MADRID. "La lección más importante que hemos aprendido en este medio siglo es que lo que parecía fácil ha resultado ser lo más difícil y lo que parecía difícil ha resultado ser más fácil", dice Ramón López de Mántaras, científico del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA- CSIC, Barcelona).
"En 1956, por ejemplo, parecía más complicado desarrollar un sistema capaz de diagnosticar enfermedades que hacer un robot que caminase sobre dos patas o un sistema de visión artificial capaz de describir una escena y analizarla. Pero resulta que todo lo relacionado con la percepción, el aparato sensor y motor es extraordinariamente difícil", explicaba el investigador en Barcelona, en la inauguración del ciclo conmemorativo de la IA que ha organizado en colaboración con Cosmocaixa.
A grandes rasgos la IA suele tener como referencia la imitación de la inteligencia biológica, a ser posible humana. ¿Pero, se logrará alguna vez hacer una máquina cuya mente sea indistinguible de la producida en el hombre por millones de años de evolución? ¿Son inteligentes, aunque de una forma parcial, limitada y primitiva, algunos sistemas y máquinas ya en funcionamiento, como sistemas expertos, buscadores de información en Internet o programas que distribuyen los vuelos de las compañías aéreas en todo el mundo?
John McCarthy, uno de los padres del concepto, afirmaba hace un par de años: "Inteligencia es la parte computacional de la habilidad de alcanzar logros en el mundo. Varios tipos y grados de inteligencia se dan en las personas, en muchos animales y en algunas máquinas".
Pero, a continuación, reconocía que hasta ahora no se ha logrado fijar una definición al margen del referente humano. "El problema es que no podemos aún caracterizar en general qué tipo de procedimientos computaciones queremos denominar inteligentes; entendemos algunos de los mecanismos de la inteligencia y no otros".
Para unos especialistas, la IA tiene que ir ligada a la interacción de la máquina con el entorno y la inteligencia corpórea -el robot-, que cumple el ciclo percepción-cognición-acción, resulta imprescindible.
Pero no estarán de acuerdo con esto, por ejemplo, quienes consideren que las computadoras que juegan al ajedrez, derrotando a los grandes maestros internacionales, están en la cima de la IA actual, aunque no sean capaces de ver el tablero ni de mover las piezas por sí mismas.
Para otros, esa interacción con el entorno puede ser virtual, no necesariamente física, de forma que Internet, por ejemplo, se llenará de inteligencia artificial. La situación, además, se ha complicado -o enriquecido- mucho en los últimos años.
Carlos Sierra, investigador del IIIA, llama la atención sobre la emergencia de la inteligencia social en la pasada década, asociada a las redes informáticas, como contrapunto de la tradicional inteligencia individual. Se trata de conseguir que un grupo de programas de ordenador o de robots solucionen problemas, explica, por lo que la interacción y la comunicación ganan relevancia.
En este enfoque adquieren toda su importancia científica las competiciones de fútbol entre robots con forma de perro que, al integrarse en equipos de varios jugadores, persiguen el objetivo común de esquivar a sus contrincantes y marcar goles con una pelota del tamaño de una naranja. Incluso pueden aprender de la experiencia, de las jugadas que hacen.
Lejos de los perros futbolistas podrían estar los filósofos que trabajan en IA. Javier Taravilla, de la Universidad Autónoma de Madrid, se ocupa de los argumentos a favor y en contra de la posibilidad de desarrollar mentes mecánicas, de la relación mente/ordenador: "Hoy en día, se entiende que en IA el acto inteligente no es sólo lo que hace la máquina, el ordenador, de modo individual, sino en red, lo que se hace entre máquinas y humanos o incluso entre máquinas y máquinas".
La imitación fiel del ser humano como vía de alcanzar la IA, parece descartada por los especialistas.
"No resulta fácil definir qué es inteligencia. Me gusta pensar que es tener una reacción apropiada ante cualquier circunstancia", comentaba Arthur Clarke, coautor de '2001:Una odisea del espacio', en una entrevista con el escritor David G. Stork.
Por el contrario, para Enric Plaza, del IIIA, la definición es sencilla y directa. "La IA es un programa de investigación". Él se dedica al desarrollo del denominado razonamiento basado en casos (CBR, en sus siglas en inglés), mediante el cual la máquina -el ordenador- intenta solucionar problemas nuevos buscando paralelismos con casos antiguos que tiene almacenados y adaptando esa experiencia al reto que se le presente.
No hay razón para pensar que la convivencia con esas máquinas tenga que incomodar a los humanos, dice Manuela Veloso, experta en IA de la Universidad Carnegie Mellon (EE UU): "Al fin y al cabo, un robot no tiene por qué ser esencialmente diferente de una nevera, y además, estamos ya acostumbrados a tener un montón de tecnología alrededor", dice.
De momento la IA está creando sistemas parciales, eficaces pero muy especializados. Reconocimiento de voz o de imágenes, sistemas de traducción, lenguaje natural, aprendizaje, razonamiento, procesos cognitivos, robótica y redes informáticas son algunos ejemplos de las múltiples áreas de desarrollo de la IA en todo el mundo.
Aunque la mayor parte de la investigación tiene como horizonte, a corto y medio plazo, profundizar en las inteligencias especializadas, sigue pendiente la cuestión de si es posible unir todas esas capacidades para crear una IA general, tan versátil y variada como la natural.
Pero no parece que la cosa vaya a ser tan simple como sumar fragmentos de IA en una máquina -no necesariamente con forma de robot humanoide- y hacer que funcione todo de manera coordinada para imitar a una persona.
En cuanto a rasgos humanos como la curiosidad, la ensoñación o las emociones, parece que quedan fuera de los laboratorios de IA e ingenieros, informáticos, físicos, neurocientíficos y biólogos suelen eludir el tema.
En 1956, la formulación de la Inteligencia Artificial (IA) parecía diáfana y casi al alcance de la mano. Al menos así se desprende del plan de los que son considerados los cuatro padres del término: John McCarthy, Marvin Minsky, Nathaniel Rochester y Claude Shanon.
Su documento original decía: "Nosotros proponemos que se realice un estudio sobre inteligencia artificial, por 10 personas trabajando dos meses en el verano de 1956 en el Darmouth College de Hannover (New Hampshire). El estudio se desarrollará sobre la base de la conjetura de que todo aspecto del aprendizaje o cualquier otro rasgo de inteligencia puede, en principio, ser descrito con tal precisión que puede hacerse una máquina que los simule. Se intentará averiguar cómo lograr que las máquinas utilicen el lenguaje, formulen abstracciones y conceptos, resuelvan problemas ahora reservados a los humanos y se mejoren a sí mismas. Creemos que se puede lograr un avance significativo en uno o más de estos problemas si un grupo cuidadosamente seleccionado de científicos trabaja en ellos, todos juntos, durante un verano".
La utilización del lenguaje, las redes neuronales, la automejora de la máquina, la formación de abstracciones, la creatividad eran algunos de los temas sugeridos para empezar a trabajar. El objetivo era diáfano: simular la inteligencia humana explotando las capacidades de las computadoras.
Muy complicado desarrollo de la inteligencia artificial
En enero de 2007, como colofón de las actividades, se celebrará en India la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, que preside Ramón López de Mántaras. Algunos apuntes:
18 de mayo de 2006 - 00:00








