EDICIÓN i: “Sí señora, su hijo se pegó dos tiros"

En Las Heras, Santa Cruz, donde murió Jorge Sayago, seis meses antes ocurrió otro hecho violento con un policía. Un joven oficial llamado Sergio Chocobar, supuestamente se suicidó. Pero las irregularidades y el tufo a ocultamiento llegan hasta Río Gallegos.

RÍO GALLEGOS (Especial para EDICIÓN i). Las Heras es un pueblo de la provincia de Santa Cruz con 13 mil habitantes, distante 700 Km. de Río Gallegos, tristemente célebre por la manifestación de los petroleros que el 7 de febrero pasado terminó con la vida del oficial de policía Jorge Sayago.
 
 Pero Las Heras tiene una historia oculta, una triste historia urbana donde se habla de una altísima tasa de suicidios entre los jóvenes que ha dado lugar a estudios pormenorizados para establecer las causales por parte de UNICEF. No obstante, el cura párroco Luis Vicego lo asegura: hay muchas muertes dudosas, que en virtud de la mala fama de Las Heras, se tratan de ocultar tras la figura del suicidio.

 El 15 de agosto de 2005 en una pequeña casa del pueblo, en Ramos Mejía y Mitre, fue encontrado muerto un joven oficial de la policía provincial con un disparo en la cabeza. Su nombre: Sergio Chocobar, 23 años, para la policía y la justicia el chico se suicidó.  
 Para los padres fue homicidio.
 
 Hechos y dichos
 
 Sergio Chocobar, de acuerdo a quienes lo conocían íntimamente, más allá de su familia, era un joven sumamente aplicado, lo había sido en el secundario y durante los tres años que revistó como Cadete de la Escuela de Policía Eduardo Victoriano Tarec en Río Gallegos, de donde era oriundo. Ordenado con sus cosas, amable en el trato, trabajador social interesado en los problemas de la gente.
 
 La noche del 14 de agosto de 2005 fue visto en un boliche bailable de Las Heras, su último destino. A partir de allí sus superiores inmediatos le dirían a la familia que alrededor de las seis de la mañana pasó por la Comisaría a "retirar su pistola", caminó hasta su casa, aproximadamente a 10 cuadras de distancia, llegó, escribió una larga carta, se tomó casi una botella de Vodka, cargó la pistola Beretta 9 mm reglamentaria y se descerrajó un tiro en la sien derecha.
 
 Cuando aquella mañana llamaron a los padres, Alberto Chocobar y Lucerina Barrientos, para avisarles, no lo hizo ni el comisario ni el Subcomisario a cargo, sino una persona civil que nada tenía que ver con la policía.
 
 Lucerina Barrientos llamó urgente para hablar con una autoridad y pudo comunicarse con el segundo a cargo de la Comisaría de Las Heras, el Subcomisario Víctor
 
 Ramos. Este le confirmó: "Si Señora su hijo se pegó dos tiros".
 
 La pregunta no se hizo esperar del otro lado "¿Cómo dos tiros?". "No, perdón me confundí fue uno y en un rato más lo vamos a llevar a Caleta Olivia", rectificaría sospechosamente el oficial de policía.
 
 En la morgue de Caleta Olivia los padres encontraron a su hijo sobre una cama fría. Lucernina recordaría "nos entregaron a Sergio como si fuera un fiambre. Estaba desnudo y sucio tapado con una manta vieja sobre la camilla forense". Ningún superior de la policía estaba allí para recibir a los padres, nadie para aliviarlos en su dolor. Así empezaba a gestarse una historia que los propios progenitores descubrirían llena de contradicciones, ocultamiento e impunidad.
 
 Pruebas sospechosas
 
 Cuando el matrimonio se trasladó a Las Heras para recabar información de los jefes de su hijo, se llevaron una gran decepción.
 
 En primer lugar el Comisario Leonardo Fuentes a cargo de la Comisaría le dijo que Sergio se encontraba muy deprimido y la propia madre se preguntaba cómo podía ser si más allá que conocía el enorme espíritu que siempre guardaba Sergio, cuando ingresó a la vivienda de su hijo para reconocer el lugar advirtió una pulcritud y un orden impropio de una persona con la autoestima destruida.
 
 Las sospechas de los padres comenzaron a hacerse cada vez más notables a medida que avanzaban en la recolección de datos y conocimiento de los hechos.
 
 Se concentraron en los tiempos previos al desenlace que les habían indicado en la Comisaría y constaban en las actas de procedimiento. Por su cuenta hicieron en el recorrido entre la dependencia y la casa de Sergio, nada coincidía. No había tiempo material para que una persona en un estado emocional quebrado en quince minutos caminara diez cuadras, escribiera una carta de casi dos carrillas, se tomara una botella de Vodka (Sergio no bebía) y se disparara.
 
 Dentro de la casa los padres observaron que la trayectoria del disparo no coincidía con la posición del cuerpo sobre la cama y además prácticamente no había sangre en el colchón y solo una de las dos almohadas tenían manchas de sangre. No había rastros de sangre sobre la pared ni masa encefálica a pesar de haberse disparado con un grueso calibre.
 
 Las contradicciones y las circunstancias dudosas cada vez llamaron más la atención del matrimonio que comenzó a consultar a técnicos en la materia, a criminalistas y abogados. Descubrieron que Sergio fue encontrado por un grupo de amigos esa mañana, que la vecina no escuchó ningún disparo y que a pesar de eso nunca fue llamada a declarar.
 
 Se sorprendieron al enterarse que los jóvenes que aquella noche estuvieron con Sergio se esfumaron del pueblo. Incluyendo la chica que fuera su novia hasta quince días antes del suceso y hoy está en otra provincia recluida y amenazada.
 
 Lo mataron
 
 El suicidio de Sergio no tenía explicación para todos quienes lo conocían allí en Las Heras, incluyendo una psicóloga local con la cual Sergio Chocobar hacía tareas sociales en el pueblo.
 
 Alguien se acercó a los padres para indicarles que la relación de Sergio con el Subcomisario Ramos no era la mejor y que allí podría estar la verdadera causa de la muerte de su hijo. En esos días una voz anónima en el teléfono le aseguraba a Lucerina "Busque, investigue, Sergio no se suicidó, lo mataron."
 
 El Subcomisario Víctor Ramos poseía una extraña relación con Chocobar y éste le había confesado a su madre algunos días antes de morir que ya no aguantaba más la presión que el oficial ejercía sobre él.
 
 La relación fue deteriorándose por causas que nadie sabe ni ha explicado pero lo cierto es que al momento de morir Sergio, Ramos le había aplicado 175 sanciones disciplinarias en el lapso de 8 meses.
 
 Esto fue motivo para que en varias oportunidades, en las conversaciones telefónicas que tenía con su madre, le contara que se sentía perseguido por su superior y por esta razón los últimos días del mes de julio Sergio pidió hablar con el jefe de Policía, en ese entonces el Crio Gral. Silverio Llamazares a quien el joven oficial le solicitó que "lo sacara de Las Heras", pero por dichos de su propia madre solo él y Llamazares fueron los únicos que saben de qué se conversó aquel día en Río Gallegos. Sin embargo la Jefatura lo volvió a enviar a Las Heras y algo más de quince días después apareció muerto.
 
 Justicia sospechosa
 
 Diez días después de la muerte solicitaron una autopsia que hasta hoy 17 de abril de 2006 no fue efectuada. La jueza que entiende en la causa es Graciela Ruata de Leone, que tiene también a su cargo a la causa Sayago, y fue denunciada por los padres de Sergio por dilatar los tiempos por causas nunca explicadas. Curiosamente, cuando libró el oficio en dos oportunidades para se hiciera la exhumación, lo hizo con errores de procedimiento, con lo cual hoy siguen esperando que el cuerpo pueda ser periciado.
 
 "¿Qué esconden y quién lo esconde?", se repite Lucerina Barrientos con lágrimas en los ojos. El matrimonio denuncia que hay una suerte de ocultamiento y la expresa intención por parte del Fiscal de archivar el expediente.
 
 La justicia insiste en que Sergio Chocobar se suicidó. No obstante las pruebas que aparecen por fuera y dentro de la causa dejan grandes dudas sobre el particular. Los padres del muchacho aseguran que a Sergio lo mataron en otro lugar y luego lo llevaron a su casa.
 
 La última gran incógnita de la familia es que cuando llegaron aquel día a La Heras el propio Comisario Fuentes, ante el requerimiento de la prueba de parafina, le había dicho a la familia "dio positivo".
 
 Pero cuando accedieron al expediente se enteraron que la pericia para saber si la mano de Sergio contenía rastros de pólvora dado negativo. De acuerdo al Expte. CH.21161/ 05 "Pericia Parafina – Info Técnico: 131 SOL –DC. URN/05 – expresa Resultado: Negativo ambas manos"
  Lleva la firma del oficial Omar Romero.
  La justicia sostiene que por malos procedimientos y desconocimiento de los efectivos de policía que hicieron las actuaciones "en dos oportunidades lavaron el cuerpo de Sergio", primero en el hospital de Las Heras y luego en el de Caleta, sin embargo peritos de parte indican que aún así las incrustaciones de pólvora siguen dentro de la piel y es muy difícil que el parafinado de negativo en esos casos. No obstante Lucerina Barrientos confirma que, 12 horas después de la muerte, cuando lo vieron sobre una camilla en Caleta Olivia, el cuerpo de Sergio estaba sucio, al punto que ella y Alberto tuvieron que higienizarlo antes de vestirlo con el uniforme de policía.
 
 Otras dudas
 
 Tampoco se realizó ninguna reconstrucción de los hechos, no se preservó el lugar donde fue encontrado muerto el joven, no se realizó autopsia gastrointestinal para saber qué había ingerido, no se preservaron las pruebas, el colchón ni las almohadas; se ingresó al lugar varias veces sin ningún tipo de cuidado.
 
 De acuerdo al expediente, la extracción de alcoholemia la efectuó y refrendó oficialmente el oficial principal Omar Romero el 18/08/05 (Sergio murió el 15/08/05). Esta arrojó un resultado de 0,750 grs. /lts. Con 0,51 gs/lts no se le permite manejar a una persona porque se considera que no está en condiciones de mantener coherencia y reflejos adecuados. Entonces Sergio con 0,75 grs/lts debería haber estado semi inconciente o inconciente. ¿Cómo hizo en ese estado para escribir una carta y dispararse?
 
 Los amigos que lo encontraron tendido de cubito dorsal en la cama declararon que estaba con la mano armada sobre su pecho. Hay dudas sobre cómo el suicida puede pegarse un tiro y luego colocar la pistola empuñada sobre su torso. ¿Cómo producto de la potencia y el retroceso no saltó el arma de sus manos?, pregunta la familia.
 
 En relación con esto, en el Folio 14 de la causa hay una gráfica donde se detalla bajo la nomenclatura Nº 12 "pistola y cartuchos juntos en el piso, calibre 9 mm TDX 63785", pero en ningún momento se habla de vainas servidas o que éstas pertenezcan a la pistola que se muestra allí.
 
 Miles de dudas más se ciernen sobre los hechos de aquella noche y sobre la posterior actuación de la policía y la justicia. La carta póstuma fue periciada por la familia y no encontraron ningún elemento que los lleve a pensar que pueda haber sido escrita por Sergio. Los padres sostienen que la frialdad que muestra y la falta de precisión en algunos casos los lleva a pensar que la misma fue armada para la circunstancia.
 
 Encadenados a la causa
 
 Los oficiales Leonardo Fuentes y Víctor Ramos fueron trasladados de las Heras poco tiempo después en un confuso hecho donde se produjo la fuga de dos presos de la Comisaría. Quienes saben de estas cosas remarcan que periódicamente se producen evasiones y no por ello se traslada al jefe y subjefe de la Comisaría. Hoy ambos se encuentran prestando servicio y Fuentes fue ascendido por decreto.
 
 Los querellantes acusan a la policía de encubrir y a la justicia de ocultar la verdad. Aluden que hay razones políticas de por medio y señalan a su vez que las causales de la muerte de Sergio no pasan solamente por la mala relación con el Subcomisario Ramos, sino por el hecho de que el joven oficial habría estado en una investigación por tráfico de drogas donde vio o escuchó algo que selló su suerte.
 
 El matrimonio denuncia que la impunidad viene de las mismas estructuras del poder y acusan a la Jueza Ruata de Leone de estar trabando la causa de su hijo y pretender cerrar el caso. Por tal motivo intentan llegar a los máximos referentes de los Derechos Humanos tanto a nivel nacional como internacional y agotadas estas instancias los padres del oficial fallecido no dudarán en recurrir al último recurso que es la exposición mediática del caso encadenándose para ello frente al Juzgado de Pico Truncado donde desempeña sus tareas la Jueza Ruata de Leone quien está próxima a presentar su legajo en la legislatura provincial para acceder a un puesto en la Cámara.
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 Rubén Lasagno es el director de la agencia OPI Santa Cruz.
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