por RAÚL ACOSTA
UN HOMBRE QUE DA CON EL TARGET
Ya lo decidí: Tinelli Presidente 2015-2019
Marcelo Hugo Tinelli fue exitoso en los '90 pero ha sobrevivido. Maravilloso ejemplo de incombustión cultural: el 'modelo' lo reconoce exitoso en el siglo 21 pese a que hoy día ofrece una propuesta muy diferente a la que lo hizo famoso. 'El Bigote' escribió sobre tan curioso caso.
30 de agosto de 2011 - 00:00
ROSARIO (La Capital). Juan Pablo Baylac, hombre de la UCR, fue uno de los que primero popularizó el término. “Tinellización”. El dirigente y funcionario de Fernando De la Rúa decía: ”Tinellización de la política”.
Nada nuevo hay bajo el sol. La mujer del líder francés Sarkozy trabajó en la película de Woody Allen sobre el encuentro con los nombres del siglo XX en la más formidable reventa turística de la “ciudad luz”. Regina Paccini de Alvear cantaba ópera y el teatro con su nombre es una ofrenda. Los ultraístas franceses de la década del '60 sostenían que la crucifixión es el mejor modelo de la publicidad metiendo ideología en la masa. La tinellización de la política simplemente ubica, para el caso, la época.
¿De qué época es Tinelli? Asombra. Dos décadas aparentemente distintas. La del ’90. Fines del siglo XX y la de 2001 a 2011. Primera del siglo XXI.
Invitación. Buscar cuestiones aparentemente dispares o antagónicas entre ambas décadas y eso: asombrarse. Los argentinos hemos sido protagonistas de varias cuestiones en esos años. Dos veces Menem y una De la Rúa. La cacerola. Después una vez Kirchner y otra vez CFK . Estamos a días de otra reválida. Todas con el 50% de los votos positivos. Todas con Tinelli.
En “Naturaleza y Artificio” de Gillo Dorfles (Editorial Lumen, Barcelona, 1972) el autor dice: ”(...) ningún otro medio puede decirnos, mejor que el rating de los programas de televisión, cual es la situación ético estética en que un estado o país se encuentra. Y por otro lado – es inútil querer ignorarlo – ningún otro medio está en condiciones de influenciar con igual eficacia – benéfica o maléfica – en amplios estratos de la población…” (capítulo de valores éticos y estéticos del mensaje). Si esto está conocido hace tiempo en los sitios de estudio profundo del tema, que la síntesis aparezca en conclusiones de Juan Pablo Baylac y de este a los periodistas acreditados, no es mas que popularización de un presupuesto teórico que la práctica confirmó.
No puede alegarse inocencia o descuido en la intervención de Tinelli en el 2011. Usemos las mayúsculas. TINELLI ESTÁ PARTICIPANDO ACTIVAMENTE EN EL PROCESO POLITICO SOCIAL DE ARGENTINA. Como Mirtha, como Susana, como el fútbol. Biolcatti, dirigente de la sociedad agrícola ganadera portuaria, se equivoca al referirse a Tinelli como el agente transmisor de tonterías. La tontería es inherente al hombre. Tinelli la explotó de un modo en 2009 (¿recuerdan imitaciones de De Narváez, Reutemann, De la Rúa, Cristina?) y de un modo diferente ahora, en 2011. No podemos alegar inocencia. Ni el productor conductor ni el gobierno. Nadie.
Sería difícil que la presencia de Beatriz Sarlo en diversos paneles, también en redes sociales difundiendo esos paneles, no la haya convertido en una figurita de autógrafo en Supermercados y Bares al tono. Igual proceso sufrió el boxeador retirado ”la mole Moly”. La embestida de la fama se lleva puestos los mejores caireles. Vender libros tras los dichos públicos es una técnica eficaz. Libros o shows. Hay señoritas y señoritos que, después de su actuación televisiva, cobran por estar en fiestas de fin de semana. Cobran por “presencia”. Si bien el tango tiene razón y “la fama es puro cuento”, es muy eficaz para la venta de la persona o de sus trabajos, los que sean. Aumenta costos. Agranda beneficios. Todos queremos satisfacer a Andy Warhol y que nuestros quince minutitos de fama sean rentables. Todos.
Los límites, por su propia razón, viven corriéndose. Las barreras rompiéndose. Lo prohibido se vuelve común y lo sacro desacralizado. Así somos. Una de las últimas barreras era la división de roles. Un pacto de “la caja boba”. Cine con cine, noticieros con noticias, chismes con chismosos, analistas con aburrimientos y deporte con deportes. Se han corrido esos límites.
Graciela Alfano hace 40 años fue chica de tapa y de almanaques para talleres mecánicos, actual panelista de Tinelli, con fotos públicas que la muestran sentada en un baño haciendo lo suyo, ha sido la encargada de cruzar varios semáforos que, aparentemente, no estaban en rojo. Desaparecidos, dictadura, Videla, Masera y Agosti, robos de alhajas y propiedades, romances prohibidos han aparecido en programas de chismes por chismosos y de show por negociantes del negocio del espectáculo. También en serios programas políticos. Y en los de propaganda directa del gobierno son el eje. Todo pasa y todo queda. Graciela Alfano, que estaba viva en aquella larga noche, hoy es una “puertita abierta”. Peligroso juego.
El programa donde participa no tiene sorpresas, no es casualidad, los dichos no son casuales y acaso aparezca otro refrán: “no enciendas un fuego que no seas capaz de apagar”. El fin de la telenovelita o su continuidad dependerá de las variadas razones del rating, pero recordemos a Dorfles el rating muestra “… en qué situación el país se encuentra”… Graciela Alfano abrió la puerta. Sus dichos o el comentario sobre sus dichos o la denuncia de algo que fue o no fue abrió la puerta. Eso es lo que importa.
Si la Alfano se convierte en un revulsivo de Tinelli aún no se sabe. Tampoco se sabe si el tema es el resultado de sesudos estudios de mercadeo. Los técnicos, ¿indicaron o no indicaron que ya era hora que se cruzasen estas cuestiones en horarios centrales de canales abiertos a cualquiera?
Otro cruce de líneas han sido Reutemann y Scioli, Ricky Maravilla, Palito Ortega, Pichi Campana, Miguel Torres Del Sel. Quique Llopis fue un lío, Clotilde Acosta (Nacha Guevara) un testimonio, del mismo modo que Morgado fue un papelón. En algún momento lo que parece sacro (allá) se convierte en normal del otro lado del espejo (acá) Ídolos que pierden su sitio sagrado. Que buscan, debido a la repercusión, al contacto, que aparezca un uso distinto (bueno o malo, según) de su diálogo popular. El que habla con el imaginario puede engañarlo. De hecho es parte del juego (¿o no vamos al cine sabiendo que son historias increíbles y nos estremecemos con ellas?)
El juego en que andamos es este….” Si me dieran a elegir, yo elegiría esta salud de saber que estamos muy enfermos, esta dicha de andar tan infelices. Si me dieran a elegir, yo elegiría esta inocencia de no ser un inocente, esta pureza en que ando por impuro…”
La cita es del poema de Juan Gelman. El juego en que andamos admite a un ministro de economía, candidato a vicepresidente, guitarreando en la tele o ¿por qué no? moviendo públicamente el esqueleto. También acepta que los populares digan… “yo no se nada de economía ni de cuestiones de Estado, pero si gano voy a llamar a los mejores para que lo hagan conmigo…” (ojo, quien lo dijo no fue gobernador; sus armadores políticos fueron muy chapuceros)
Va a estar bueno, si se decide, votar a Marcelo Hugo Tinelli. El joven ídolo conoce todos los secretos de Estado que hacen falta. Da el target: usa saco, tiene dinero (para que digan que no robará) y puede apostar al modelo. El modelo es la buena suerte nacional. El la tiene. Mucha. También le gustaría quedarse para siempre, como a todos. Y es peronista, como todos.
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(*) Testigo.





