Londres entre la muerte y el encantamiento

POR ALBERTO BUELA (*)

"México es heredero de las raíces islámicas-árabes, que florecieron en España, en un ambiente de tolerancia durante 7 siglos entre musulmanes, cristianos y judíos". Esta frase la escribió el escritor José Luis Ontiveros, que pasa por ser el autor más no conformista y alternativo de México, hoy.

Y lo hizo en un artículo a propósito de los atentados de Londres y en nombre de esa defensa irrestricta del la cultura islámica y el pacifismo musulmán que se han instalado como bandera en los extremos de las derechas y las izquierdas.

Así las extremas derechas que son las de corte pagano o paganizante, protonazis y anticristianas, ven en el mundo islámico la opción real ante el capitalismo judeo-cristiano. Y las extremas izquierdas del trotskismo desencantado consideran al mundo musulmán como la única oposición efectiva al tandem imperialista de Bush-Sharon-Blair.

El profesor islamista español Serafín Fanjul, seguramente de origen árabe por el apellido, en un libro titulado La quimera de Al-Andaluz (Madrid, Siglo XXI, 2004) lleva a cabo en ese trabajo el mentís más profundo y acabado de esta "moda intelectual" que es el cantar loas al mundo musulmán, su pacifismo, la maravilla que es vivir en los países islámicos y lo más extraordinario de todo: convertirse al Islam. Por lo menos para seguir la estela del filósofo René Genón.

Fueron los moros que llamaron Al-Andaluz a los territorios conquistados en España, que ha sido transformado, según Fanjul, en un perfecto ejemplo de construcción mitológica, una ficción alejada absolutamente de lo que fue en realidad el domino moro en la península ibérica.
Que nace de la fantasía de los viajeros románticos y es "científicamente avalada" por Américo Castro y sus discípulos.

Cabe recordar que las tesis del gallego Castro fueron refutadas una a una por el mayor medievalista español del siglo XX, Don Claudio Sánchez Albornoz, que nosotros como estudiantes de la Universidad de Buenos Aires tuvimos la oportunidad de tenerlo como profesor, porque se refugió aquí como presidente en el exilio de la república española.

De esta mistificación obtienen provecho hoy día: primero, los becarios de todo el mundo para descubrir las bondades del mundo musulmán cuando ocupa un país por siete siglos. Segundo, el andalucismo, una forma de vivir de la apariencia. Tercero, la izquierda anticatólica, que denuncia permanentemente la construcción de Iglesias sobre mezquitas. Cuarto, la derecha paganizante, que ve en el mundo musulmán el antídoto al capitalismo judeo-cristiano. Y quinto, el panarabismo del partido Baath, que como dice el ensayista Ernesto Milá: "individuos como Tarik Ramadan, diestros en el arte del doble lenguaje, que ante los medios europeos hablan de que no hay contradicción entre el Islam y las legislaciones europeas y luego, en privado, en el interior de las mezquitas, añaden "mientras las legislaciones europeas no entren en contradicción con el Islam"(1)

La tesis de Américo Castro, de la convivencia pacífica de las tres culturas, la cristiana, la judía y la musulmana, y la posterior pervivencia islámica bajo el orden cristiano es una doble fábula, sostiene Fanjul, pues bajo la autoridad de los emires, califas y sultanes asentados en España, jamás se vivió una convivencia en pie de igualdad.

Por el contrario la población originaria, mayoritariamente cristiana, sufrió, padeció y soportó todos los medios coacción y de imposición de la comunidad invasora musulmana.

Hay que recordar, que ya el término Islam significa sumisión, esto es sometimiento absoluto tanto a Dios como a la comunidad islámica.

Y en cuanto a la pervivencia de población morisca en España, otro de los mitos, la realidad histórica demuestra que ya en los primeros años del siglo XVI la población mudéjar buscó siempre la emigración hacia tierras donde existía una autoridad política musulmana. Y con posterioridad a las conversiones forzosas, dice Fanjul, "momento en el que dejamos de hablar de mudéjares y empezamos a hacerlo de moriscos, estos se portaron durante un siglo como una minoría inasimilable, descontenta y levantisca hasta su definitiva expulsión a principios del siglo XVII".

Qué interesante coincidencia. Hace unos días nomás, el traductor traduttore-tradittore(traductor-traidor) de Julius Evola en Argentina, que se define a sí mismo como antiperonista y de derecha tradicional(2) escribió un equizofrénico artículo contra todo el mundo, pero en especial contra el pensador francés Guillaume Faye porque a éste se le ocurrió escribir un libro sobre el peligro que representa la invasión silenciosa (hoy hay 20 millones en Europa occidental) arabo-musulmán para los europeos y los fundamentos de su cultura indo-greca-romana-cristiana.

La publicitada periodista italiana Oriana Falacci, que tuvo que irse a vivir a Estados Unidos por los atentados que sufrió debido a sus artículos sobre la complicidad de la justicia de su país con la inmigración clandestina, acaba de publicar una serie de cuatro notas titulada: Tratamos como amigo al enemigo, a propósito de los atentados de Londres. Y en la simplicidad de su razonamiento, el de una liberal-atea confesa según lo afirma, le pregunta al Papa, que tres días después del ataque volvió a hablar de diálogo: ¿Cree de verdad que los musulmanes aceptan un diálogo sincero?. ¿Cuándo en el curso de una historia que lleva 1400 años, han cambiado o se han enmendado?.

Saque el lector sus conclusiones.

# Notas:

1.- Respuesta Ernesto Milá a Claudio Mutti: "Entré en La Santé(la prisión parisina) después de haber colaborado con los estudiantes iraníes en España en 1980, después de haber difundido los textos del Imán Jhomeini entre mis camaradas, después de haber organizado y participado en mítines de apoyo a la OLP en los años 70 y después de haber mantenido siempre una postura antisionista, que sigo manteniendo en la web infoKrisis. Entré en La Santé compartiendo el bagaje intelectual elaborado por René Guènon y Julius Evola. Pero salí literalmente horrorizado por el contacto con los presos islamistas: la mezcla de odio social, resentimiento, religión, crea un combinado explosivo que fermenta desde los años 80 y que apunta contra Europa, esto es, contra todos los ciudadanos de Europa. Eso ocurría en 1981. Desde entonces, el problema se ha agravado extraordinariamente.
El Islam que ha llegado en oleadas a Europa, no es, querido camarada, el Islam de los intelectuales tradicionalistas europeos, interiorizado,
culturalmente rico y movido por el "impulso a la trascendencia" del que hablaba Evola. El Islam que está llegando masivamente a Europa es una doctrina supersticiosa, hostil, sin nada de profundidad ni de valor más allá del mero culto exterior y del formalismo más grosero y que, para colmo, es el elemento de agregación identitaria para una comunidad que llegó a Europa pensando que esta era la "tierra de promisión" y que todos iban a ser nuevos Zidane y se encontraron en los guetos de los suburbios o en trabajos escasamente pagados. De ahí al resentimiento social, al odio hacia lo que no puede conseguirse, no hay más que un paso. El Islam facilita el elemento identitario y antagónico con Europa. El conflicto está servido. Nada que ver, pues, entre el Islam de los intelectuales de origen cristiano, convertidos al Islam y el Islam de los recién llegados, primitivo, supersticioso, revanchista, o de individuos como Tarik Ramadan, diestros en el arte del doble lenguaje, que ante los medios europeos hablan de que no hay contradicción entre el Islam y las legislaciones europeas y luego, en privado, en el interior de las mezquitas, añaden "mientras las legislaciones europeas no entren en contradicción con el Islam". Y esto tiene importancia también en lo que se refiere a Turquía".

2.-"Nosotros no somos, dice de sí mismo, "equidistantes de los dos extremos" (Perón). Nosotros en cambio pertenecemos al reducido grupo de quienes sostienen una derecha en el sentido estricto y tradicional".

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(*) CEES (Centro de estudios estratégicos suramericanos -CGT)