Asis sobre Kreckler, el ídolo de Pat Lombardi

Cuando el endilgan a 'Tata' Yofre el pecado de apadrinar a 'Pat' Lombardi, la acusación no es justa. En verdad, Lombardi tiene como referente al embajador Kreckler, soberbio diseño de la Cancillería profesional que Eduardo Eurnekian envidia no tener en Aeropuertos Argentina 2000 (porque si manejando una sala VIP se llega tan lejos, ¿se imagina dónde llegaría con casi 40 aeropuertos en el mundo?). Muy divertida descripción del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la pluma de Jorge Asis, ex embajador ante la Unesco y en Portugal:

Cualquiera que sea el próximo canciller, lo tendrá a Luisito Kreckler como escudero.

Desde Bettini o Taiana, hasta Zannini, inclusive D’Elía, acaso Redrado o González Fraga.

Exponentes autorizados de La Casa Casta aseguran que el popular embajador Luis Kreckler tendrá una posición de relevancia.

A medida que ronda la severa sospecha, que se extienden los rumores más fantasiosos, crece el prestigio diplomático de Luisito.

Rumores que aluden, en cierto modo, a sus prodigiosos atributos de sustentación política.

Admiral’s Club

La Cancillería se convirtió, al fin y al cabo, en un enorme hall de aeropuerto.

Se amontonan los diplomáticos y administrativos que desean partir.

Diplomáticos que se encuentran en tránsito o simplemente regresan.
Suele denominarse entonces, a la plana mayor del ministerio, el Admiral’s Club.

O sea la sala de espera VIP del aeropuerto.

En general, los diplomáticos que acceden al Admiral’s Club pueden garantizarse el derecho de partir hacia ciertos destinos de privilegio, previamente asegurados.

La tradicionalmente llamada Línea Revlon, que incluye el emblema de Nueva York-Roma-París.

Desde el Admiral’s Club, que perfectamente puede llamarse Secretaría de Relaciones Exteriores, o desde el Gabinete del Canciller, se maneja, o por lo menos se administra, el poder real.

Es donde se deciden destinos, los traslados, y donde pueden manipularse la tensa sutileza de los ascensos.

Cuando Andrés Cisneros, en su condición de segundo del eterno canciller Di Tella, comandaba los rigores del Admiral’s, Luis Kreckler, desde su rango de ministro de segunda clase, cumplía eficazmente con la tarea de hacer funcionar la densidad burocrática del ministerio.

La Casa Casta no tiene, en realidad, ningún secreto para Kreckler.
Como así tampoco debe existir empresario de gravitación que no forme parte de su agenda.

Sin embargo, desde que Bielsa fue deshonrado con una diputación, puede admitirse que el kirchnerismo bolivariano se atrevió a bastardear hasta las habitualidades del Admiral’s Club.

Por ejemplo el Jefe de Gabinete del Canciller, eventual administrador del Admiral’s, en vez de partir hacia un destino Revlon, debe conformarse con la honrosa lateralidad de Guatemala.

Trátase del embajador Aníbal Gutiérrez, un político. Es decir, para algarabía de Luis Majul, un Artículo Quinto.

Para colmo, a otro integrante de la misma jerarquía del Admiral’s, el inquieto embajador Kulikovsky, apenas le alcanza para capturar el destino poco prioritario de Honduras.

Trátase -Kulikovsky- del irreconocido conductor de La Caja. Aquel que supo consagrarse, entre los arrebatados Pepitos del ministerio, por haber instrumentado la contratación de la torta inolvidable de Pepito Cibrián.

Cuando desde la política, se le disputa, a la diplomacia profesional, un destino secundario como Honduras, es porque decrece, notablemente, la influencia de la diplomacia corporativa.

Y es como comerse, desde la política, hasta las migas de la panera.
Aquella diplomacia profesional, difusamente cabizbaja y tenuemente resignada, supo ingeniárselas para atormentar, perceptiblemente, a la gran mayoría de los gobiernos anteriores.

Aunque el cuerpo insólitamente mantiene, con el gobierno de Kirchner, una displicencia ejemplar. A pesar de los catastróficos papelones en materia de política exterior, atribuibles, en realidad, a la inimputabilidad del presidente incontinente, y de ningún modo a la plana mayor de la Cancillería.

Y tampoco, por supuesto, a la diplomacia de línea, que casi nada tiene que ver con los lineamientos en materia de política exterior.

Aparte, tanto Bielsa como Taiana pudieron, por ejemplo, y a pesar de sus discrepancias, haberse destacado por la impotencia para atenuar los incontinentes desatinos presidenciales. Aunque fueron comparativamente sensatos.

Cadena de desplazamientos

Colocarlo a Kuligovsky, aquel crédito de la torta de Pepito, en Honduras, genera una entretenida cadena de desplazamientos y ocupaciones.

Por ejemplo Forti, que pertenece al calor de la Casa Casta y mantiene el atributo de la valoración oficial, pasa, de Honduras, a la OEA.

Aquí, en el Washington compartido con el tambaleante Bordón, el profesional Forti suplantará a, Rodolfo Gil, otro Artículo Quinto.

Conste que Rodolfo Gil es más conocido, en los prestigiosos ámbitos académicos, por el atributo incuestionable de haber sido marido de la señora Graciela Romer.

Y por su parte, el ex esposo de la señora Romer, el señor Gil, se desplazará al más accesible Montevideo. A los efectos de lograr la magistral hazaña de suceder al también político, al Artículo reiteradamente Quinto, Hernán Patiño Mayer.

Trátase del Escribano que forma parte del inventario de la embajada en Montevideo, con algún breve lapso de respiro diplomático, desde hace más de una década.

Con un formidable balance: Uruguay representa para la Argentina la principal hipótesis de conflicto.

El mérito de durar

Hernán Patiño Mayer está contabilizado como político.

Archibaldo Lanús, en cambio, es el diplomático de la Casa Casta que mejor sabe recibir.

Trátase de los funcionarios diplomáticos arquetípicos. Casi ejemplares porque supieron destacarse admirablemente, por su extraordinaria capacidad de subsistencia y readaptación.

En París, por ejemplo, Archibaldo Lanús arrancó como embajador de Menem, en reemplazo del político Luder.

Sin embargo después Lanús no tuvo reparos en representar, en París, al Duhalde que decidió el desmoronamiento de Menem.

Y por último Lanús logró la proeza de representar sin inconvenientes, en París, al Kirchner que decidió el desmoronamiento de Duhalde y diabolizó a Menem.

El sólido pretexto del profesionalismo, en el caso de Lanús, resulta apreciablemente justificatorio.

En cambio, quien registró una epopeya similar, en el vecino barrio de Montevideo, fue el Escribano Hernán Patiño Mayer.

Aunque Menem y Duhalde supieron tratarlo, a Patiño, con la excelencia que correspondía. Mientras Kirchner, por su parte, se especializó en desairarlo con un entusiasmo conmovedor.

Los presidentes, de todos modos, pasan. Pero Lanús y Patiño quedan.

Ginebra inolvidable

Curiosamente, ambos, Patiño Mayer y Archibaldo Lanús, supieron coincidir, en la misma misión en Ginebra, durante el innombrable menemismo, desde el '90.

Archibaldo Lanús había ingresado a la desprolijidad del menemismo con la sabia orientación de Oscar Spinoza Melo, su jefe político de entonces.

A propósito, el apartado embajador Spinoza Melo se encuentra caído en estado de desdicha. Pero pronto en La Casa podrán sorprenderse cuando probablemente se expida, en su favor, la Suprema Corte. Y deban resarcirlo con varias decenas de sueldos amontonados.

Entonces, en 1989, impulsado por la conducción de Spinoza Melo, alcanzó Lanús a comandar el Admiral’s Club, como vice canciller, junto al Mario Cámpora que lo despreciaba.

Fue en los tiempos del canciller Cavallo. Hasta que aquel irascible Cavallo, que gastaba más vicecancilleres que trajes, logró fulminarlo a Lanús para convertirlo, después de una penitencia solitaria, en embajador ante los Organismos Internacionales de Ginebra.

Patiño Mayer, en cambio, había llegado a Ginebra de la mano protectora de Cafiero.

Pero en su condición inveterada de James Bond, con la pipa de rigor y la generosidad presupuestaria del Tata Yofre.

Aquella, la de Ginebra, fue una instancia históricamente ceremonial.
Porque coincidieron, los próximamente duraderos Archibaldo y Patiño, con los últimos meses de actividad diplomática del embajador Julio Strassera.

Strassera era otro Artículo Quinto que sobrevivía, en Ginebra, desde el alfonsinismo.

Y con el embajador Tetamanti, el antecesor de Lanús, Strassera, en Ginebra, pudo ser casi feliz.

Conste que era aquel Strassera, el que fue fiscal acusador de las juntas militares.

El fiscal que encanó a Videla y a Massera. Pero que hoy defiende, en el éxtasis de su conmovedora pasión por la amistad, al alcalde Aníbal Ibarra, el paraguayo que fue su fiscal adjunto. Convertido, hoy, Ibarra, en un jugador suspendido que se resiste a abandonar la cancha y busca la lealtad de los hinchas contratados.

Argentina, sexta, cómoda

Patiño cae en Montevideo, pero Archibaldo continúa.

Recibe con excelencia en París. Y en indiferencia recíproca con el embajador Miguel Angel Estrella.

Trátase de un pianista nacionalizado francés, que hoy representa a la Argentina en la UNESCO. Organismo del que fue embajador de buena voluntad, una categoría de prestigio obtenida gracias a las apoyaturas de Danielle Mitterrand.

Desde el comité de las ONG de la UNESCO, se le solían tributar suficientes miles de dólares bianuales para su Fundación, Música Esperanza, que despertaba conciencias, y fomentaba los derechos humanos a través del lenguaje musical.

A propósito, en las elecciones de la última Conferencia General de la UNESCO, que acaba de terminar, se renovaban, para el Grulac (Grupo latinoamericano y el Caribe), cinco plazas para el Consejo Ejecutivo de la organización.

Téngase en cuenta que es una justa democrática muy disputada. Y que cualquiera puede perder una elección.

Pero cuando son cinco las plazas que se renuevan, en un grupo regional como el Grulac, hay que esmerarse excesivamente para alcanzar, desde un país como la Argentina, la hazaña de una derrota.
Infortunadamente Argentina salió sexta. Cómodamente sexta.

Conste que Argentina impulsaba, como candidato, a un psicobolche de la jerarquía máxima, al ministro de Educación, Daniel Filmus.

Habrá que esperar, en todo caso, hasta la próxima Conferencia General del 2007.

Será más difícil: habrá más países candidatos y menos plazas disponibles.

Habrá que esperar también que la Argentina bolivariana vuelva a ser tenida en cuenta.

Sobre todo en materia de cultura y educación, como una voz regularmente autorizada.