El 28 de septiembre, el campesino Delio Arango Maya cumplirá 67 años de edad pero lo pasará lejos de sus familiares y amigos, tal como le ocurre desde hace 11 años, y contra su voluntad.
Ocurre que el 29 de agosto, él habrá cumplido 11 años secuestrado por narcoguerrilleros del frente de combate 17 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Narcoterroristas de las FARC se lo llevaron, amarrado por el cuello, de su hacienda ganadera de Baraya, en el departamento colombiano de Huila, como si fuera una mula robada de los corrales.
Cuando se plantean estos casos, algunos argentinos 'progresistas' explican que hay un conflicto en el cual ocurren "excesos", pero es un argumento similar al que han dado siempre los acusados de provocar las desapariciones forzadas de personas durante los años '70. En verdad, el terror de las FARC es indefendible porque, además, ocurre en un Estado de formas democráticas.
Hay 6.000 secuestrados en Colombia aún cuando en los medios solamente aparezcan 45, que los propuestos por las FARC para un programa de canje por guerrilleros presos.
Del grueso de secuestrados colombianos, el periodista e investigador Herbin Hoyos, especializado en el tema desde hace una década, estima que el 69% está en poder de las FARC; 18% de las guerrillas del Ejército de Liberación Nacional; 9% de las Autodefensas Armadas de Colombia (paramilitares), y el 4% restante es prisionero de delincuentes profesionales organizados para secuestrar.
Cuando Delio fue secuestrado, tenía un nieto de 2 años.
''Hoy ya tenemos 4 nietos'', le explicó su esposa Lucila Páez, de 59 años, al diario El Nuevo Herald, de Miami, Florida, USA, que la visitó.
Aquel nieto de 2 años se apresta a cumplir 14.
El responsable del secuestro se llama Amir Castañeda, detenido en la localidad de Neiva, pero que luego se fugó.
Lucila y Delio tienen 3 hijos varones: uno ingeniero zootecnista, otro ingeniero agrónomo y otro médico veterinario.
Lucila entregó el dinero por el rescate de Delio, tal como lo exigían las condiciones que por escrito le entregaron las FARC. La efectivización del dinero fue 8 días después del secuestro.
Sin embargo, nunca más supo de su esposo.
Ella vive en una hacienda cafetera próxima a la ciudad de Armenia. Ella sigue pagando la cuota del seguro de salud de Delio: "He pensado, para el día que regrese, llevarlo directamente a una clínica a que le hagan un chequeo médico para ver cómo se encuentra''.
Pero nunca le enviaron pruebas de supervivencia de su esposo.
Peor aún es el caso de Nacianceno Restrepo, comerciante de maderas amazónicas, secuestrado en Rionegro, departamento de Antioquia, por las FARC, en febrero de 1993 y hoy, si vive, tiene 68 años pero lleva 14 años secuestrado.
Un guerrillero, alias ''Róbinson'', preso en la cárcel de la ciudad de Ibagué, sostiene que en 2005 lo vio vivo y era conocido como 'el Loco' porque el aislamiento y las durezas de la selva lo desquiciaron.
La familia pagó 2 veces el rescate, pero los narcoterroristas de las FARC hicieron saber que lo ''juzgaron'' y condenaron a 6 años de trabajos forzados por haber tenido tratos supuestos con paramilitares.
Otros secuestrados ya liberados dicen que le decían a Nacianceno, 'el Abuelo', y que las FARC lo mantenían encadenado todo el tiempo debido a su furia con los malditos secuestradores.
Alberto Villegas fue secuestrado a los 14 años de edad por el ELN. Su familia pagó 2 veces el rescate pero se lo devolvieron, consumido por la selva, a los 28 años. Hoy vive en Europa, donde lo someten a tratamientos psicológicos por lo que le ocurrió en Colombia.
Rodolfo Alvarez fue secuestrado a los 14 años de edad por paramilitares, en Magangué, departamento de Bolívar, quienes le dijeron que si no combatía con ellos lo fusilarían. 3 años más tarde, fue capturado por el ELN que lo amarró a un árbol para fusilarlo. A gritos dijo que era un secuestrado. El ELN le exigió rescate a sus familiares. La familia pagó y lo liberaron. Pero 3 meses después, Rodolfo fue secuestrado por las FARC que también amenazaron con fusilarlo. Su familia volvió a pagar y todos se marcharon, arruinados, del país.
La industria del secuestro provocó que en Colombia proliferen los cazadores de recompensas y los intermediarios que ofrecen sus servicios para conseguir liberaciones regateando con los delincuentes, pero cobran honorarios equivalentes a 30% del pedido de rescate original.
Centenares de secuestrados por paramilitares todavía aparecen en las listas de quienes están por recobrar la libertad, pese a que los paramilitares han sido beneficiados por una suerte de amnistía que decretó el presidente Álvaro Uribe Vélez.
Según la ONG Colombia Universal, dirigida por Herbin Hoyos, muchos de ellos fueron llevados vivos y en grupos hasta Bocas de Ceniza, donde el río Magdalena desagua sobre el Caribe, y allí los asesinaron, desmembraron sus cuerpos y los arrojaron a los tiburones.
En el camino, los verdugos obtenían informaciones íntimas de los secuestrados a quienes les aseguraban que solamente los estaban cambiando de escondite, y luego las aprovechaban para negociar sus liberaciones con las familias, cuando ya los habían matado.
Malditas FARC: Un campesino cumple 11 años secuestrado
Cuando días atrás el diario Clarín realizó una concesiva entrevista a un delincuente narcoterrorista de las FARC olvidó preguntar, por ejemplo, por Delio Arango Maya.
08 de septiembre de 2007 - 00:00








