Sr. Director:
"Más opiniones se suman al debate sobre Cromañón"
A continuación, los usuarios siguen opinando sobre el El debate sobre Cromañón en U24
A mi me parece que si Aníbal Ibarra es destituido, GANAMOS TODOS. Lo que aquí hay que tomar en cuenta, es si alguna vez fue o es idóneo para el cargo (creo que de eso se trata el juicio, aunque el propio Aníbal y su sequito quieran desviar la atención y "embarrar la cancha") y creo que esta demostrado que no.
Que siempre fue un inútil, que como única habilidad, tiene la de acercarse a donde "el sol mas calienta". Creo que con esto solo, no merece ser jefe de gobierno
Para mi es una alegría que lo hayan destituido, y espero que la próxima "destitución" se la den los votos cuando se presente a algún cargo.
Saludos
Ariel
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Sr. Director:
En 1956, epidemia de polio, epicentro Capital Federal y alrededores. Soy de Mar del Plata, de paso por Bs.As. enero 1956, con 11 años. Contraje el virus, que se declaró 20 febrero 1956. ¿A quién culpo? y fuimos muchos los afectados por la epidemia, con secuelas y muertos.
Aún hoy en el riachuelo, análisis de sus aguas, contienen virus de polio.
Me tomó todo, excepto diafragma. Cumplí con mi servicio militar obligatorio en campo de mayo, Escuela Lemos Tropa.
Así es la Argentina. Golpes militares, nunca declarados, ilegales por la Corte Suprema. ¿A quién culpo?
Así es la Argentina. ¿Golpes civiles en democracia? Contra funcionarios electos por el pueblo y con buenos porcentajes en los resultados electorales. ¿Qué es esto?
Así es la Argentina. En el foro de U24, opiniones de muy letrados contra la editorial, sin aportar propuestas integrales, para esta mi Argentina.
Comencé con toda esta lata, para concluir que en esta Argentina, sólo funciona si me toca a mí.
Sino por algo será. Con el resultado del juicio, desde hoy ¿qué cambió?
Cordialmente.
ALS
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Sr. Director:
Con respecto a la carta respondiendo a la Sra.La Fuente, una vez más coincido plenamente con Ur24 y su director.
Ha sido vergonzosa la politización que se hizo del caso, desde el primer momento y Ud. hoy nuevamente ha transparentado la situación.
Le saluda respetuosamente
Raquel Cunto
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Sr. Director:
Desde el comienzo de la tragedia, que me tocó de cerca en la labor periodística, encontré mezquindades; de un lado y de otro. Encontré aprovechamientos políticos, de un lado y de otro; y encontré mucho dolor y poca justicia.
Quizá las Instituciones argentinas, amparadas en su adolescente democracia, nos tengan acostumbrados a sus falencias, a sus inexactitudes, y hasta a su corrupción. Esa de la que todos hablan y pocos hacen algo para que desaparezca, porque cuando se habla de corrupción, se piensa en el que recibe el sobre, y pocas veces en el que lo entrega. Tampoco se piensa que la sociedad argentina es corrupta cuando se jacta de la viveza criolla para infringir cuanta Ley se sancione en las imperfectas Legislaturas (pero las únicas que, por suerte, al menos, tenemos); o cuando se le ofrece "la plata para la pizza" al policía que le pidió papeles del vehículo o lo reprendió por pasar la luz en rojo. Claro, después nos rasgamos las vestiduras cuando ese mismo automovilista corre una picada o atropella a alguien.
Esa es nuestra realidad. Esa es nuestra sociedad. Y el reflejo de todo este sistema compuesto por la clase dirigencial y por la sociedad misma, es lo que se vio hoy en lo que considero, una burla a la memoria de cualquier muerto en el incendio del 30 de diciembre de 2004.
Probablemente sea harto difícil ponerse en la piel de cualquier padre que haya perdido allí un hijo, y por eso, los eximo del análisis de la flamante destitución del Jefe de Gobierno.
Ellos, los padres, equivocados o no, tienen derecho a decir y pedir lo que quieran, incluso, la lapidación de Ibarra en la Pirámide de Mayo. No tienen derecho a hacerlo. Para eso están los mecanismos que deben poner paños fríos, buscar un equilibrio y sí otorgarles a esas familias lo único que les devolverá en parte, la paz perdida en la trágica noche: la justicia.
Sin embargo, en nombre de una democracia joven, escondemos las mezquindades, las trenzas y las debilidades de quienes debieran haber tenido otro rol en este acontecimiento que se convertirá en histórico.
Nuestros hijos y nietos van a ver en los libros de texto futuros, que el 7 de marzo de 2006, por primera vez, un juicio político logró destituir a un Jefe de Gobierno porteño. ¡Qué hazaña! ¿Y ahora qué? ¿Ya está? ¿Los culpables pagaron? ¿Alguien va a ir preso? ¿La conciencia de alguien está más aliviada? ¿El dolor de alguien está más mitigado?
Probablemente cuando esos mismos padres que tras escuchar el décimo voto por la destitución lloraban, se abrazaban y vitoreaban se den cuenta que nada cambió, entenderán cuánto se dejaron usar, pero también, cuánto, con su por momentos desmedida presión (pública y privada), con la intimidación hacia los legisladores y con el buscar que los medios y los periodistas tomemos partido "por los más débiles", porque eso es lo "políticamente correcto", han convalidado no un juicio político, sino un circo romano.
Lejos está todo esto de reflejar alguna mínima partícula de justicia. Lejos están muchos medios de demostrar equilibrio, y mucho menos, independencia, una palabra que de cualquier manera, aplicada a la libertad de prensa, en los últimos meses ha ido desapareciendo.
No es ésta, ni remotamente, una defensa a Aníbal Ibarra, pero sí, un pedido a gritos de que se termine con la falacia de creer que su destitución es un bien necesario para la sociedad; o que es sinónimo de justicia.
Nadie duda, a esta altura, que muchas cosas se hicieron mal en la administración porteña para que el desenlace hayan sido 194 muertos.
Sin embargo, nadie habla de la irresponsabilidad (yo diría de la criminalidad) de quien encendió esa bengala. No se habla de la culpabilidad de quien hasta entonces, lo consideraba parte del "folklore" del rock. No se habla de la toxicidad del material (no ignífugo, además) o del animal (con el respeto que merecen los animales) que cerró las puertas con una cadena. Criticar o no al grupo Callejeros que convivía con bengalas en sus recitales a diario, y que no decidió enérgicamente suspender el recital sino hasta que el fuego consumía el techo, divide las aguas de los sobrevivientes y familiares.
Poco importó la coima que recibían los policías que debían poner fin a muchas de estas irregularidades. No es Aníbal Fernández quien fue encontrado responsable por ser la máxima autoridad de la fuerza policial porteña (porque la Ciudad, además, no tiene su propia policía). Es el otro Aníbal el que hoy pasó a la historia. Así, literalmente.
Personalmente creo, que sin lugar a dudas le caben al ex Jefe de Gobierno muchas responsabilidades, por acción u omisión. No saber o no poder administrar eficientemente un área de su gobierno requiere que de respuestas a sus ciudadanos. Requiere que tenga, incluso, si fuera necesario, la grandeza de dar un paso al costado, o de someterse al rigor de cualquier proceso jurídico y político contemplado para tal fin. Pero merece, que ese proceso sea serio. Y más que merecerlo él, lo merecen los familiares de los 194 muertos, lo merecen las memorias de esos muertos, y lo merecemos todos como sociedad.
Ibarra puede ser responsable de muchas cosas, pero difícilmente, sea el "culpable" de semejante tragedia.
Si alguna vez queremos dar cátedra de democracia y ufanarnos de lo que nos costó conseguirla, hay que saber mantenerla, pero no desde lo discursivo (que hoy abundó y hasta rozó el ridículo en el recinto), sino desde los hechos.
Seamos maduros. Seamos sinceros. Separemos culpables de responsables. Que no nos mientan más. Basta de esconder la mugre bajo la alfombra y el hijo mogólico en la pieza del fondo. Basta de quienes dicen que no buscan nada, pero están agazapados con cuchillo y tenedor. Basta también, de quienes antes hacían campaña y pedían el voto para Ibarra en una alianza progre de centroizquierda, y ahora para no reconocer que es preferible estar de la otra vereda y soltar la mano, hablan de "libertad de conciencia". Basta de tanta hipocresía.
Cuando al Presidente Kirchner le interesaba que el proyecto del Consejo de la Magistratura, impulsado por su mujer, la Senadora por Buenos Aires Cristina Fernández, fuera aprobado sin modificaciones, no dio libertad de conciencia. Operó, presionó, cambió figuritas y esperó la planilla de la votación, como Suar y Villarruel la de los raitings.
Hoy no hubo pertenencia partidaria. Hoy hubo una deliberada "libertad" para que parezca que no hay presión, cuando en realidad lo que se sucedió fue la posibilidad de deshacerse de un lastre que iba a pesar demasiado en el camino para 2007.
"Es la política, estúpido". La frase se inmortalizó en Estados Unidos, pero aplica a la perfección, día a día, en la Argentina. Y lo peor, es que los estúpidos, nunca son ellos. Siempre somos nosotros, que 500 años después del descubrimiento de América, aún nos deslumbramos por espejitos de colores.
La única diferencia, claro está, es que ahora en vez de provenir de Europa, proviene de quienes nosotros mismos erigimos como políticos.
Silvana Varela
Directora periódico Enlace Provincial
Conductora programa Calle 53








