CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). ¿Sobrevivirá la democracia tal cual la conocemos? A continuación un interesante debate propuesto por The Atlantic que plantea que, a medida que las fuerzas del mercado avanzan sobre la voluntad popular, el Viejo Continente deberá adoptar cambios fundamentales en la manera en que se gobierna.
DEBATE
La crisis del euro y la transformación de la democracia europea
¿Sobrevivirá la democracia tal cual la conocemos? A continuación un interesante debate propuesto por The Atlantic que plantea que, a medida que las fuerzas del mercado avanzan sobre la voluntad popular, el Viejo Continente deberá adoptar cambios fundamentales en la manera en que se gobierna.
Con la crisis financiera, la crisis de deuda, y la cobertura mundial del movimiento Occupy Wall Street, en los últimos tiempos, el capitalismo ha venido siendo criticado públicamente en Europa. Desde que la crisis de deuda comenzó a exhibir un verdadero potencial para dañar la zona euro, el euro y la Unión Europea han visto sus respectivos futuros correr distintas suertes, separados entre si. La pregunta solía ser la siguiente: ¿puede el proyecto federal europeo sobrevivir a la crisis de deuda? Pero ahora, esa pregunta tienen una nueva variante, más melodramática: ¿puede la democracia sobrevivir a la crisis de la deuda?
A primera vista, el público sería proclive a sugerir que el continente se relaje, después de todo, ¿qué tiene que ver la democracia con todo esto?
Resulta que el debate se divide en 2 series de dualidades -2 conflictos fundamentales que los comentaristas de Europa sienten están siendo alimentados por la actual crisis. El primero es democracia vs. capitalismo. Los estadounidenses rápidamente identificaran esto con la dualidad que exhibe el movimiento “Occupy Wall St.” en edición europea. El debate sobre el capitalismo ha sido probablemente más explícito y dinámico en Europa que en Manhattan, y existía antes de que “Occupy Wall St.” Sea un movimiento. Sin embargo, la retórica es familiar, aunque el catalizador sea diferente. La segunda es democracia vs. burocracia, en particular la burocracia europea. No deja de fascinar que en ambos debates, la historia de Grecia es el punto de partida.
En el debate de democracia-contra-capitalismo, lo que parece preocupar a los espectadores europeos es la forma en que los mercados, tal como se expresan a través de los precios de los bonos y las calificaciones de las agencias, han superado el proceso político. Algunos países europeos ven la salida el primer ministro griego George Papandreou tras su llamada sorpresa a un referéndum sobre el paquete de rescate que Bruselas ponía a disposición de su país como algo muy preocupante, sobre todo cuando se lo combina con similares “salidas” políticas en lo que va del año.
Lo que sigue es un buen ejemplo de la discusión, procedente del profesor de Derecho Constitucional, Dominique Rousseau, quien presentó su opinión en el diario francés Le Monde:
"Lo que no pudieron lograr las sentadas, las protestas, las huelgas, las marchas y las bombas molotov, lo hicieron los mercados: la renuncia de primeros ministros. El irlandés Cowen Bian en febrero, el portugués, José Sócrates, en marzo, José Zapatero, en julio, Iveta Radicova en octubre, George Papandreou, y Silvio Berlusconi en noviembre. Karl Marx, quien fue acusado de caricaturizar el funcionamiento de la república burguesa, sonreiría hoy al ver como la realidad supera a su análisis. ¿Qué estamos viendo? Que los mercados delegan la gestión política de la sociedad a los políticos, que estos hombres, porque son elegidos por el pueblo, se creen libres en sus decisiones que, siempre y cuando estas decisiones no atentan contra sus intereses y siguen siendo compatibles con sus proyectos, los mercados los dejan gobernar; el día en que los políticos toman decisiones que contradicen [los intereses], los mercados los despiden sin mayores contemplaciones, y -algo que Marx no llegó siquiera a imaginar- que los mercados reemplazan a los políticos elegidos por Lucas Papademos, exvicepresidente del Banco Central Europeo, y por Mario Monti, excomisario europeo, o sea, tecnócratas".
En otras palabras, si estos políticos debían o no ser removidos, lo que es preocupante es que fue el mercado quien lo hace y no los descontentos en las calles. Cuando vemos un cambio político, lo vemos porque los mercados lo desean. O como dijo un escritor alemán, "en la disyuntiva entre democracia y capitalismo, Europa no están del lado de la democracia".
Esto, sin embargo, nos lleva a la segunda controversia donde la democracia está amenazada. Esa es la batalla entre la democracia y el federalismo burocrático, entre la soberanía popular y nacional y la lucha por mantener unida a la Unión Europea. Si bien casi todo el mundo menos Grecia (al igual que un buen número de griegos) estaba irritado por la decisión de Papandreou de celebrar un referéndum sobre un plan de rescate de difícil victoria, el enfrentamiento también puso de relieve una cuestión que los entusiastas del proyecto europeo han estado tratando, sin éxito, de barrer bajo la alfombra desde hace ya algún tiempo: cómo conciliar la unidad europea con la soberanía popular que tradicionalmente se expresa en el plano nacional. En otras palabras: ¿con qué frecuencia los ciudadanos de Francia, Italia o Alemania tienen la oportunidad de votar sobre lo que sus representantes europeos están decidiendo por ellos? ¿Se permitirá que una mayor cantidad de votos dañe al progreso en vías de una mayor unidad?
Cuando el famoso sociólogo Jürgen Habermas se le preguntó si los líderes europeos le temían la democracia, respondió: "Tienen miedo de no obtener una mayoría o de perder el poder". Agregó que, debido a la crisis de deuda, "los temores sobre el futuro de Europa se han convertido en el principal tema de discusión. Tal vez el momento de la esfera pública europea ha llegado finalmente. El liderazgo político debe demostrar que es capaz de tener mente abierta sobre la reorganización de Europa y tener el coraje de nadar, según sea necesario, contra la corriente, en lugar de seguir las encuestas en busca de una mayoría" Esta no es una opinión aislada, tampoco. Un artículo de opinión en el alemán Süddeutsche Zeitung hizo una observación similar en octubre. "Los críticos sostienen que la democracia no es adecuada para sacar a Europa de la crisis", escribió Heribert Prantl, pero sostuvo que "lo que es necesario es un corte en la deuda, no un corte en la democracia... Alemania no puede permitir que su democracia parlamentaria ser castrada por Grecia".
Así que ¿por qué alguien fuera de Europa debe prestarle atención a este debate? La respuesta está en cómo los 2 extremos del debate -la democracia contra el capitalismo y la democracia frente a la unidad de Europa- están vinculados. Lo que Jürgen Habermas y muchos otros están argumentando debería interesarle a los partidarios de Occupy Wall Street, por ejemplo. La idea es que el camino para que el Estado escape de la dominación de los mercados no es ir cortarse solo. "Un mercado único, un pueblo dividido: ¿quién gana?" se pregunta Dominique Rousseau. "No es normal que el pueblo alemán decida a través de sus representantes parlamentarios acerca de la validez de los acuerdos de Bruselas; no es más normal que el pueblo griego decida únicamente por referéndum la validez de un salvataje, es el pueblo europeo en su conjunto quién debe decidir". O como el académico Yves Charles Zarka ha argumentado: "el reparto de la soberanía no debe ser pensada como un intercambio entre los Estados miembros, sino entre los pueblos de Europa".
Lo que se sugiere, en efecto, es una revisión radical de la soberanía popular -"una solidaridad entre los ciudadanos de la Unión", como lo dice Zarka, el ejercicio de los derechos de ciudadanía, tanto a nivel nacional como supranacional. Habermas hace que el argumento sea aún más explícito: "la democracia de un solo país ya no es capaz de defenderse contra los preceptos de un capitalismo loco que cruza las fronteras nacionales".
¿Es la supranacionalidad la solución al problema de los mercados que dominan la política, dominando a la sociedad? Esa es, en realidad, la pregunta a hacerse.
Los teóricos sociales, por supuesto, han estado discutiendo el problema fundamental desde hace más de un siglo: ¿qué hacer cuando el mercado se vuelve más poderoso que la sociedad y el sistema político (pensemos en los derechos de propiedad y así sucesivamente) del que brota?
La idea parece estar recién tomando forma, pero la noción de solidaridad supranacional como una salida posible es algo que debería intrigar a europeos y a no europeos, a académicos y al “pueblo” por igual.








