El bacilo se propaga velozmente en los núcleos más desfavorecidos de la periferia de las grandes ciudades. Los expertos urgen medidas excepcionales para acceder a estos enfermos.
Entonces, una revisión sobre la estrategia DOT, avalada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para luchar contra la tuberculosis, concluye que "no hay ninguna evidencia de que el uso rutinario de esa intervención en los países con ingresos bajos y medios mejore los índices de curación y el cumplimiento de la terapia en estos enfermos".
La OMS, sin embargo, no comparte esta opinión.
Pero la historia reciente de la tuberculosis es la de un fracaso científico y político.
Existe un tratamiento pero su administración es compleja, con combinaciones de distintos fármacos durante un periodo mínimo de seis meses, y su eficacia es cada vez más limitada por el aumento de resistencias.
Al mismo tiempo, más de la mitad de los casos, alrededor del 65%, no se diagnostican. A pesar de que en 1991 la OMS declaró la enfermedad una emergencia global, cada año dos millones de personas mueren por tuberculosis.
"Las estadísticas globales sugieren que solamente el tratamiento de observación directa [DOTS, las siglas del programa global de la OMS lanzado en 1993] no es suficiente para lograr los objetivos de 2015", reducir a la mitad la prevalencia de la enfermedad, según escriben en la última edición de 'The Lancet' Mario Raviglione y Mukund Uplekar, de la Organización Mundial de la Salud.
La revista británica reprodujo un nuevo plan dirigido a reforzar la estrategia global contra la tuberculosis, desde el ámbito de investigación al desarrollo de programas locales de asistencia.
El programa, llamado 'Stop TB Strategy' y anunciado en el mes de enero en el Foro Económico de Davos, refuerza las distintas iniciativas lanzadas en los últimos años por distintas compañías privadas y centros académicos y configura una nueva agenda internacional para luchar contra la epidemia
A pesar de que los fármacos para la tuberculosis están disponibles desde 1940, la enfermedad mata cada año a 2 millones de personas, la mayoría en países en vías de desarrollo.
Los pacientes necesitan tomar el tratamiento durante al menos 6 meses, pero muchos no lo completan. Ésta es una de las principales razones por la que han aparecido resistencias a los medicamentos y una de las mayores dificultades para acabar con la tuberculosis.
Con la intención de mejorar la adherencia a la terapia de estos enfermos se implantó la estrategia DOT (siglas en inglés del tratamiento bajo observación directa), que requiere la colaboración de los trabajadores sanitarios y de los familiares, que son quienes tienen que observar regularmente que el paciente toma sus fármacos.
El tratamiento bajo observación directa se utilizó primero en la India y Hong Kong en la década de los 60 y en la actualidad está ampliamente recomendado para el control de la tuberculosis.
Sin embargo, "después de más de una década de investigación no hay evidencias de que la política en la que los profesionales sanitarios vigilan cómo los pacientes toman su terapia (la estrategia DOT) sea mejor que la política en la que los individuos toman los fármacos en su casa bajo su propia supervisión", reconoce a elmundo.es el profesor Jimmy Volmink, coordinador de la revisión.
Ante los resultados de su trabajo, que aparecen en la revista de la Cochrane Collaboration (una organización internacional que se dedica a revisar las evidencias científicas sobre los tratamientos médicos), los investigadores, de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Sudáfrica, indican que dado que "la DOT es una intervención cara no parece haber razón para aplicarla como rutina habitual hasta que se sepa con certeza en qué situaciones puede ser más beneficiosa".
Análisis de 10 ensayos
El objetivo de la revisión de la Cochrane es comparar la estrategia DOT con la administración personal, sin control, de la terapia en pacientes que requieren el tratamiento porque tienen la enfermedad activa y en aquellos individuos que toman los fármacos como profilaxis para prevenir la tuberculosis.
Después de analizar detenidamente 10 ensayos, con 3.985 participantes, los investigadores están convencidos de que "no existe diferencia significativa entre la DOT y la administración personal del tratamiento en cuanto al número de pacientes curados ni en la cantidad de enfermos que siguen correctamente la terapia".
Siete de los estudios incluidos en la revisión se habían realizado en países con ingresos medios y bajos:
> 1 en Pakistán,
> 2 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica),
> 2 en Tanzania,
> 1 en Tailandia y u
> 1 en Suazilandia.
Los otros 3 ensayos se hicieron en países ricos: 1 en Australia y 2 en USA.
El coordinador de la revisión cree que "hasta que se pueda determinar con rigor en qué casos funciona la estrategia DOT, los recursos deberían emplearse en acciones destinadas a estimular la motivación del paciente y a proporcionarle apoyos e incentivos".
Los autores indican que algunos trabajos anteriores sí habían señalado que la DOT era eficaz.
Sin embargo, explican que "en esos estudios no estaba bien separada de otros elementos, lo que ha llevado a confusión a la hora de evaluarla". Según el profesor Volmink "los estudios que mostraban beneficios de la estrategia DOT no separaban sus efectos de los de otras intervenciones que se introducían al mismo tiempo".
Con el paso de los años la DOT se ha convertido en algo mucho más complejo que la simple observación directa, como recoge el artículo, y por eso ha sido difícil determinar, hasta la fecha, qué beneficios se debían exclusivamente a esa estrategia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye desde 1993 la estrategia DOT dentro de un programa más amplio, llamado DOTS (tratamiento breve bajo observación directa), con 5 puntos clave:
> acuerdos políticos,
> mejorar los análisis de laboratorio y el diagnóstico,
> la observación directa del paciente (DOT),
> el suministro de fármacos y
> la monitorización del paciente.
Este organismo internacional considera que el DOT es clave en el éxito de este programa y lo sigue incluyendo en su último plan contra la tuberculosis, lanzado en el mes de enero.
Sin embargo, para el profesor Volmink "no hay resultados que justifiquen el uso rutinario de la DOT en los programas de tuberculosis, por lo que se deberían mantener únicamente los otros cuatro aspectos".
Además, el autor reconoce a elmundo.es que durante los últimos 10 años "la OMS se ha negado a aceptar la validez de nuestros descubrimientos. Muchos colegas que trabajan con pacientes con tuberculosis están de acuerdo con nuestras evidencias, pero no lo expresan públicamente por temor a la OMS, que presiona a los países para que apliquen esta estrategia".
El gran fracaso de la OMS contra la tuberculosis
9 millones de casos nuevos y 2 millones de muertes cada año. Es el último balance presentado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la tuberculosis, la enfermedad infecciosa más vergonzante del planeta: a pesar de ser curable -su tratamiento se conoce desde hace más de 60 años-, es la que más muertes ocasiona a nivel global.
19 de abril de 2006 - 00:00








