Fascismo en la FUBA (2): La democracia no es algo formal

Una reflexión: estos desórdenes probablemente no ocurrirían si el Presidente no hubiese alentado otros, más complejos y que ahora pretende desandar.

Al autor, estos apuntes le sobraron de una participación en el programa Hora Clave, que conduce Mariano Grondona, y aprovechó para subirla a su blog personal:

(De Alejandro Rozitchner). Alterini ocupó un cargo secundario en el 81 y el 82. El fanatismo que supone que todo el que estuvo en la municipalidad en esas fechas nos llevaría a tener que echar a bedeles y ordenanzas. Mejor: a todo el que estuvo en Argentina en esa fecha y no se hizo matar, ¿está bien así?
¿Hay algo en la justicia contra Alperini?
Porque otros rompieron la ley y no respetaron los derechos ahora uds se creen autorizados a hacer lo mismo. Es fascismo puro, que se disfraza de justicia.
Pregunto: el rector Jaim Etcheverri, en vez de hacer declaraciones respetuosas frente a personas que no respetan, ¿no es responsable de garantizar que las elecciones puedan realizarse? Es gracioso con que facilidad el tema moral, el tema de los derechos, en la Argentina impide la realización concreta de esos derechos.
"Desde el 4 del actual los alumnos del Colegio Nacional no concurren a clases debido a esta lamentable situación", dice una mujer en una carta de lectores a La Nación. El espectáculo de la resistencia. Pero no es resistencia a la injusticia, es resistencia al crecimiento, al esfuerzo, a la ley. Tiene mucho glamour la protesta, pero no sirve para nada.
El tema de fondo: la creencia de que la denuncia crea valor. ¿Qué tipo de valor crea? El valor narcisista de poner al que protesta en una supuesta superioridad moral que no resulta visible en los hechos, no se acompaña con logros. Ni los países, ni las universidades, mejoran gracias a la protesta. Hace falta otro tipo de virtudes: trabajo, creatividad, paciencia, innovación, apertura mental.
La Argentina que se queja y protesta, la que cree que las cosas van mal por culpa de algunos malos (que además están ya envejecidos, extenuados, destruidos por su propia miseria humana) es una Argentina impotente, que se hace la brava por no querer hacerse cargo de sus verdaderos problemas.
Los grupos minoritarios, que no logran adhesión por su capacidad o por sus propuestas, utilizan el argumento del pasado para impedir a la sociedad hacer uso de su libertad. Es el mismo juego conocido de siempre: hablando de la libertad la impido. Hablando de los derechos los neutralizo. Hablando del bien hago el mal.
Protestar queda lindo, pero en muchos casos es ya un acto de intolerancia y fascismo. Las cosas que la Argentina no tiene no nos las sacó nadie: somos nosotros los incapaces de tenerlas. ¿Cómo aprendemos a generar riqueza y a distribuirla bien? El camino no parece ser el de la acusación y la anulación de las libertades democráticas.
El que opta por la protesta no entiende algo básico: el bienestar no se logra a través de la denuncia y el reclamo, hay que hacer algo más, hay que ser capaces de trabajo e invención, hay que generar una moral de imaginación y ganas de vivir, no de resentimiento y reproche.
La democracia tiene sus defectos: la idea de preguntarle a todo el mundo sobre temas que no entiende parece mala idea. Pero es el mejor esquema político que conocemos. La democracia tiene sus buenos desastres en la conciencia: a la hora de administrar el país generó una pobreza inmensa. Las alternativas fueron sin embargo peores: ser demócrata no tiene que ver con decir cosas lindas sobre la justicia social, sino con la idea de preferir el problema de tener que ponernos de acuerdo al problema de matarnos. Es un avance.
El problema, en todo caso, y considerando la experiencia de otros países, no es tanto el del sistema democrático sino el de quienes lo usan para expresar su capacidad de vida.
Quien entiende la democracia como una cuestión de retórica no entiende cómo funciona una sociedad. No se trata de reclamar.
"No quiero un facho como rector" dice un estudiante, cometiendo dos errores: el aludido supuesto facho no representa más que los vaivenes de la sociedad real argentina y no se ajusta a la descripción de fascista o represor; el estudiante con su intolerancia se ubica mucho más en el lugar de facho que un rector elegido por mayoría.
Es un truco que abunda en una izquierda que arruina la posibilidad de tener en la Argentina una izquierda inteligente y madura: tratar de facho a todo el que piense distinto. ¿No es precisamente el procedimiento del fascismo, ese?
Hay una izquierda fascista a la que es necesario pensar con claridad. Decir "soy de izquierda" no es equivalente a decir "yo soy buena persona y todos los demás son fachos". Ese juego lo hacen quienes no quieren entender cómo es la realidad y cómo se ayuda a la gente que está sumergida en la pobreza.
No creo que haya que reprimirlos, porque de esa forma se enciende una mecha difícil de apagar, pero hay que encontrar la manera para no dejar que nos inunde ese fascismo infantil que hace tanto daño.
Eso no es izquierda, es fascismo infantil. Es una actitud que no está contenta hasta que descubre a alguien a quien acusar de derechista para poder dar rienda suelta a su intolerancia profunda. Les gusta pensar que hacen justicia, pero en los hechos la impiden.