgar si se debe actuar a favor o en contra de unos a otros, e incluso puede basar su decisión en los mismos hechos que ese sujeto practicó en el pasado. Alguien que siempre actúa de forma egoísta, por ejemplo, puede ser rechazada por el resto del grupo.

"Las manifestaciones de generosidad en los seres humanos son diferentes y más variadas que las que se observan en otros animales", dijo a IstoÉ, Michael Wade, biólogo que hace investigaciones sobre la evolución y el comportamiento en la Universidad de Indiana en USA.

Wade publicó, a finales de abril, un estudio que muestra que, si bien el altruismo está presente en varias especies, el mecanismo por el que se produce varía. "Hay diferentes tipos de altruismo, para diferentes entornos. Es el entorno el que determina la forma de ayudar al vecino".
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Trabajar en conjunto por un objetivo común y, con ello, prosperar es también actual con altruismo. En un bucólico pueblo enclavado en el corazón de Sao Paulo, cerca de 100 personas colaboran entre sí en el ámbito profesional. Son los productores culturales, fotógrafos, periodistas y programadores que componen la Casa de la Cultura Digital, donde varias compañías pequeñas promover el intercambio de trabajo y cooperan unos con otros. En un entorno donde no hay lugar para la competencia y los costos se dividen, el negocio crece.
 
La Casa de la Cultura Digital es un ejemplo de un modelo de éxito para la organización empresarial basada en el altruismo.

Para el estadounidense Steve Denning, autor de varios libros sobre el liderazgo empresarial, la teoría de la evolución propugnada por el grupo científico ayuda a comprender esta y otras fórmulas ganadoras.

Otro ejemplo sería la manera como la estadounidense Apple organiza sus equipos de trabajo, mantenidos por separado y, a menudo prohibidos de hablar unos con otros. Para muchos, esta decisión representa una pérdida, ya que dificulta el intercambio de ideas gestadas por los equipos.

Denning, sin embargo, echa otra mirada a partir del libro de Wilson.

El cerebro

Si la colaboración es entre el propio grupo, pero no para otros grupos-que a menudo son percibidos como el enemigo contra el cual luchar -, cabría reflexionar sobre el siguiente punto: "¿Los beneficios al suprimir la competencia interna entre los equipos, no compensarían las pérdidas de no permitirles dialogar? ", escribió en un artículo recientemente publicado en la página web de la revista estadounidense Forbes.

En la neurociencia, por ejemplo, los expertos tratan de identificar los mecanismos cerebrales que se activan cuando se es generoso.

"Los seres humanos son capaces de sacrificarse por un completo desconocido o por un ideal. Esto no se ve en otras especies", dice el neurocientífico brasileño Jorge Moll, del Instituto D´Or en Río de Janeiro.

El investigador es conocido en el mundo académico por sus estudios sobre la respuesta del cerebro a los actos altruistas. Él y su equipo demostraron, mediante imágenes de resonancia magnética, que en la práctica de las acciones altruistas se activan las mismas áreas del cerebro vinculadas a la recompensa. Como si, cuando se dona dinero, por ejemplo, la sensación percibida fuera la misma que cuando se gana dinero.

"Para el cerebro, lo que tenemos es una sensación de recompensa, por lo que vale la pena perder para ayudar a otros", explica Moll.

La generosidad también puede explicarse por la acción de la oxitocina, un neurotransmisor muy común durante la lactancia y que actúa sobre la capacidad del individuo para la empatía. "En los experimentos, hemos visto que los altos niveles de oxitocina durante la lactancia tanto para la madre más cuidadosa con a la descendencia más agresiva con los que son de afuera", dice Moll.

En los seres humanos, las formas como un grupo se relaciona con otros siguen siendo objeto de fuertes influencias culturales.
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"En el plano de las sociedades, tenemos características de individualismo y colectivismo, y en el plano individual, tenemos individuos más volcados a la autonomía o ala interdependencia", dice la investigadora Maria Lucia Seidl de Moura, de la Universidad Estatal de Río de Janeiro.

Ella y su grupo han tratado de comprender cómo estos elementos se organizan para el desarrollo de las sociedades.

"No se puede decir que los más altruistas son más evolucionado, pero se puede ver que esta función está más presente en unas organizaciones sociales más que en otras", dice, citando el ejemplo de Japón, donde la estructura social fijada en la colectividad y los individuos prospera en una cultura de la interdependencia.

Esta capacidad de colaboración se hace evidente en situaciones como las que viven en la isla tras el terremoto del 11/03/2011, que requirió la unión de la gente para reconstruir el país.

Otros países famosos por su capacidad para organizarse y actuar colectivamente por la comunidad, casi de una manera profesional, a fin de lograr un bien común y el progreso, es USA y las sociedades nórdicas, como Noruega.
 
En concreto, el ejemplo japonés es otra forma de entender para el altruismo, a diferencia de la biología evolutiva, en la que se aplica el concepto para explicar la capacidad de un individuo a renunciar en favor de otro.

Aquí, el altruismo es percibido como una capacidad intrínseca de los seres humanos para ayudar a otros, y que se puede desarrollar. "Como que fuera bagaje para los bebés que puede ser estimulado a través de la infancia y a después", dijo Maria Lúcía. Por eso, muchos argumentan la posibilidad de fortalecer los lazos entre las personas.

Sin embargo, en una entrevista con IstoÉ, Carl Zimmer dice que a Wilson le falta testear la hipótesis que presenta.

Nigel Barber, nombre de peso en la psicobiología y autor de "La bondad en un mundo cruel: Los orígenes del altruismo", también critica el trabajo. "Insistir en la idea de selección de grupos es hacer pseudociencia." Para el científico, todavía prevalece el concepto de selección de parentesco.

No está claro todavía si la teoría de Wilson, pasará a la historia como una revolución en la teoría de la selección natural. Sin embargo, combina mucho más con el concepto de nosotros, la humanidad.

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