VIOLENCIA & EVENTOS INTERNACIONALES

Los temores de Río de Janeiro 2014 y 2016

Río de Janeiro tendrá un rol protagónico en la Copa del Mundo 2014 y será sede de los Juegos Olímpicos 2016. Por ello se prometió -a la Fifa y al COI- que la ciudad estaría "pacificada" pero ¿Río está pacificada? El tema es sensible porque la Fifa quiere que en Río ocurran los partidos inaugural y final de 2014 pero S. Paulo está disputando el partido inaugural. Sérgio de Oliveira Cabral Santos Filho, hijo del periodista Sérgio Cabral, es el gobernador por el oficialista PMDB.

por EDGARD CATOIRA
 
S. PAULO (Carta Capital). El gobernador Sergio Cabral, de Río de Janeiro, siempre ha sido un político oportunista inteligente. Hace tres años, a partir de una experiencia positiva del coronel Gileade Albuquerque, por entonces comandante del 2° Batalhão de la Policía Militar (PM), en el barrio de Botafogo, quien garantizó la seguridad de la favela Dona Marta instalando un puesto de la PM en el morro, Cabral se apropió de la (buena) idea. 
 
La prensa, por supuesto, aplaudió la acción de la PM, y el gobernador resolvió convertirla en un plan de gobierno, bautizando la novedad como Pacificação do Rio (Pacificación de Rio), con la creación de UPP -Unidades de Policía Pacificadora- para todos los morros de la ciudad.
 
El éxito mediático fue inmediato. Cabral se convirtió en el héroe que pondría fin a la violencia en la Ciudad Maravillosa.
 
Varios morros de la Zona Sur fueron pacificados. Sin tiros ni balas perdidas, las UPPs se instalaron en las comunidades -palabra políticamente correcta para ser utilizada en lugar de favela- ubicadas en los barrios Copacabana e Ipanema. 
 
Eso ocurrió en los asentamientos Tabajaras, Pavãozinho, Cantangalo. Y culminó con la violenta toma del morro de Vila Cruzeiro, con la ayuda de la Armada y el Ejército. El mundo entero celebró las imágenes de persecución de bandidos, armados, para escapar de la devolución del territorio por las "fuerzas aliadas", dirigidas por el heroico y legalista gobernador de Río
 
Después de ese enfrentamiento televisado, como si fuese parte de un verdadero "acuerdo político", el gobernador advirtió a los medios de comunicación acerca de la toma de otras zonas peligrosas. Señaló hasta el día y la hora. 
 
Los bandidos, no menos inteligentes, dejaron el camino abierto, siempre sin balas perdidas, a las fuerzas de seguridad de la ciudad, que -para el alivio de la población- está siendo pacificada. Todavía habrá tiempo para que la ciudad entera quede libre de milicias (N. de la R.: fuerza parapolicial que actúa en las favelas y tienen contactos con la policía pero también con el delito) y diferentes facciones de traficantes de drogas, todos ellos muy violentos, que aún no se han eliminado principalmente en el oeste de la ciudad.
 
Y así, la ciudad comienza a dar una sensación de bienestar y tranquilidad de saber que la población y los turistas -esperados para los próximos grandes eventos deportivos- puedan disfrutar de la belleza natural de Río y de la alegría natural del carioca.
 
Así que, con abundante pirotecnia merecida por los guerreros conquistadores, verdaderos cruzados del Bien, Sergio Cabral, ya puede ser considerado el gran exterminador del mal en tierras fluminenses.
 
Hay un hueco más abajo
 
Sin querer ser un derribador de buenas esperanzas, pisando en la tierra firme de la información, siempre es bueno hablar con los agentes de policía de la ciudad, PMs, autoridades amigas que trabajan con la seguridad pública y pueden decir la verdad en "off". 
 
Y este sitio web lo hizo: conversó informalmente con personas del medio, sin reflectores, lentes ni testigos, a lo sumo, con un vaso de cerveza en una mesa de bar.
 
La instalación de las UPPs es una realidad. Pero los traficantes no cerraron los puntos de venta de drogas en los morros y crearon las "esticas" (estiradas) en la carretera, ya sean móviles o fijas, puntos instalados en los establecimientos que sirven de apariencia. 
 
A pesar de no detener la comercialización, el gobierno del Estado sigue siendo felicitado por poner fin a los centros de traficantes armados. 
 
En el morro -y es de conocimiento de los oficiales de las UPPs– todavía quedan stocks desde donde se abastece a los distribuidores. Son casas aisladas en las favelas, sin movilización ni aparato de seguridad, lo que facilita el combate con las bandas rivales o los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. Todos en paz.
 
El arsenal bélico de los narcotraficantes, siguiendo el modelo de los manuales de guerrilla urbana, se almacena en pequeñas cantidades en lugares que sólo los miembros del grupo saben, ya sea el morro o el asfalto. Y solamente será activado en caso de necesidad futura. 
 
En cambio las armas de los milicianos (N. de la R.: suerte de fuerza parapolicial que actúa en las favelas y tienen contactos con la policía pero también con el delito) tienen escondites oficiales... en las fundas de los policías que integran las milicias.
 
Esta obviedad apareció ahora, con la ejecución de la jueza Patricia Acioli, del municipio de São Gonçalo, quien insistía con exterminar las milicias dentro de su juridicción. 
 
El jefe de homicidios, Felipe Ettore durante las investigaciones, llegó en su pesquisa hasta un efectivo de la MP, quien terminó haciendo una denuncia premiada (o sea un testigo arrepentido) –aquella que ante la Justicia, beneficiará a ese colaborador- y todo terminó con un escándalo: el instigador del crimen era el comandante de batallón de la PM de São Gonçalo, un preparadísimo coronel para combatir la delincuencia, con paso por el respetado BOPE, Batallón de Operaciones Especiales, élite de la élite de la PM.
 
La imagen de la PM se derrumbó. El comandante de la PM renunció. En su lugar asumió el coronel Erir Ribeiro Costa Filho, conocido por los oficiales como "cáscara dura, mano dura". Y él dio pruebas de ello cuando, en 2003, se enfrentó con el diputado Chiquinho da Mangueira, quien le pidió que "se tomara con calma" el combate del tráfico del morro da Mangueira. Por esta negativa, fue removido del mando y pasó a ser considerado maldito por el gobierno de Anthony Garotinho.
 
Lo primero que Ribeiro Costa Filho hizo fue cambiar los comandos de los batallones de la PM, determinando que los nuevos titulares no pueden llevar a los cuarteles de comando a los guardias de las áreas donde estaban actuando. El objetivo es evitar la formación de "grupos", por así decirlo, tal como la banda de los 11 PMs que fueron detenidos en el asesinato de la jueza de São Gonçalo.
 
En busca de la paz, fin de las castas o retorno al imperio
 
Para una buena comprensión de la vida de un policía militar, su manera de pensar y actuar, es importante hablar largo y tendido con un viejo PM, que ya está más allá del bien y del mal. Sólo él puede contar las frustraciones y las humillaciones diarias de PM. Y, por supuesto, las consecuencias psicológicas de estos hombres.
 
En Río de Janeiro, con un salario muy bajo, un PM es considerado por los militares un "uniforme" y no un "uniformado", ya que no tiene formación específica de soldado de la Armada, del Ejército o de la Fuerza Aérea. Es decir, sufren un fuerte prejuicio de parte de los militares.
 
La Policía Civil, a su vez, trabaja en estrecha colaboración con la PM. Sin embargo, está integrada por profesionales con formación en el área del Poder Judicial que pueden, inclusive, capturar a un ciudadano en infracción. El PM, en cambio, multa o transfiere al ciudadano en infracción al delegado judicial. En resumen, los PM también son 'ninguneados' por sus compañeros de la Policía Civil.
 
Dentro de la corporación, y eso es terrible, también hay variedades que se pueden resumir en 2 clases sociales: 
 
> los oficiales que "comen el pecho y los muslos de pollo",y 
 
> los 'malas' o 'praças', quienes "comen el cogote, las alas y los pies del pollo". 
 
Los oficiales, tal como se muestra en las fotografías que se hacen de ellos mismos, usan a los 'malas' o 'praças' (maletas o plazas), para hacer los trabajos más pequeños. Incluso los poco ortodoxos para un oficial de policía, tal como recoger los sobornos por permitir ilícitos. Así, los 'malas' no tienen beneficios, pero conocen de la mala conducta de sus superiores. No se puede decir que las 2 grupos se aprecien entre sí.
 
Eso es exactamente lo que ocurrió en São Gonçalo: cuando un 'mala' fue atrapado en infracción con gran placer entregó a su superior, y tuvo además la ventaja de que su denuncia fue premiada. Por lo tanto, fue una venganza ventajosa en contra de sus verdugos, los funcionarios que tienen el mando.
 
Todos estos ejemplos aparecieron con la caída del comandante que ordenó el asesinato de la jueza. Pero sólo se hizo público porque hubo en realidad un ataque de las milicias a la corporación del Poder Judicial, uno de los pilares de nuestra democracia.
 
Un PM dijo que no aparecen cientos de casos en el día a día solamente porque la mayoría de las víctimas son parte de los "Tres P" (preto -negro-, puta e pobre), en el lunfardo policial.
 
Al igual que sus predecesores, el nuevo comandante de la PM conoce todas estas diferencias dentro de su corporación. Cuando él prohíba que los designados para comandar los batallones lleven sus equipos a casa, entonces, sí puede estar empezando una nueva fase de una policía militar. Y, por supuesto, alentar a sus miembros con más salarios y mejor equipamiento, compatible con la dignidad de los oficiales.
 
En este sentido, un PM cuenta que el uniforme completo y equipamiento de un policía de New York cuesta US$ 45.000. Y bromea: "Aquí, con un equipamiento de esos, el oficial podría venderlo para lograr una vida más cómoda para su familia."
 
Hecho esos ajustes, tal vez se pueda pensar en un Estado más seguro.
 
O volver a la época del Reinado Brasileiro, cuando el emperador João VI, inteligente monarca portugués, encontró que sus súbditos (portugueses en Brasil) eran "coroneles" que poseían tierras alrededor de la ciudad (Río era la ciudad principal del territorio colonial, luego emancipado). Al darse cuenta de que cada "coronel" tenía su propia milicia para defender sus tierras y sus intereses, los llamó y les propuso fundar la Guardia Real de Policía, GRP, en 1809. Esos datos aparecen hoy en los brazaletes de la corporación de uniforme. El inteligente João VI consiguió sin dinero, montar la guardia, volviendo a cada "coronel" un capitán y todos, en defensa de la corona.
 
En el caso de que no se moralice el centro de la institución, sin duda, se volverá a los orígenes, defendiendo sus negocios, como todavía lo hacen, organizándose en milicias para defender sus intereses poco ortodoxos, ganando un dinero extra para compensar el sueldo oficial, llevando la chapa de "autoridad", emitido por el Gobierno legal del Estado.
 
Esto sólo es factible si Cabral viajara menos a su adorada París y en tierra fluminenses, alardeara menos y fortaleciera más, realmente, la Seguridad Pública de Río.
 
Así, sí, nos sentiremos orgullosos de parafrasear: "In Cabral we trust".