por JUAN CARLOS ANDRADA (*)
DESARROLLO MINERO
Acerca del pseudo ambientalismo: Gato por liebre
La minería es considerada uno de los ejes de la economía en países tales como Chile, provoca combates encarnizados en continentes como África por atesorar recursos naturales, pero sigue despertando debates casi ridículos, a veces, en la Argentina. Con su desarrollo local, algunos proclamaron el apocalipsis que no se produjo. Mientras se continúa discutiendo el marco legal, algunas provincias reclaman que se avance, siempre con rigurosos controles.
28 de septiembre de 2011 - 00:00
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA. Aunque al principio las mentiras del pseudo-ambientalismo se extendieron como reguero de pólvora, nunca imaginaron que varios de sus magistrales engaños se les volverían en contra y menos aún, que se verían envueltos en una serie de escándalos.
Sucede que, a veces, las cosas suelen no ser lo que parecen. Las distintas farsas descubiertas con el paso del tiempo marcaron que muchos de los militantes presudo-ambientalistas, prefieren empujarnos a conclusiones falsas, antes que brindarnos información que pudiera guiarnos en materia de medio ambiente.
Hoy, los pseudo-ecologistas organizados, comienzan a pagar las consecuencias de su propia bufonada luego de que la gente verdaderamente preocupada por el medio ambiente sintiera que se burlaron de ellos en distintos formatos y en todo el país.
Pero como no se puede desatar un nudo sin saber cómo está hecho, hay algunos casos emblemáticos en las provincias de Salta, Catamarca y Chubut que pueden servirnos de ejemplo para mostrarnos que cada nada “nos quieren hacer pasar gato por liebre”.
"¿Por qué tenías que hablar?"
En Salta, con la intención de frenar la construcción de un gasoducto, en un supuesto programa para proteger al yaguareté, Greenpeace ató un collar “satelital” a un ternero. Para colmo, al cabo de unos meses la gargantilla tecnológica le quedó chica al becerro y casi ahorca al pobre animal, por lo que el aparatito de rastreo tuvo que ser “paseado” en la selva por un baqueano rentado que terminó deschavando a la ONG internacional por $900.
Increíble ¿no?
Se trata de una estafa, combinada con teatro circense y pillaje especializado, por las formidables contribuciones económicas que recibió Greenpeace para poner en marcha un proyecto que fue un fraude. Desde el punto de vista del público, decepcionante. ¿Alguien recuerda a qué número hay que llamar para hacer los aportes?
El año pasado, en Catamarca, Pino Solanas jugó con los sentimientos de una familia atribuyendo a la minería el fallecimiento de una niña de 13 años. Familiares y amigos se vieron obligados no sólo a desmentir públicamente al cineasta, sino también a pedirle expresamente al referente de Proyecto Sur que “por favor” no utilice la memoria de la criatura para justificar su ideología y deje descansar a la pequeña en paz.
Desesperado por conseguir una muerte ligada a la minería, que por supuesto asoció libremente, sin compasión y en medio del duelo familiar, Solanas no sólo “se fue de lengua”, sino que utilizó el dolor ajeno lujuriosamente para promocionar una de sus películas. Una locura descomunal. Un atropello violento y cruel a una familia catamarqueña, que el director y productor de cine no dudó en ponerle precio: $25 la entrada.
Que nombre tan raro
Una cuestión parecida ocurrió en Esquel, Chubut, donde un yacimiento de oro que allá por el año 2003 pretendía explotar Meridian Gold se paralizó, entre muchos otros motivos, por el supuesto envenenamiento de un arroyo que bajaba naturalmente con aguas amarillentas. Se abrió una investigación judicial pero luego de muchos años, la causa fue archivada.
En la investigación se determinó que la coloración amarillenta es fruto de la acidificación natural de su lecho. “¿Será por eso que se llama Arrollo Amarillo?”, se preguntaron en la fiscalía hurgando en una retardada etimología luego de archivar la causa bajo el más sigiloso silencio tras años de indagar. La idea es seguir mostrando el contraste de lo estridente que puede resultar una denuncia por contaminación y la afonía de la Justicia a la hora de aclarar a la ciudadanía que el proceso ha concluido y que no existió tal situación. Es para no perder la costumbre.
Sin embargo, por ese entonces los pseudo-ambientalistas creyeron conveniente autoconvocarse para “informar” que el Arroyo Amarillo bajaba… “amarillo”, lo que de alguna manera, también fue gravitante en el resultado del plebiscito realizado en 2003 para rechazar aquel proyecto minero. ¿Quién iba a pensar que el famoso curso de agua ha bajado amarillento durante miles de años? Agrego: y lo seguirá haciendo, con o sin minería.
De todas formas, no faltan los desubicados que preguntan cómo pudieron los pseudo-ambientalistas ver contaminación cuando la mina ni siquiera estaba en producción. ¡Bueno, ustedes también quieren saberlo todo!.
"¿Tiene pruebas?"
Pasa que en materia de minería hicimos el proceso inverso. Por influencia de los nuevos “ecologistas”, primero se apeló al miedo y al temor social. La ciencia y la técnica son un detalle superfluo, muchas veces prescindibles. Para eso está la “intuición”, que es el camino mas corto para conquistar anuncios de alto impacto mediático, que es todo lo que se necesita para luchar por el ¿medio ambiente?
De todas formas, si le interesa el caso de Esquel puede consultar el expediente 6.122/2003, donde consta el análisis y los organismos que intervinieron en la investigación.
En relación al caso Catamarca, puedo facilitarle la fotocopia de la historia clínica y el testimonio de los familiares y los profesionales que participaron de la junta médica, la que determinó finalmente que la niña andalgalense murió por una enfermedad congénita llamada Addison y no por el impacto de la minería como denuncian impunemente los ambientalistas.
Por si quedan dudas, en este mismo sentido concluyó el estudio realizado en la zona por la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI). Una institución de más 30 años de trayectoria que mantiene convenios con organismos como Fleming, prestigioso grupo de oncología en Argentina, la Universidad de Miami y otras instituciones de Chile, Perú y Estados Unidos.
Obviamente, el pseudo-ambientalismo no lo admitirá nunca, porque como dice Arthur Schnitzler: “Toda hostilidad se inicia con los pretextos más nimios, se continúa por motivos de peso y se concluye con las excusas más falaces”. De manera que las pruebas que me solicita son para usted, que está molesto/a porque deduce que no es la primera vez que estas organizaciones pseudo-ecologistas “le quieren tomar el pelo” con el verso de que quieren “informarlo” para que tome “conciencia”.
Ni hablar del yaguareté hembra que Greenpeace no pudo volver a encontrar en la selva salteña. El ternero sustituto pasó a la historia como “el vacuno satelital”, luego de que un sujeto de apellido Corro los denunciara por la deuda y por intento de estrangulamiento al animal usado como cebo para los incautos.
Silencio!!!, no vaya ser cosa que se filtre también que Greenpeace “montó” una filmación (que groseramente llaman documental) donde se mostraba a cazadores “pagados” para matar y torturar focas. Por estos procedimientos la famosa ONG multinacional pseudo-ecologista ya tiene varios reveses judiciales en el mundo. Por citar algunos: en Noruega, Brasil y Canadá, en la mayoría de los casos por falsificación de documentos e información. Caramba, toda una reputación de envergadura “internacional”, y tan compasivos, sensibles y piadosos que parecen.
Dé marcha atrás y gire a la derecha
¡Pero se acabó la farsa!, dijo la gente en Andalgalá (Catamarca), harta de mentiras y violencia, e inició el proceso inverso. Ya no hay marchas multitudinarias y el No en las urnas a los activistas extremos fue un contundente mensaje de apoyo a Minera Alumbrera y al proyecto en ciernes denominado Agua Rica.
La gente se cansó de los cuentos de los supuestos ambientalistas y la lentitud de la Justicia, de la que ya no espera “casi” nada. Directamente les sacaron el apoyo o se expresan en sentido contrario al ecologismo sensacionalista. En ese mismo camino parecen encontrarse otras provincias que se vieron igualmente engañadas en su buena fe.
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(*) Columnista del diario La Unión, de San Fernando del Valle de Catamarca.







