El comienzo del Siglo XXI teñido de sangre pero con la opción de no repetir la historia

El inicio de un nuevo siglo abre la posibilidad de evaluar lo que se hizo años anteriores, retomar lo que valió la pena pero sobre todo construir algo distinto. Hoy, a cinco años de comenzado el siglo XXI, el del progreso, el del bienestar, las tragedias no naturales y también la malísima racha de fenómenos naturales devastadores rigen el curso de los días haciendo que la cantidad de muertos en el mundo se cuente de a miles cada mes. Aunque sucesos de gran magnitud sucedieron siempre la diferencia es que hoy podemos informarnos de ellos al instante y esto es gracias al progreso de las nueva herramientas comunicaciones. Sin embargo, un mayor progreso tecnológico no significa una mayor calidad de vida si este avance no esta orientado a contribuir en la investigación de espacios aún poco explorados o hacia donde realmente sea necesaria la creación de otras herramientas de avanzada. ¿Hacia donde vamos en esta nueva etapa? POR MARÍA JOSE GARCIA MORENO (*)

Casi cinco años pasaron de aquel 31 de diciembre de 1999 donde el inicio de un nuevo siglo era recibido con la ansiedad que provoca no estrenar sólo un cuaderno nuevo sino un libro gigante, con miles de hojas en blanco para ser llenadas.

El inicio de un nuevo siglo abría la posibilidad de evaluar lo que se había hecho en años anteriores para no repetir errores, retomar lo que valió la pena para mejorarlo pero sobre todo construir algo distinto.

Hechos lamentables –y provocados exclusivamente por el hombre - como dos guerras mundiales, con el comienzo de la era nuclear de por medio, tenían la oportunidad de ser sepultados para siempre.

Si había algo de lo que se podía aprender era de las terribles consecuencias de los enfrentamientos armados que tanto contribuyeron al retroceso mundial en términos de conciencia, de diálogo, de reflexión y donde se invirtieron millones de dólares.

Hace días se recordaba como en agosto de 1945 dos artefactos nucleares arrojados sobre Hiroshima y Nagasaki inauguraron la "era atómica".

Las dos guerras mundiales (1914-1918 y 1939-1945) no sólo causaron decenas de millones de muertos, sino que además dejaron sentados preceptos sobre muchos problemas no resueltos con los que se ingresó al siglo XXI.

# El progreso no es bienestar

Hoy, a sólo cinco años de comenzado el siglo XXI, el del progreso, el del bienestar, las tragedias no naturales y también la malísima racha de fenómenos naturales devastadores rigen el curso de los días haciendo que la cantidad de muertos en el mundo se cuente de a miles cada mes.

Sólo el tsunami (ola gigante causada por un maremoto) de fin de año en Asia arrojó 220.000 víctimas fatales. Hoy el 80% de Nueva Orleáns está inundado a causa de los efectos de un huracán.

El antecedentes más próximo de una catástrofe natural de magnitud estuvo en el siglo pasado, en 1976, cuando un terremoto en Tangshan, China, provocó la muerte de 240.000 personas.

Nadie creía a comienzos del siglo XX que fuera capaz de fabricarse una bomba que acabara con una ciudad y sin embargo fue posible. Hoy no parece accesible la posibilidad de advertir a la población sobre un desastre natural tan grande o quienes cuentan con la capacidad de fabricar tecnología de este tipo no tiene el suficiente interés.

Pero el mundo en el siglo XXI no sólo se encuentra desprevenido para afrontar el ensañamiento de la naturaleza sino que muchas veces tampoco presta atención a garantizar la seguridad en las máquinas que el mismo hombre creó en pos de achicar las distancias, de agilizar las comunicaciones, de hacer del mundo un lugar global.

Lo sucedido en el último mes donde sólo en dos semanas 336 personas murieron a causa de una tragedia aérea da cuenta de dónde está puesta la atención y el avance tecnológico del nuevo milenio.

Es inaplazable la necesidad de que se aumenten los controles en cantidad y calidad de todas las aerolíneas que operan en el mundo. Los cuatro accidentes consecutivos pudieron ser producto de una casualidad pero lo son seguramente de una causalidad. Son la consecuencia de la no conciencia.

El año pasado, Enrique Piñeyro, director de la película "Whisky Romeo Zulú", que trata la historia previa al accidente de LAPA, dijo al diario La Gaceta: "la aviación tiene una complejidad técnica que, si querés usarla para ocultar temas, das explicaciones supertécnicas de los accidentes totalmente incomprensibles". "En cambio -continuó-, si querés ser claro, es muy fácil, el accidente ocurrió porque se cortaron esquinas donde no pueden cortarse; no se puede ahorrar en la seguridad; podés dar más o menos confort, pero hay cosas de mantenimiento y seguridad que no pueden evitarse".

El peor antecedente en muertos por tragedias aéreas se encuentra en el año 1972 donde 3.209 personas perdieron la vida. Sin dudas el control de un avión es más fácil que advertir sobre un tsunami pero por ahora las inspecciones no son las suficientes.

Aunque es cierto que un pasajero tiene una probabilidad entre 56,2 millones de morir en un accidente aéreo la mayoría de las tragedias de este tipo son evitables y muchas veces son provocadas por la negligencia de las compañías.

Además de las muertes por desastres naturales, y las provocadas por la desidia del hombre, es lamentable advertir como en cinco años recrudeció la lucha armada, algo que parecía de una época primitiva, de cuando no había organismos de paz, de cuando la educación era limitada.

Tanto la invasión a Irak como la toma de rehenes en un teatro de Moscú, los atentados de las torres gemelas en Nueva York, de la estación de trenes Atocha en Madrid y del metro de Londres fueron sucesos intencionales, provocados por gente que creyó agotadas todas las posibilidades de diálogo o que ni siquiera considera esta opción como alternativa para evitar que miles de inocentes pierdan la vida.

Hoy 841 personas murieron en Irak al ceder la valla de un puente. Sin embargo la tragedia sucedió cuando los ciudadanos, en su mayoría mujeres y niños, huían presos del pánico provocado por el rumor de que se escondía un terrorista suicida entre la multitud. Otra consecuencia de una guerra que sólo cabe en la cabeza de un delirante, de un primitivo y no por falta de estudios sino por falta de razón.

# La realidad comunicada

Hace poco más de tres décadas atrás el sociólogo canadiense Marshall McLuhan acuñó el concepto de "aldea global" para definir un mundo intercomunicado por las redes de la información.

En ese entonces se trataba de una idea casi propia de la serie de Matt Groening "Futurama" sin embargo "hoy los avances en microelectrónica y telecomunicaciones han convertido en realidad esa "aldea global" que ahora se llama sociedad de la información", afirma el diario El Mundo para describir cómo hoy las nuevas tecnologías de la información están cambiando la manera de relacionarnos, de divertirnos, de vivir y de trabajar.

Hoy los medios de comunicación audiovisuales son capaces de crear una especie de realidad virtual, que provoca un efecto espejismo al deformar los hechos, como sucedió en la Guerra del Golfo, o contribuye a transformar los propios acontecimientos, como hemos visto en Kosovo.

Hace diez años, sólo unas decenas de miles de personas de todo el mundo habían oído hablar de Internet. La red tiene hoy 260 millones de ordenadores conectados. Es decir, un mínimo de 260 millones puede enterarse al segundo cuando un avión cae, una bomba explota, o un huracán amenaza con llevarse puesta una ciudad.

La información, era una mercancía cara e inaccesible hace 20 años y hoy es algo común y corriente y aunque este acceso constante al mundo puede despertar la sensación de que más tragedias se suceden día a día porque llegamos a conocerlas esto no es del todo así.

Las tragedias naturales o no naturales existieron siempre, pero la diferencia es que hoy podemos informarnos de ellas al instante y esto es gracias al progreso de las nueva herramientas comunicaciones.
Sin embargo y aunque el acceso a la comunicación y a la tecnología no es malo –todo lo contrario- no tiene relación con el acceso al bienestar.

Un mayor progreso tecnológico no significa una mayor calidad de vida si ese progreso no esta orientado a contribuir en la investigación de espacios aún poco explorados o hacia donde realmente sea necesaria la creación de otras herramientas de avanzada.

A pesar de que en sólo cinco años haya muerto tanta gente y hayan sucedidos desastres naturales, no naturales, evitables, etc. es cierto que en un contexto histórico cinco años no son tantos y todavía existe la posibilidad de dejar atrás el siglo de las guerras y –con el invalorable aporte de la tecnología y de la comunicación- avanzar para construir desde el presente lo que en algún futuro puede estudiarse como el siglo de la integración.
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(*) U24, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2005.