CIUDAD DE BUENOS AIRES (
DOS MODELOS AGOTADOS
De pronto, el escenario ha cambiado. ¿Fue por la política o por la economía? Algunos especulan acerca del agotamiento del modelo político; otros afirman que es la economía posConvertibilidad la que padece la asfixia. Es curioso: ninguno de los dos ni el armazón político ni el económico- fue modificado en su estructura desde la ruptura institucional de 2001. La reforma política ha permanecido pendiente, y la búsqueda de productividad y competitividad en la economía fue considerada anti-progresista, decadente y noventista.
El Presidente confía en que podrá insuflarle vitalidad a la política cuando, desde afuera de la Presidencia de la Nación, trabaje en la articulación de ese movimiento, como si no lo hubiese intentado durante los últimos cuatro años.
En verdad, Néstor Kirchner ha fracaso en esa tarea que, inicialmente, se llamó ‘Transversalidad’ y hoy día fue bautizada ‘Concertación Plural’; el Presidente solamente logró alquilar las estructuras tradicionales del Partido Justicialista y una porción de la Unión Cívica Radical, les sumó prebendarias columnas ‘piqueteras’ y algunos militantes de derechos humanos decididos a iniciarse en la prostitución clientelística que reprocharían sus muertos en los ‘70.
No hay misterio en la saturación que provoca el Frente para la Victoria en el poder, incapaz de imaginar una agenda que contenga a la población que rechaza el pago en demagogia populista.
¿Por qué duraría 16 años más en la Nación –el remanido proyecto presidencial 4 x 4 que se le atribuye a los Kirchner- aquello que acaba de explotar en Santa Cruz, la provincia que impulsó al Presidente, quien tiene prohibida la visita a la ciudad donde nació, Río Gallegos?
En cuanto al denominado ‘modelo económico’, tampoco resulta sorprendente su horizonte de decrecimiento del nivel de actividad y crecimiento, en parte por una crisis en la estructura de precios relativos y, a la vez, por un fracaso en la teoría de que la inversión pública podría reemplazar a la inversión privada a la hora de colmar las necesidades de inversión directa que tiene la economía argentina.
El llamado ‘modelo económico’ se circunscribió a un tipo de cambio sobrevaluado que, por la aplicación de derechos de exportación al campo y al petróleo, recauda dinero no coparticipable que asigna la Nación. Las angustias periódicas del tal ‘modelo’ se suceden por su incapacidad para competir si no es apelando a subvaluar más la moneda doméstica, y por no lograr resolver el creciente y costoso déficit cuasifiscal que le provoca al Banco Central la emisión de pesos para mantener ‘inflado’ el precio del dólar.
Cuando Néstor Kirchner llegó a la Presidencia de la Nación, en mayo de 2003, ya existían advertencias para que el ‘modelo’ no se circunscribiera a la sumatoria de salarios deprimidos, con una transferencia de riqueza no a favor de las empresas sino del Estado, situación que le permitía al Presidente contratar los favores políticos necesarios para asegurar su estabilidad.
Kirchner decidió desoir las advertencias y profundizar en ese comportamiento, afirmando que la economía debía subordinarse a la política, y la política era él.
CUANDO SE DICE ‘BASTA’
Poco importa si el dólar escala a $ 3,20 porque las empresas modifican sus portafolios, prescindiendo de bonos públicos en pesos para atesorar activos dolarizados o dólares; o porque es el nuevo ministro de Economía, Jorge Peirano, quien promueve ese comportamiento. En cualquier caso, acelerará la tasa de inflación, que es el verdadero factor de desequilibrio social e institucional que ha puesto a funcionar Néstor Kirchner con su zonzera de que la economía debe subordinarse a la política.
La economía es una ciencia social que trata acerca de la administración de los recursos, que siempre son escasos respecto de las demandas. La política, en la Argentina sin transparencia en los padrones de los partidos políticos y sin una verdadera democracia interna en esas estructuras, no alcanza a la categoría de ciencia.
El error de apreciación ha sido bastante habitual en la historia argentina contemporánea. Esto explica porqué los gobernantes especulaban con los beneficios de "una inflación controlada", desconociendo que la recurrente variación de los precios obliga a la opinión pública a una exacerbación de su puja por participar de la mejor manera posible en el ingreso, y castiga a quienes carecen de las herramientas más poderosas para conservar o incrementar su cuota de riqueza.
Tanto Roberto Lavagna como Néstor Kirchner consideraron que el equilibrio de precios alcanzado durante los años ’90 era una cuestión baladí y no una virtud. En vez de corregir lo que debía ajustarse –por ejemplo, desvincular las tarifas locales de la inflación estadounidense-, decidieron practicar una congelación tarifaria que no contempló –con la excepción de los ‘amigos’- los mayores costos desde que ocurrió la devaluación del peso, sin comprender que estaban provocando una desinversión permanente en las infraestructuras imprescindibles para mantener la tasa de expansión de la economía que buscaban.
Ningún empresario en el mundo utilizará dinero ganado en ejercicios contables pasados para financiar inversiones futuras. Suponer eso es desconocer la esencia del capitalismo y que un gobernante lo crea obliga a sospechar que es un estúpido o una persona que actúa de mala fe.
"Ganaron más que suficiente durante los últimos años, ahora es tiempo que hagan su sacrificio", resultó una frase inverosímil en boca del Presidente. Al cierre de cada ejercicio, las empresas distribuyen sus utilidades entre sus accionistas, o sea que no es dinero que queda en las empresas; y toda inversión a futuro se financiará con deuda (con proveedores y con inversionistas) y con ingresos genuinos. Si los ingresos merman porque hay una decisión política de congelación de tarifas, se sabe que no habrá cómo afrontar la nueva deuda, y por lo tanto no se invertirá.
Resulta tan sencillo que no se entiende cómo Kirchner permaneció tanto tiempo en una ficción, desaprovechando tiempo para impedir la crisis energética –que es una situación provocada por la escasez de inversión en petróleo, gas y electricidad-. Así, Néstor Kirchner le deja a su mujer Cristina, quien ha llegado a ser presidenciable por capricho de su esposo, una herencia que resulta previsiblemente pesada, y que resulta obvio que ella no se encuentra capacitada para sobrellevar.
LOS MERCADOS
Quienes analizan el presente y futuro en base a los datos que surgen de lo cotidiano, comienzan a tomar sus recaudos. Esto es lo que provoca la venta de títulos públicos en pesos para posicionarse en activos en dólares, que es la demostración de que el mercado reconoce que hay incertidumbre.
Los Kirchner creyeron que no habría incertidumbre por el simple acontecimiento de informar que las encuestas afirman que Cristina de Kirchner será Presidente ganando a una desarticulada masa de falsos líderes opositores.
Los Kirchner no entienden que, para los agentes económicos, la incertidumbre no se encuentra en quién gana los comicios sino en cómo podrá afrontarse el difícil año 2008, cuando hay tantos ajustes pendientes, con consecuencias difíciles de anticipar para la sociedad, para la política y para el funcionamiento de las instituciones.
La primera vez que fue explicitado que los Kirchner y los agentes económicos comienzan a balbucear lenguajes diferentes fue el martes 24, cuando el dólar estadounidense cerró en las pizarras de la City a $ 3,13 para la compra y $ 3,17 para la venta, con un Banco Central relativamente nervioso cuando el dólar mayorista llegó a $ 3,18.
No es una tendencia, apenas fue una escaramuza. Pero en un escenario político-económico de hegemonía de los Kirchner, tal como ocurrió entre 2003 y 2006, y con un Banco Central que afirma tener reservas internacionales por US$ 42.000 millones, no hay resquicio para la escaramuza.
Los operadores del mercado coincidieron en que la demanda de dólares fue para abandonar posiciones de activos en pesos, tales como los bonos soberanos, en un escenario de restricciones normativas ordenadas por el Banco Central y de menores liquidaciones de divisas de los exportadores por cese de la temporada (que se reiniciará en octubre con la cosecha fina).
Sin embargo, la economía tiene otros problemas que van más allá de la estricta oferta/demanda de dólares estadounidenses.
Por ejemplo, Kirchner aumentó 45% el gasto público en apenas un año, lo que obliga a sospechar que hay un desborde -cuando no un derroche- de egresos fiscales, que devoran los superávits que consigue la Administración Federal de Ingresos Públicos, repartición que ha encontrado en la ANSeS un enemigo de fuste por la irresponsabilidad con que ha acumulado deuda provisional futura del Tesoro.
El superávit primario resultó en junio mucho menor que lo esperado y hay quienes se anticipan en el mercado previendo que volverá a ocurrir al menos hasta los comicios de octubre.
En junio, ocurrieron sobregastos por la compra de fueloil derivada de la crisis energética y los desembolsos para sostener las obras en las centrales eléctricas, devorando el superávit que en junio llegó a los $ 2.302,2 millones, sólo 2,6% más que el mismo mes del año pasado, cuando había sido de $ 2.243,2 millones, inferior al que esperaban los analistas privados.
En un año electoral resulta muy difícil detener el ritmo desenfrenado que se le imprimió al gasto, y el interrogante es el costo que le demandará a Cristina tomar esa decisión luego de octubre, si ella es la elegida. El dato más preocupante es el alza en las transferencias corrientes, donde en junio se llegó a los $ 2.378 millones, un 53% más que en el mismo mes del año pasado, y más de 100% por encima que mayo de este año. El gasto primario antes del pago de intereses creció 45%.
Resulta casi obvio que detener el frenesí será una prueba inicial de autoridad que deberá superar Cristina de Kirchner y que pondrá a prueba la relación entre ella y sus eventuales aliados políticos. No es un buen indicio.
LAS INVERSIONES
Luego, aún superando este escollo, Cristina tendrá que resolver el siguiente: la desinversión, de la que su marido Néstor nunca quiso enterarse.
Ya el domingo 20 de julio de 2003 escribió Javier González Fraga, un economista que por entonces los Kirchner evaluaban con simpatía, en el diario ‘La Nación’: "(…) más allá de lo que está pasando con Brasil, el modelo basado en un tipo de cambio muy devaluado como el del 2002, generando exportaciones y sustituciones de importaciones, está perdiendo impulso. La reversión de la crisis externa le hace muy difícil al BCRA sostener el tipo de cambio, y resulta imperioso buscar otros factores de estímulo de la demanda global. Entonces hay que pensar en la inversión y en el consumo. (…) La falta de crédito es hoy el resultado de una serie de causas muy complejas. (…)".
El 25 de enero de 2004, escribió el economista Miguel Ángel Broda, también en ‘La Nación’: "(…) Con un crecimiento estimado de 8% en 2003 y de 6,5% en 2004, hacia fines de 2004 se habrá agotado el output gap (brecha entre el producto real y potencial). A partir de entonces, para sostener el crecimiento será crucial la inversión privada, ya que la pública representa sólo el 1% del PBI. (…) No se trata de una polémica prematura ya que la inversión y el crecimiento de mediano plazo dependen de la calidad de las políticas que se apliquen para superar los problemas estructurales durante el período actual de reactivación o rebote. (…) Con el ahorro nacional actual y sin entrada de capitales privados, la Argentina no podrá financiar la inversión requerida para un crecimiento sostenido (del orden de 20% del PBI).
Mientras que en 1998 la inversión fue financiada con ahorro nacional (de 16% del PBI) y ahorro externo (5%), hoy, con desahorro externo (de 7% del PBI) por la salida de capitales y un ahorro nacional excepcionalmente alto que tiende a disminuir (22%), sólo se puede financiar una inversión de 14/15% del PBI. (…) Otra particularidad es que dos tercios del aumento de la inversión en 2003 obedeció a la mejora de la construcción, que alcanzó el 68% del total invertido, frente al 58% en 1997-1998, mientras que la participación de equipamientos en el total cayó a 32%. (…) El Gobierno debería aprovechar la coyuntura favorable para remover obstáculos que hoy frenan las decisiones de inversión (…) Pero, lamentablemente, parece que no nos encaminamos en esa dirección. (…) Localmente, se prioriza mantener elevada la imagen del Presidente (…) y, además, con la reactivación ni la sociedad ni la dirigencia perciben las debilidades estructurales. (…)"
¿Qué hizo Néstor Kirchner?
Soledad Pérez Duhalde escribió, el 12 de julio de 2007 en un newsletter de la consultora Exante: "(…) se observa que las tasas de expansión resultan decrecientes: mientras que en el 2003 la industria crecía a una tasa del orden del 16,3%, el año pasado lo hizo a una tasa del 8,8% y en lo que va del año el crecimiento acumulado interanual alcanza sólo el 6,6%. Aunque lo anterior no podría tomarse como determinante de un cambio de tendencia por diversas motivos (…) una de las razones detrás de la disminución de la tasa de crecimiento esperada es que varias de las ramas de la industria, frente a una demanda interna que no cesa, se encuentran con una utilización de la capacidad instalada cerca del límite máximo posible de ser empleada; sumándosele a esto la crisis energética que sin lugar a dudas tendrá su correlato en los números del crecimiento. Es de información pública que más de 5.000 empresas se vieron afectadas por la falta de gas y energía eléctrica. Hubo interrupciones del suministro de gas a industrias con contratos de provisión en firme y, para no ser menos, el gobierno tuvo que racionar el uso de electricidad, que en varios casos rondó el 35% de la demanda usual de muchas de estas empresas. Cabe aclarar, que ésta última restricción todavía no se ha visto reflejada en los datos oficiales (el último informe del EMI concierne al mes de mayo), aunque sí puede advertirse, en el análisis de los datos, una respuesta genuina de los sectores en términos de las inversiones, ante la previsión de este limitante. (…)".
Existen excepciones como lo sería la industria automotriz; pero son excepciones.
EL VACÍO
En este escenario, hoy en la Argentina se habla, en privado, de temas que son tabú, promueven especulaciones y definen comportamientos.
Por un lado, no cesa el cuestionamiento acerca de porqué Néstor Kirchner eligió a Cristina de Kirchner, y si hay o no un problema de enfermedad y necesidad de intervención quirúrgica en el Presidente de la Nación.
Luego, en las dificultades que afrontará una persona sin experiencia en la gestión ejecutiva, que carece de partido político propio (el Frente para la Victoria no es un partido político sino una alianza coyuntural de partidos y movimientos) y de autoridad entre los otros líderes.
En la Argentina ya se transcriben en la prensa periódica análisis de sociólogos sobre condiciones objetivas de vacío de poder; de crisis institucional en el futuro mediato; de mecanismos para completar mandatos (acefalía) o para convocar a comicios anticipados.
En la inestable Argentina, el final de la presidencia de Néstor Kirchner remueve los miedos más profundos, aquellos que parecía que él había logrado aplacar.
Así como cuando se analiza en retrospectiva la gestión de Carlos Menem y surge la evidencia de todo aquello que pudo hacer y no hizo para completar las reformas, profundizarlas y consolidar el cambio, comienza a evaluarse que lo de Kirchner fue más mediático que real; efímero como el marketing pero sin raíces profundas; y la hegemonía que se buscó terminó en una situación de peligrosa precariedad.
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Copyright by EDICIÓN i, 2007.
De Kirchner a Kirchner: De la hegemonía a la precariedad
Los Kirchner podrán aliviar Ganancias para los asalariados, elevar el salario familiar, ampliar temporariamente la cobertura de las jubilaciones y otros falsos distribucionismos, pero Cristina no enamora. Ella es el producto de la ausencia de proyectos de poder alternativos (y quien podría liderar uno, parece que prefiere recluirse en la Ciudad a resistir el cerco de los Kirchner). La revista EDICIÓN i lo expresó así:
31 de julio de 2007 - 00:00








