A los intelectuales 'progres' no les gusta Internet

¿Domina el pensamiento progresista los medios de comunicación? ¿Influyen notablemente los filósofos de izquierda a los partidos políticos? ¿Son tales ideas las que más escuchan las sociedades occidentales? Si hacemos caso de lo que piensan sus opositores, sin duda. La alianza entre el pensamiento de izquierdas, las instituciones de masas y los medios de comunicación sería una de las claves que explicarían las cosas que funcionan mal en nuestras sociedades.

MADRID, ESPAÑA (El Confidencial).- Pero, ¿realmente es tan importante la presencia de los intelectuales progresistas en los medios de comunicación? Así lo afirma Pedro Fernández Barbadillo, periodista y profesor en el Instituto Ángel Ayala de la universidad San Pablo-CEU, para quien "los intelectuales de izquierdas dominan en Europa la fabricación de ideas y consignas desde 1945. La mayoría de los periodistas son de izquierdas o bien se comportan como si lo fuesen porque desean adaptarse al discurso dominante y así vivir más tranquilos, como hormigas en un hormiguero. La hegemonía izquierdista en el periodismo se está rompiendo gracias a Internet, lo que está ocurriendo en España y Estados Unidos. Por eso se producen tantos ataques, por parte de los periodistas e intelectuales progres, a los periódicos digitales y los blogs. Un columnista de El País habló hace poco de los ciberfachas. Como no controlan ni entienden Internet, su reacción es deportarlo a Siberia".
La segunda pregunta tendría que ver con la incapacidad de los medios políticos para distanciarse de las ideas que surgen del entorno intelectual. En ese sentido, mayo del 68 continúa siendo la referencia de un modo de hacer que, según los medios conservadores, no ha desaparecido de nuestra actualidad. Para Fernández Barbadillo, la del 68 "es la generación, que como dice Paul Johnson, quería el poder para ejercer de profesores sin estudiar ni trabajar, y la que presenta más banqueros con pasado revolucionario. Su influencia se nota en la enseñanza, en el cinismo que se extiende a todas las actividades de la persona, desde el trabajo al matrimonio, en la soberbia como primer criterio intelectual y en la hipersexualización de todo comportamiento. Se diría que los cincuentones y sesentones, como si fuesen adolescentes, siguen colocando el sexo a la cabeza de sus planes... junto con el enriquecimiento".
Las consecuencias de aquellos tiempos, para Santiago Abascal, diputado del PP vasco y autor de La farsa de la autodeterminación (Ed. Áltera, prologado por José María Aznar), tendrían que ver con "el complejo que atenaza a la sociedad española en esa materia, donde está mejor visto definirse de izquierdas que proclamarse de derechas. El intelectual de izquierdas siempre se muestra; el de derechas -en cambio-, bien sea liberal o conservador, evita hacerlo en muchas ocasiones. El motivo podemos encontrarlo en que aquellos que se definen de derechas ven reducida su presencia en el espacio público".
Complejos del franquismo
Pero habría en España alguna especificidad más ya que, según Abascal, "perdura el complejo de culpa absurdo causado en la derecha por el franquismo y el de superioridad de la izquierda derivado del mismo franquismo". La consecuencia última sería que "la derecha -a veces- dice estar defendiendo los valores de la izquierda -y que ésta ha abandonado- y se refiere a la libertad, la igualdad y la solidaridad. Eso es una insensatez. Esos valores no son patrimonio izquierdista ni derechista. Son patrimonio nacional, representan la columna vertebral de España y de la civilización cristiana". Posturas de este orden han llevado también a que la izquierda haya abandonado conceptos comunes, desde la perspectiva de Abascal. "En España es trascendental que la izquierda se entere de que la promoción del patriotismo como virtud cívica, y la defensa de la nación, sus símbolos y su Historia, no es cosa de la derecha. Es de todos".
Para el profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, Carlos Taibo, argumentos de este orden no tendrían demasiada validez y estarían relacionados con una postura anti-intelectual habitual en la derecha ("y en cierta izquierda", apostilla). Lo que ocurre es que, en los últimos decenios, "parece evidente que han ganado peso los intelectuales conservadores. Me atrevo a afirmar, más aún, que estos últimos son mayoría entre los intelectuales". Y ello a pesar de que las corrientes de pensamiento últimas en la derecha suelen utilizar un impulso ‘anti-años-sesenta’, en el que se contrapondrían dos perspectivas, la intelectual del 68 frente a la pragmática y realista de los conservadores.
Pero, según Taibo, "el pragmatismo que reivindica el discurso neoconservador se convierte en una crítica a los Estados del Bienestar pero a duras penas afecta, en cambio, a aquello que se reclamó en mayo de 1968. Y, además, calificar de pragmáticas las críticas que reciben los Estados del Bienestar es moderadamente equívoco: la apuesta neocon atiende a la defensa de intereses precisos de minorías privilegiadas y en modo alguno se preocupa por la resolución de los problemas y menos aún por el bienestar general". Pero el asunto llegaría más allá: "El fracaso general (a mi modo de ver, definitivo) de las propuestas económicas liberal-conservadoras es, sin embargo, tan sonoro como el que atenazó a la planificación centralizada a la soviética. Con el agravante de que, hoy, el vigor de las apuestas neocon bien puede dar al traste con la ingente capacidad que siempre ha mostrado el capitalismo para adaptarse a los retos más dispares".
Para Taibo, esta deriva de los neoconservadores incluye un elemento que trasciende los asuntos sometidos a discusión: "Con determinados discursos de la derecha es difícil, por no decir que imposible, tender puentes para buscar elementos de conexión. Y lo es por dos razones: si la primera subraya que el discurso correspondiente se asienta, ontológicamente, en la negación de la existencia de problemas mayúsculos -el hambre y la injusticia en el planeta, ante todo- y en la futilidad consiguiente de las propuestas para resolverlos, la segunda toma como fuente la permanente afirmación de quienes pensamos de otra manera, no es que estemos equivocados, es que somos tontos".
La izquierda, el mejor aliado de la derecha
Según el Premio Nacional de Ensayo y profesor de filosofía en la Universidad de Zaragoza, Daniel Innerarity "la derecha se justifica en cosas que son verdad (la figura del intelectual comprometido tiene ahora poco sentido, hay una crisis seria del Estado de bienestar, la Ilustración tiene unas contradicciones muy serias...) y encuentra el terreno despejado cuando la izquierda no se toma en serio esos asuntos y sigue concibiéndolos como antes. El mejor aliado de la derecha es la izquierda que no se toma en serio la problematicidad y complejidad de la sociedad contemporánea, que esgrime las viejas respuestas y que no ha entendido los nuevos problemas. Pero es contradictorio que la derecha, al mismo tiempo que critica la figura del intelectual, conceda a los intelectuales una importancia que no tienen en absoluto en nuestra sociedad. Vivimos en una sociedad en la que afortunadamente una idea no se hace efectiva sin líderes capaces de suscitar una amplia adhesión social".
Pero esa unión entre líderes e intelectuales está, para Fernández Barbadillo, plenamente vigente. "Ambos colaboran en el objetivo común de dominar la sociedad y las mentes. Los partidos buscan intelectuales orgánicos y éstos buscan organizaciones que les permitan acceder a tribunas de opinión, editoriales, universidades... En el escenario perfecto, los intelectuales contribuyen a crear una mayoría social que lleva al partido al poder y éste recompensa a su vanguardia con la imposición de sus libros como textos de lectura obligatoria por los escolares, y así el proceso se alimenta a sí mismo".
"La izquierda presume de popular, pero recurre al método del manifiesto de intelectuales, que constituyen una elite, para impresionar al vulgo inculto. Es un comportamiento muy parecido al de los ilustrados del siglo XVIII: nosotros, los listos, los señoritos, sabemos lo que es bueno para vosotros, los incultos y brutos, así que votadnos y aplaudidnos. Han abusado tanto de los manifiestos que de algunos de ellos, como Miguel Bosé y Ramoncín, se puede decir que son intelectuales porque sus nombres aparecen en las listas, no por sus obras de pensamiento. Que los manifiestos todavía impresionen en España demuestra la condición borreguil de muchos de nuestros compatriotas".
Por el contrario, Santiago Abascal cree que la unión de objetivos de partidos e intelectuales es lógica. Y digna de ser imitada. "Lo extraño sería lo contrario. La derecha debería hacer lo mismo y cultivar una intelectualidad afín, crítica pero afín. Nunca sectaria".