Los caballeros, una especie en extinción

En la última página de la revista EDICIÓN i, la autora intenta provocar algunas reflexiones sobre lo cotidiano en una sociedad que parece acostumbrada a no cuestionarse lo que le ocurre. POR MARÍA JOSÉ BONACIFA

"Ya no hay hombres" se escucha decir por todos los rincones a las mujeres que reclaman quién sabe que cosa. Porque decir hombre es demasiado amplio y puede tener diversas connotaciones.

Conviene delimitar el objeto de estudio y afirmar que quedan pocos caballeros, y al hacer esta afirmación surge la obvia pregunta del por qué de la extinción de dicha especie.

Caballeros siempre que hablemos de hombres que hacen gala de sus maneras corteses para con las damas, no de aquellos que distingue la Reina Isabel II de Inglaterra con tal honor o los que peleaban en las cruzadas por el Santo Grial. No hablamos de Lancelot sino de ciudadanos de a pie.

Afortunadamente, no es una pérdida ya concretada, sino que se trata de una amenaza que se cierne cada día con más fuerza. Basta para ello comprobar que a mayor edad, mayor cantidad de actitudes caballerescas, y viceversa.

Esto quiere decir que quedan pocos caballeros y que las nuevas generaciones lejos están de cualquier tipo de manifestación de buena educación, ya sea porque no fueron enseñados por sus padres o porque tales conductas no son bienvenidas por las chicas de su edad, quienes se burlan de tales halagos.

Pero volviendo al motivo, se podría decir en un primer momento que en una realidad como la de la argentina actual, con los piqueteros en cada esquina, los coletazos del corralito financiero y la preocupación por infinitos motivos; no hay tiempo ni ánimos para dejar pasar a las señoras, recoger sus papeles cuando se le caen o correrles delicadamente el asiento.

Pero esa hipótesis hace agua si se mira allende las fronteras y se aprecia que la falta de caballerosidad no es un fenómeno típicamente argentino sino que, por el contrario, en muchos países del llamado primer mundo esas actitudes son aún más demodé.

Casualmente, en esos países es en donde mayor cantidad de movimientos feministas existen, y los hombres se ven en cierta forma a la defensiva por los avances, que son bienvenidos siempre y cuando dejen un espacio para lo que ha identificado siempre a cada uno de los géneros.

Las feministas más radicalizadas suelen llegar al extremo de insultar a los hombres que tiene la osadía de dejarles el paso o abrirles una puerta.

En esta por momentos incomprensible sociedad posmoderna, la femineidad que no es incompatible con ser profesional, independiente, decidida; es vista como debilidad y por el contrario, si un hombre es delicado y cortés, no es lo suficientemente "macho". (Los "machos" y el machismo requeriría un espacio aparte para reflexionar).

Respecto del tema de las mujeres, primero vale la pena definir si el hecho de acceder a cuestiones que van desde el sufragio, el acceso a la educación o igual remuneración en el empleo son incompatibles con actitudes de caballerosidad en la vida diaria por parte de los hombres.

Quizás en una empresa donde hombre y mujer compiten por el mismo puesto la mujer sea vista más como una amenaza que como alguien a quien cortejar. Es probable que hoy en USA, el ex Jefe de Estado Colin Powell se esté preguntando de qué le sirvió acercarle la silla tantas veces a Condoleezza Rice.

En muchos países sobre todo en Europa, existe un enorme desarrollo de los temas de diferencia de género y hasta hay carreras como el Máster en Feminismo de la Universidad Complutense de Madrid.

En la Argentina, una enorme cantidad de mujeres son sostenes de sus hogares, ocupan puestos de vital importancia y toman decisiones a la par de los hombres. Pero lamentablemente la crisis ha llevado a que la defensa de los derechos de las mujeres muchas veces se torne una feroz competencia en lugar de ser una relación de sana cooperación o que haya muchas mujeres convertidas en "señora orquesta", que a la vez que sostener la economía familiar, atienden su casa, cuidan su estética, velan por la educación de sus hijos pero llegan a la noche maldiciendo al género masculino por la falta de ayuda. ¿Por qué no colaborar en lugar de competir? ¿Por qué crear círculos en donde uno u otro sexo está mal visto?

"Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que acusáis", como dijo Sor Juana Inés de la Cruz en este caso se invierte y el género femenino es el que debe realizar su autocrítica y cambio de actitud para impedir la extinción total de los caballeros.

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