Tompkins vende sus campos en la Argentina

El diario La Tercera, de Santiago de Chile, entrevistó al millonario y ambientalista estadounidense Douglas Tompkins, envuelto en otro conflicto, ahora con los productores de salmón. Al pasar, informó sobre la puesta en venta de sus tierras argentinas:

A pocos días de que el gobierno chileno declarara al Parque Pumalín como Santuario de la Naturaleza, el empresario estadounidense Douglas Tompkins llamó a congelar el crecimiento de la industria ictícola con los salmones, argumentando los efectos ambientales que generan.

Su idea desató la molestia de los empresarios del sector y fue descartada de plano por el Ejecutivo.

Ahora el empresario, en entrevista con 'La Tercera,' insistió en que la industria del salmón podría convertirse en una "bomba de tiempo" si no tiene regulación ambiental. Asimismo, asegura que la sociedad mundial se encamina a una crisis energética, de grandes consecuencias para la economía de países como Chile.

-¿En que se basa para afirmar que la salmonicultura y la conservación son incompatibles?

-En ese sector todo es optimismo y han vendido su concepto de piscicultura como una especie de mesías, en un caballo blanco para salvar la economía. No compro tal visión. Tampoco hemos cuestionado el uso intensivo de energía de ese sector, que es un tema en sí mismo.

Tompkis asegura que hay una creciente escasez de petróleo derivada del uso excesivo de ese recurso: "Yo predigo que el mundo mirará más al estilo cubano de bajo uso de energía, con agricultura de alta calidad como la salida en el futuro, obligados, como lo fue en Cuba, a repensar las técnicas agrícolas por la escasez del petróleo. Esto marcaría el final de la acuicultura industrial tal como se la conoce hoy".

"Si la industria no puede contestar adónde va, entonces está claro que ellos no lo saben y tampoco les importa. Van rumbo a un futuro tormentoso, creando una bomba de tiempo en una economía que hace crecer la industria hasta que explote", asegura Tompkins.

Respecto a los posibles daños en las costas de Pumalín, el ecologista señala que "es evidente que lo ocurrido bajo las jaulas de salmón en los fiordos de Reñihue y Pillán, es un ejemplo que se puede extender a cada lugar donde están instaladas. Eso es un mal presagio de que, por ahora, los impactos son negativos y la industria está matando lentamente el fondo marino.

-¿Ha encargado investigaciones que analicen el fondo marino y que acrediten el daño causaría la salmonicultura?

-Estos estudios están disponibles para el gobierno y la industria. Seríamos muy felices si fuesen respondidos. Empresarios salmoneros leyeron los informes y quedaron choqueados con las conclusiones. Esta situación requeriría un manejo nuevo de la industria, con lo que incrementaría los costos y no podría ser competitiva a largo plazo. Sin embargo, la capacidad de carga del sistema marino aparece como excedida con creces. No se necesita ser un futurólogo para ver dónde nos están llevando las zonas marinas muertas en términos de la salud del medioambiente marino.

-La industria asegura que es fiscalizada y que cumple con las exigencias de la autoridad.

-Puedo hablar con confianza sobre el área donde vivo y trabajo. Nuestra experiencia directa es que nunca hemos visto, hasta donde sé, a ningún inspector del gobierno, ni que se hayan tomado, en forma seria, muestras del fondo marino para medir el impacto de la salmonicultura.

-¿Cuánto se desvaloriza Pumalín por esa actividad?

-Es imposible poner un precio, pero la imposición de esas instalaciones provoca depreciación de valores turísticos. Conocemos los comentarios de innumerables turistas a los que no les gusta venir a ver estas instalaciones industriales en la belleza del sur de Chile.

-Organizaciones ambientalistas chilenas tienen su misma postura. ¿Ud. las financia?

-Tenemos una fundación de más de 15 años que ayuda a las ONG de muchos países en el problema de la sustentabilidad ambiental. Como a todas las fundaciones, se nos acercan entidades que necesitan apoyo y, cuando encontramos algunas que coinciden con nuestro pensamiento, se los damos.

-¿Qué piensa de la respuesta de los salmoneros a su postura?

-Hablo también como empresario. Esa industria no tendrá ninguna posibilidad de éxito, a menos que relaje su maquinaria de relaciones públicas, su lobby político, y se entregue a una fuerte regulación de la autoridad.

En nuestro negocio (la granja de Pumalín), firmamos un acuerdo con el más exigente certificador suizo, que impone los estándares y regulaciones sobre la producción de nuestro terreno. Lo hago porque quiero que todos nuestros empleados sepan que hay una autoridad externa que nos está mirando y nos está forzando a los más altos estándares.

-Se ha señalado que no comprará más tierras en Chile ni en ninguna otra parte. ¿Es efectivo?

-No sé de dónde vino eso. Estoy seguro de que vamos a comprar alguna propiedad. Pero será selectiva y pequeña, mucho menor en comparación con el pasado. Estamos muy ocupados con proyectos tanto en Chile como Argentina, aunque me hayan tentado sobre algunas posibilidades en Paraguay, e incluso, en Rumania.

En este momento, tenemos propiedades en venta, como un par de bonitos predios en Chile ubicados fuera de nuestros proyectos. Las otras están en la Argentina y las estamos vendiendo, a pesar de que son productivas.

-¿Halló en la Argentina una disposición más favorable de las autoridades a sus proyectos?

-Lo habría dicho hace algunos años. Debo decir que la administración de Lagos ha apoyado nuestras iniciativas tanto como el gobierno argentino, que ha recibido una donación para crear el primer parque costero de Argentina, en la provincia de Santa Cruz. Lo que ve (el apoyo a sus proyectos) no sólo pasa en Argentina y Chile, sino que en casi todo el mundo. La conservación de la biodiversidad es una prioridad mucho más alta.