Eduardo Duhalde ha logrado un modesto triunfo aplicando la lógica de su colega norteamericano George W. Bush. Luego de los atentados terroristas, Bush decidió que quienes no apoyaban sus decisiones estaban del lado del enemigo. Primero los talibanes y ahora Saddam Hussein.
Héctor Timerman presenta (3): K no es progresista
Héctor Timerman escribió esta columna a comienzos de enero de 2003. Su frase descollante fue: "Es una lástima que el deseo de Kirchner de ser presidente sea más intenso que el de construir una alternativa progresista", y la tituló 'Falsa opción para el progresismo'. Es evidente que Timerman no creía en el progresismo de Kirchner y que hoy actúa con el frenesí propio de los conversos
Duhalde, o algunos progresistas, plantean que quienes no apoyan a Néstor Kirchner están habilitando el regreso de Carlos Menem.
Lo mismo decían con los frustrados intentos de Reutemann y De la Sota.
Tanto Bush como Duhalde intentan obligar a la ciudadanía a debatir una falsa opción. Quienes en los Estados Unidos se oponen a tolerar que el gobierno monitoree sus conversaciones o investigue a la gente por su origen étnico o religioso no son aliados del dictador iraquí.
En su mayoría, son quienes lucharon por los históricos valores democráticos de su país. La fidelidad a los principios por sobre las especulaciones políticas son la base de su oposición al militarismo de Bush.
Justamente quienes se oponen a la forma de conducción caudillesca de Duhalde y su decisión de elegir a dedo a Kirchner son, en su mayoría, quienes por los mismos motivos se opusieron al menemismo.
Si a Bush se le hace difícil explicar por qué la dictadura iraquí merece el ataque de la misma superpotencia que protege la dictadura saudita, a Duhalde tampoco le va a ser fácil explicar por qué Menem es la encarnación del mal y su derrota sólo es posible apoyando una línea del justicialismo integrada por ex funcionarios y punteros que participaron del gobierno, a mi criterio nefasto, de Carlos Menem.
Algunos progresistas intentan explicar lo inexplicable. Que para oponerse al retorno de Menem hay que aliarse con dos ex vicepresidentes del riojano, el recontraalcahuete de Barrionuevo, ex funcionarios como Felipe Solá, Daniel Scioli o Gustavo Beliz.
También líderes legislativos como Jorge Yoma y Jorge Matzkin, quienes bastonearon las leyes que definieron al menemismo y cuyas consecuencias fueron la razón para oponerse a Menem.
¿Cómo harán los progresistas que asistieron al acto de San Vicente para explicar la unión con Eduardo Amadeo, que siendo un alto funcionario del gobierno menemista se dedicaba a utilizar su cultura y buenos modales para justificar las políticas sociales más regresivas de nuestra historia? Justamente, en un debate televisivo murió Carlos Auyero tratando de refutar el discurso menemista de Amadeo.
No tengo dudas de que Kirchner es preferible a Menem, pero no se puede caer en el facilismo de pedir el apoyo únicamente para derrotar a otro candidato. Hace falta una visión de país y un plan y equipos para implementarlo. También Bush es preferible a Hussein, pero dicha preferencia no justifica cualquier aventura bélica.
Tal vez los "pragmáticos" tengan razón y el próximo presidente será un justicialista. Viviremos, entonces, un nuevo fracaso de la política ya que triunfará un candidato de un partido que se niega a elegir democráticamente a sus autoridades.
¿Por qué creer que lo será un gobierno surgido de un partido que no lo es? ¿Cómo justifica Duhalde que el justicialismo bonaerense que domina desde hace una década confeccione padrones falsos?
¿Por qué hay que aceptar las resoluciones de un congreso cuyos miembros fueron ungidos por el voto de fantasmas y muertos? ¿Es esa la renovación que propone Kirchner y apoyan algunos progresistas?
Así como no se podrá instalar una democracia en Irak sobre la base de una alianza con la monarquía absolutista de Arabia Saudita, la falsa democracia de Egipto y la incapacidad israelí para retirarse de los territorios palestinos, tampoco se podrá "terminar" con Menem, como pretende Kirchner, dando discursos progresistas a una platea donde resaltan Manolo Quindimil, Carlos Juárez, Hugo Curto o Gildo Insfrán.
Es una lástima que el deseo de Kirchner de ser presidente sea más intenso que el de construir una alternativa progresista. Un deseo que lo obliga a escuchar en silencio que Eduardo Duhalde públicamente declare que la decisión de integrar la fórmula es exclusiva de su esposa Chiche.
¿Alguien puede imaginar una situación más menemista?








