Un carrito de golf para Cristina

Si llega a la Casa Rosada el 10 de diciembre, Cristina Fernández no deberá atravesar, como su marido durante estos cuatro años, la insegura peripecia de trasladarse en automóvil desde el helipuerto presidencial hasta sus aposentos en la sede gubernamental. Más acorde con los cánones de protección de un mandatario que los regidos hasta ahora, la eventual primera mandataria hará el recorrido en un carrito de golf, que la llevará por un túnel a construir entre ambos extremos.

BAHÍA BLANCA ( La Nueva Provincia).- La obra está en manos del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, lo mismo que todas las restantes que se realizan para remodelar a nuevo la Casa Rosada y sus alrededores, como la Plaza Colón y la propia playa de estacionamiento de vehículos oficiales donde se encuentra asentado el helipuerto, a 150 metros de Balcarce 50.
En el proyecto del tendido de un túnel un tanto más ancho que un simple pasadizo peatonal trabajan también arquitectos del gobierno que tienen sus despachos en el ministerio de Planificación. Lo que se dice, casi un regalo que los hombres de Julio de Vido le ofrendarán a la supuesta futura presidenta con tal de acercar posiciones entre ambos luego de tiempos turbulentos.
El futuro de De Vido. No alcanzará, con todo, para evitar que De Vido tenga que dejar su cargo el 10 diciembre y buscar otro futuro político en el Congreso Nacional a través de su inclusión en las listas de candidatos a diputados por Santa Cruz.
La idea de construir el túnel entre el helipuerto y la Casa Rosada y la utilización de esos tradicionales carritos blancos como los que se ven en los campos de golf, pero también en la residencia de Olivos, donde lo utilizan los granaderos y otros funcionarios para sus traslados internos por el amplio predio, reconoce antes que nada razones de seguridad.
El propio Kirchner, se dice, ha sido de los más preocupados por su seguridad cada vez que debe abordar su automóvil en el helipuerto y recorrer en medio del tránsito habitual el trayecto hasta su despacho. La comitiva debe mezclarse con otros automóviles a su paso por la avenida de La Rábida, la calle Presidente Perón y un par de cuadras de la avenida Alem, antes de atravesar los portones de la sede gubernamental. No hay, por cierto, ningún "peinado" previo de ese trayecto para detectar sospechosos o posibles explosivos escondidos en los jardines centrales de la última de esas arterias, ni tampoco se corta el paso al resto de los usuarios. "Demasiado riesgo; el trayecto no cubre el mínimo canon de seguridad que rige en el mundo", justificó la medida un hombre de la custodia presidencial.
La construcción del túnel estaba originalmente pensada para que sea utilizado por el presidente, pero los tiempos de la obra se excedieron largamente --previstas para inaugurar el pasado 25 de mayo, sólo estarían listas a principios de diciembre--, por lo que se supone en el gobierno que será usufructuada por Cristina o por quien suceda a Kirchner el 10 de diciembre.
Detrás de la construcción del túnel por el que hará su recorrido de ida y vuelta el "melex" --como se conoce mundialmente a esos carritos-- quedaron en los cajones de Parrilli, al menos, otros dos proyectos destinados a proteger la seguridad del presidente. Uno de ellos apuntaba a levantar el helipuerto desde su actual emplazamiento en el centro de la playa de estacionamiento y llevarlo hasta un sector de la Plaza Colón, justo detrás de la Casa Rosada. Pero el problema que presenta la sede gubernamental en materia de cimientos y estructura y la negativa de los arquitectos a desmontar varios árboles que dan sombra y embellecen el paseo abortaron la iniciativa.
Por parecidas razones vinculadas a la existencia de construcciones históricas junto a la sede gubernamental, como los muros de la ex Aduana Taylor, que deberían ser removidos, se abandonó otro proyecto que apuntaba a construir un túnel para permitir directamente el tránsito de automóviles, similar al que en Olivos conecta la avenida del Libertador con el chalet presidencial.