Vargas Llosa: "Chile ganó en la OEA porque USA afronta la realidad del populismo regional"

De acuerdo a Álvaro Vargas Llosa, en el diario La Tercera, de Santiago de Chile, "Más allá de las abstenciones de Perú y Bolivia (motivadas ambas por asuntos de política interna), y la de México (un acto de orgullo, no de hostilidad), lo realmente interesante es el apoyo de USA motivado por la necesidad de pactar con los gobiernos de izquierda moderada de la región en tiempos de creciente populismo".

POR ÁLVARO VARGAS LLOSA

La noticia no es que tres países no votaron por José Miguel Insulza. Es que hace una semana el ministro tenía 17 votos seguros y quizá uno adicional, y ayer obtuvo 31 votos, pasando de ser el improbable candidato de la polarización a convertirse en el (aun más improbable, por las circunstancias) candidato del consenso.

El consenso no siempre es un valor deseable, pero en este caso estaba claro que la división en el continente había desbordado el límite de lo razonable, dando armas a quienes pretendían generar una ruptura norte-sur de la que nada bueno podía salir.

Es cierto que tres votos impidieron la unanimidad.

En dos casos, los de Bolivia y Perú, se trató de política interna, y en el otro, probablemente el de México, de una finta diplomática que buscaba guardar un poco de dignidad en nombre de una candidatura que el 11 de abril había acariciado la victoria y pocas semanas más tarde había debido tirar la toalla.

Nadie vea en la abstención de México un acto de hostilidad, sino un gesto de orgullo.

El caso de Perú es más complicado.

Una serie de factores han llevado en las últimas semanas al gobierno peruano a caer en una trampa que él mismo se tendió.

Por razones de política interna, Lima agitó la bandera antichilena a partir de dos datos de importancia sólo relativa para el conjunto de las relaciones bilaterales en 2005: la venta de municiones a Ecuador por parte de Chile hace 10 años, un hecho que, como lo han recordado muchos comentaristas políticos en el Perú, se conocía desde entonces, y el imprudente video que Lan, una empresa privada, utilizó en algunos de sus viajes, mostrando un rostro poco amable de la capital peruana.

Que hubo razones de política interna en esta actitud lo muestra el hecho de que Lima, ya en tiempos democráticos, no haya protestado ante Argentina por la venta de armas a Ecuador o, para tal caso, ante el propio Brasil, donde se supone que las naves que transportaron el material desde Chile hasta Ecuador hicieron escala.

En todo caso, el clima de agitación, a su vez, ha obligado al gobierno de Lima a aumentar la acústica frente a Chile, con lo cual éste se vio forzado a votar en blanco en las elecciones de la OEA aun cuando no tenía un candidato alternativo a Insulza.

El caso de Bolivia es de sobra conocido, pero indica que La Paz tratará de ser una constante piedra en el zapato de Insulza, esforzándose por convertir el tema bilateral en un asunto hemisférico mediante la presión sobre el nuevo secretario general.

En ese sentido, a Bolivia puede convenirle más tener a un chileno que a alguien de otra nacionalidad en la OEA, pues le da un sparring político aun cuando Insulza no se vea como tal y aun cuando la OEA no sea el marco natural del problema.

El dato más interesante, desde luego, es el voto de USA.

Con el respaldo a Insulza, Washington mantiene la tradición histórica: ningún secretario general ha sido elegido en contra del voto estadounidense.

En vísperas del 11 de abril, corrió por el continente la información de que el Departamento de Estado hacía un lobby intenso contra Chile, algo que parecía sorprendente a la luz de las relaciones políticas y comerciales que el gobierno de Lagos ha tenido con el de George W. Bush (con la excepción, válida para México también, del tema de Irak).

Desde entonces hasta ahora, mucha agua ha corrido bajo el puente; aunque es cierto que USA comprendió que no tenía la seguridad de una victoria de Luis Ernesto Derbez -argumento que esgrimen quienes ven en el tardío apoyo a Chile una derrota norteamericana-, más cierto aún es que Washington cambió de actitud, o moderó mucho su escepticismo ante Insulza, en función de consideraciones estratégicas.

Y esas consideraciones tienen que ver con la percepción de un sector del gobierno estadounidense acerca de la necesidad de llegar a entendimientos con la izquierda moderada en el contexto de un populismo creciente y de un Hugo Chávez desafiante.

Así, la victoria de Insulza otorga ahora a Chile, aun cuando éste no sea un tema de la agenda de la OEA, algo de influencia en la política exterior de Washington hacia América Latina. O, al menos, algo de influencia potencial, que Chile deberá juzgar si hace efectiva o no, y en caso positivo, de qué manera.

Si USA y Canadá se hubieran abstenido -escenario muy improbable, claro-, habría quedado la impresión de un continente dividido prácticamente en mitades geográficas.

El respaldo de ambos países a Insulza el día de ayer, y por cierto el de los centroamericanos que están aliados con los Estados Unidos, permite despejar esta impresión.

Desde luego, hay fuerzas que marchan en sentido contrario, incluyendo el énfasis que algunos sudamericanos, incluido Brasil, dan al Mercosur y a la Comunidad de Naciones Sudamericanas recientemente formada.

Pero esta división se habría acentuado considerablemente si Insulza hubiera triunfado en contra de Norteamérica y Centroamérica.

El efecto hubiese sido, quizá, a la larga, una tendencia aun mayor de los sudamericanos a ensimismarse política y económicamente, en un mundo donde avanzan los que hacen lo contrario.

La victoria del candidato chileno permite, por el momento, poner paño frío a la fiebre regionalista.