Pamuk: En honor de su padre

"Un millón de armenios y 30.000 kurdos han sido asesinados en estas tierras y nadie más que yo se atreve a hablar", confesó Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura 2006, un día de febrero de 2005, al periódico suizo 'Tages Anzeiger'. Él no podía imaginar la reacción en cadena que provocarían sus declaraciones: campaña de prensa, intimidaciones y amenazas, y un funcionario que pidió la destrucción de todos sus libros. Sin embargo, al recibir el Nobel eligió hablar de la Literatura como la esencia de la vida.

El escritor turco Orhan Pamuk defendió hoy, con entusiasmo sin igual, ante el auditorio de la Real Academia Sueca, el valor de la escritura.
Pamuk realizó el tradicional discurso del premiado con el Nobel de Literatura y, con numerosas referencias a su padre, por el que ha confesado sentir auténtica devoción, se alejó del duro alegato político que Harold Pinter, premio Nobel 2005, firmó el año pasado, y de aquellas declaraciones de Pamuk al 'Tages Anzeiger'.
El autor de 'Nieve' construyó una reflexión sobre la condición del escritor, sus miedos, su tarea y el proceso creativo, a partir de un objeto: la maleta llena con sus propios manuscritos que su padre le dio 2 años antes de morirse.
Ese objeto le dio nombre al discurso, 'La maleta de mi padre' (Babamin bavulu, en turco, idioma en el que leyó el texto el autor).
A diferencia de Pinter y de la austríaca Elfriede Jelinek, ganadora en 2004, quienes enviaron sus reflexiones pero no acudieron a la cita, Pamuk sí acudió a Estocolmo a disertar.
En torno a sus propias dudas sobre si abrir o no la maleta y sus miedos ante lo que podía encontrarse, Pamuk desgranó ideas, y descifró preguntas, así como analizó la relación con su progenitor -un escritor frustrado pero con una amplia cultura- y con su país, aunque sin entrar en cuestiones políticas.
Para Pamuk, la literatura se puede definir como "lo que una persona crea cuando se encierra en una habitación, se sienta junto a una mesa y se retira en una esquina para expresar sus sentimientos".
El Nobel dijo que escritor es alguien que dedica su vida a descubrir al otro ser que habita en su interior y trata de traducirlo en palabras para crear otro nuevo mundo y otro nuevo ser, "del mismo modo que alguien construye un puente piedra a piedra".
Pamuk lo ha definido como conocer las heridas que llevamos dentro y explorarlas pacientemente, "poseerlas y hacerlas una parte consciente de nuestros espíritus y escritura".
El precursor de esta forma de entender la escritura es, para él, el escritor y pensador renacentista francés Michel de Montaigne, a cuya obra le introdujo su padre.
Más que en la inspiración, "que nunca se sabe de dónde viene", el secreto del autor descansa en su "obstinación, su paciencia". No obstante, ha reconocido que es necesario algo de esperanza y de confianza, y que es la inspiración la que las proporciona.
Fe en la Humanidad
Pamuk afirmó escribir por "necesidad innata", por no conocer otra forma de ganarse la vida, por enfado contra el mundo, por pasión, por hábito, por la gloria y para ser feliz, entre otras razones.
Sus reflexiones sobre la literatura se entralazaron con otras sobre la vida del padre, por quien Pamuk reconoció su devoción y deuda; fue evidente que Pamuk le dedicó ese Nobel a su padre, al sacrificio y a la herencia intelectual que le dejó como legados.
"Aunque la esencia es el escritor indagando en su interior, no estamos solos, sino en compañía de las palabras de aquellos que vinieron antes, de las historias de otras gentes, de los libros de otras gentes, en definitiva, la tradición", explicó Pamuk. De ahí que él considere la literatura como la más valiosa creación de la humanidad "en su intento por entenderse a sí misma".
Otra de las reglas "eternas" de la literatura es, en palabras suyas, "contar las historias propias como si fueran las de otros, y contar las historias de otros como si fueran propias".
Su concepción de la literatura, explicó Pamuk, abunda en optimismo: cuando el escritor se encierra en su interior le poniendo, consciente o inconscientemente, una gran fe en la Humanidad, porque él cree que todos los seres humanos se parecen y, por tanto, deben llevar dentro de sí heridas similares y se comprenden.
Estambul, centro del mundo
Además, Pamuk ha confesado su conflictiva relación con su país, Turquía, las dificultades para ser artista, el provincianismo, la sensación de joven se sentirse lejos del "centro" del mundo -de Occidente-, y cómo ahora experimenta todo lo contrario.
Estambul, su ciudad natal, es ahora el centro del mundo, dijo él, porque los últimos 33 años ha narrado sus calles, gentes, días y noches, de modo que "este mundo que he hecho con mis manos, que sólo existe en mi cabeza, es más real que la ciudad en la que vivo".
Pamuk cerró su discurso con un emotivo recuerdo: el apoyo de su padre cuando le dio a leer su primer libro, 'Cevded y sus hijos', cómo confió en él y le dijo que algún día ganaría el Nobel.
Ahora que lo ha logrado, Pamuk dijo lamentar que su padre haya muerto en 2002 y no hubiese estado presente en ese momento en el auditorio.