"Ni yankis ni marxistas / Pe-ro-nistas": Gran costo político del Gobierno por el bochorno de sus aliados

La metodología de la violencia ha sido incorporada por el gobierno de Néstor Kirchner desde los días cuando toleró los 'piquetes', la ocupación de una comisaría por Luis D'Elía y otros vandalismos. Ahora la única diferencia fue que la violencia la ejercieron entre los presentes cuando estaban las cámaras de TV. Aquí, secuelas de un día kirchnerista:

Diego Schurmann en el diario Página/12:
"(...) Los incidentes tuvieron como protagonistas a los afiliados de los gremios de la construcción y de camioneros, quienes pugnaban por una posición privilegiada frente al escenario cuando los restos de Perón aún se encontraban en camino.
(...) Hace diez años, en agosto de 1996, un congreso confederal de la CGT terminó en un enfrentamiento a balazos en el predio del gremio mercantil en Ezeiza. Aquella vez los contendientes fueron Camioneros y la Uocra y hubo dos heridos graves. Tres meses después, esos gremios volvieron a pelearse. No hubo balas, pero sí cadenas y palos.
(...) A las 15.30, entre los seguidores de Hugo Moyano que habían sido desplazados hacia una de las entradas apareció un hombre con un revólver, apuntó y disparó varios tiros. Hubo impactos en uno de los portones de entrada. Anoche lo identificaron como Emilio Miguel Queiroz, custodio y chofer de Pablo Moyano, el hijo del titular de la CGT. La policía informó que no hubo ningún herido de arma de fuego. La reyerta obligó a los muchachos del líder camionero a replegarse en las afueras de la quinta. Se vio allí a jóvenes con puñales.
(...) Anoche, un comunicado del gremio –que tiene historia de enfrentamiento con los camioneros– desligaba a los suyos de los incidentes y, en cambio, señalaba a supuestos infiltrados que se cubrían la cara.
A media cuadra de la quinta, en el Club Deportivo San Vicente, decenas de efectivos de la Guardia de Infantería se mostraban estáticos aguardando la orden de algún superior. Delante de sus narices pasaban los camioneros con heridas de batalla.
(...) La esquina de Lavalle y Eva Perón, uno de los vértices de la quinta, fue el segundo campo de batalla. Desde afuera, los camioneros hicieron llover palos y piedras hacia dentro, donde se apiñaban los trabajadores de la construcción. Se dijo que también había piqueteros K, algo improbable tratándose de un acto organizado por el peronismo ortodoxo.
(...) –Vamos tortugas ninjas, hagan algo –gritó uno camionero, fuera de sí, cuando, después de larguísimos minutos, comenzó a moverse la Infantería.
Los gases lacrimógenos disparados hacia uno y otro lado del muro dispersaron a los luchadores. Atrás quedó un policía, a quien literalmente molieron a golpes, y también algunos trabajadores de La Plata, identificados con la Uocra y el ex funcionario duhaldista Antonio Arcuri.
(...) La tranquilidad duró lo que la luz de un fósforo. Apenas la cureña se detuvo frente al estrado, volvieron los forcejeos. Otra vez los de la Uocra comenzaron a correr a los camioneros munidos de palos. "Ni yankees ni marxistas, pe-ro-nistas", empezaron a entonar los dirigentes desde la tribuna, buscando detener lo que no podía la Infantería. "Olelé, olalá, si ésta no es la Uocra, la Uocra dónde está", se envalentonaron los muchachos mientras el monseñor Agustín Radrizzani bendecía los restos negando lo que sucedía unos metros más allá (...)".
Atilio Bleta en el diario Clarín:
"Estos no aprenden más", le dijo Néstor Kirchner a un alto funcionario que —teléfono mediante— le contó al Presidente los primeros enfrentamientos facciosos que arruinaron la ceremonia. Los dardos del despacho presidencial tuvieron un destinatario central: el camionero y titular de la CGT, Hugo Moyano, hombre con amplio acceso al despacho presidencial y uno de los quedó en el centro de la escena de los incidentes de ayer en San Vicente.
(...) Sin embargo, en la Casa Rosada se esmeraron por precisar que el grupo agresor, el que estaba adentro de la quinta de San Vicente convertida en mausoleo, estaba capitaneado por Juan Pablo Medina, secretario de la Unión Obrera de la Construcción de La Plata, uno de los pocos lugares de relieve que siguen alineados con Eduardo Duhalde.
Se trata de una revelación para nada inocente que parece esconder la pretensión de no dejar solo en medio del incendio a Moyano".
Joaquín Morales Solá, en La Nación:
"(...) Néstor Kirchner nunca estuvo de acuerdo con el lúgubre acto de necrofilia de ayer. Incluso, anticipó que no iría cuando la CGT y las resucitadas 62 Organizaciones Peronistas (el histórico brazo político del gremialismo justicialista) anunciaron el traslado de los restos de Perón a San Vicente.
Llegó a apodar "grupo Mausoleo" a los líderes peronistas encabezados por el ex presidente Eduardo Duhalde, que imaginaron aquella quinta de fin de semana del primer Perón (el de las décadas del 40 y del 50) como el lugar de su descanso definitivo. Lo de definitivo es siempre relativo: los muertos nunca descansan para siempre en la Argentina.
Pero el todopoderoso presidente no puede decirles nunca que no a los dirigentes sociales en condiciones de sublevarle la calle, incluidos los barones del sindicalismo. Hugo Moyano le cambió la opinión con un par de parrafadas hasta el extremo de que Kirchner prometió hablar en el acto si le juntaban, como a él le gusta, miles de espectadores. Lo que Kirchner no imaginaba era que despuntaría allí la intacta vocación de poder de los dirigentes sindicales peronistas. (...)
No se pueden desvincular los actos de violencia de ayer con la violencia que se vivió la semana última en el Hospital Francés. En ambos casos, las fuerzas legales del Estado recibieron órdenes de no intervenir o sólo lo hicieron cuando ya la sangre manchaba el campo de batalla.
Ni tampoco esos episodios de la víspera son ajenos a los hechos violentos del sindicato de Moyano, que varias veces bloqueó las puertas de entrada y de salida de los supermercados, amparado por la absoluta impunidad. (...)

Mariano Thieberger en Clarín:
"(...) Sin ninguna duda, los incidentes en San Vicente serán un golpe muy duro para el futuro del camionero. Su suerte parece haber quedado ahora en manos del Gobierno. Y la buena relación que mantuvo hasta ahora con Néstor Kirchner no alcanzaría para mantenerlo a salvo.
(...) "Es una cagada, pero Hugo queda muy complicado", le reconoció a Clarín uno de los hombres del camionero en el consejo directivo de la CGT.
Los llamados "gordos" del sindicalismo —fuera de la conducción de la central obrera y enfrentados con Moyano— ayer festejaban el traspié del enemigo. "Lo que pasó fue una prueba más de las limitaciones de Moyano para ejercer su liderazgo", afirmó uno de los referentes de ese sector".

Martín Rodríguez Yebra, en La Nación:
"(...) Después del primer enfrentamiento, la Infantería de la bonaerense se apropió de la puerta 2, por donde debía entrar Kirchner. En las calles aledañas circulaba gente con la cara ensangrentada y las sirenas de las ambulancias que se llevaban a los heridos. Adentro, columnas enteras de simpatizantes peronistas -muchas mujeres con niños pequeños- escapaban del lugar. El museo de Perón quedó destrozado, incluidas algunas piezas históricas como el Mercedes-Benz amarillo que usaba el general. Por los parlantes sonaba la marcha peronista. Un vano intento de llevar calma. El Himno Nacional fue otro bálsamo de poco efecto.
A las 16, la incertidumbre nublaba San Vicente. En la ruta, los líderes sindicales frenaron el cortejo otra vez. A esa hora, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, avisó a la gente de ceremonial y a la custodia presidencial que Kirchner se quedaría en Olivos. (...)"

Mario Wainfeld en Página/12:
"(...) En la excitación de la transmisión en vivo, la señal TN tuvo un acierto de edición, que fue callar las voces en off mientras la cámara mostraba la batalla campal y el Himno Nacional resonaba por encima de la refriega. El efecto rememoraba la escena de Good Morning Vietnam, que amenizaba escenas bélicas con el tema "A Wonderful World" en la voz de Louis Armstrong. El resultado era similar, un subrayado de la irrealidad que se estaba viviendo, por tevé, en directo porque estamos en el siglo XXI, detalle que muchos protagonistas parecen desdeñar.
La primera pregunta: Dos preguntas se reiteraban en la Casa de Gobierno. La primera era por qué Kirchner –cuyos radares siempre están encendidos para detectar lo "que quiere la gente" y lo que la aleja– "compró" un evento que apestaba a naftalina, a mala fe, a apropiación del pasado. Y por qué, desconfiado como es, lo compró llave en mano. Las hipótesis más sensatas se hacían cargo de la cuerda floja que pisa el Presidente con el peronismo real, que es la base de su coalición de gobierno. La segunda, que nadie dice en voz alta, es que tal vez Kirchner se engolosinó con lo que podría haber sido el acto, con la imagen congelada ayer a las tres de la tarde: un día de solcito, miles de personas en la calle, el fervor popular, la leyenda que continúa.
Por lo que fuera, el Presidente se equivocó, emparentado con aliados cuya imagen pública poco puede deteriorarse porque ya es bajísima. No es el caso de Kirchner, lo que duplica el desagio que sufrió ayer, originado desde sus propias filas.
(...) Goles en contra: "Ojo con Arcuri, que jugaba su propio partido. Ojo con Graciela Giannettasio, que quiso convencer a Felipe de ir al palco cuando todo era un desastre". En algunos pasillos de la Rosada, la hipótesis del complot paga unos boletos a ganador.
Otros oficialistas optan por ver la viga en el ojo propio. "Pasamos la huelga del Garrahan, la de los subtes, las marchas piqueteras sin reprimir, las elecciones del año pasado sin escándalos. Y en una semana nos hacemos dos goles en contra, en el Hospital Francés y en San Vicente", meneaba la cabeza una prominente figura del Gobierno. (...)".
Lucio Fernández Moores en Clarín:
"Le dicen 'Madonna', como la cantante pop estadounidense. Y ayer, ocupó el centro de la escena. El ignoto Emilio Quiroz —de él se trata, según fuentes de la investigación—, chofer de Pablo Moyano, el hijo del líder de los camioneros y titular de la CGT, Hugo Moyano, logró eclipsar al mismísimo general Perón en un 17 de octubre.
Anoche lo buscaban en su casa de Longchamps y en los lugares por los que suele andar. Es mendocino. A la tarde, unas horas antes, había desenfundado su pistola Bersa calibre 9 mm para repeler los ataques con piedras de los manifestantes de la UOCRA. Por suerte fue la única pistola que se disparó.
(...) La pistola, del modelo Mini Thunder, cuesta alrededor de mil pesos. El la sostenía de su mano derecha.
(...) Fuentes de la investigación sospechan que "Madonna" ya había empezado a disparar antes que lo captara la cámara de Héctor Pérez, del canal Todo Noticias (TN), ubicado a una distancia prudencial. Y se cree que llegó a disparar doce veces. Su pistola carga trece balas. La fiscal Leyla Aguilar se acercó a última hora hasta la quinta de San Vicente para retirar junto a la Policía las vainas de las balas disparadas por el agresor.
Anoche fue imposible comunicarse con gente del gremio de Moyano, menos aún con él o su hijo Pablo. Fuentes gremiales y del Gobierno bonaerense sostienen que Quiroz es el chofer de Pablo Moyano. (...)
(...) Con su padre a cargo de la CGT, Pablo Moyano prácticamente figura en toda medida de protesta realizada por su gremio. Tanto en la Capital Federal como en el rincón más lejano del país.
En la página oficial del sindicato de choferes de camiones, Pablo Moyano figura como titular de una de las trece secretarías que tiene la conducción del gremio. La suya se llama "Secretaría Protesorero". Su misión es asistir al tesorero en la "administración de los recursos".
Además, está a cargo del departamento de Cuentas Corrientes, que "efectúa el control y cobranza a las empresas de los aportes al sindicato y la Obra Social". Cabe preguntarse ahora si para esas tareas su chofer también iba armado".