La labor interreligiosa del Papa fue cierta, pero sobrevalorada

Profesora de Estudios Islámicos en la Universidad de Barcelona, la autora intentó, en una columna que publicó El Periódico, de Catalunya, realizar un reflexivo análisis acerca del acercamiento de Juan Pablo II al Islam:

POR DOLORS BRAMON

En general, los medios han recogido opiniones a favor y en contra de la gestión del papa difunto; y esto es bueno.

Ha habido unanimidad en subrayar las muchas acciones positivas en defensa de la paz y el diálogo.

Se ha destacado especialmente el esfuerzo mediático en las guerras de Bosnia y del Golfo, en los inacabables enfrentamientos entre Israel y Palestina y su clara condena a la invasión de Irak, oportunamente silenciada por los políticos de derecha.

Uno de los primeros actos de reconciliación lo hizo de rodillas en Auschwitz, proclamando que el antisemitismo era pecado.

Fue el primer papa en establecer relaciones diplomáticas con Israel (1994), en entrar en una mezquita (Damasco, 2001) y en visitar la universidad suní de Al Azhar (2001).

Poco antes del inicio de la segunda intifada realizó su viaje histórico a Jerusalén, con su defensa de los derechos de israelís y palestinos, exigiendo el fin de la ocupación militar judía.

Con una misa en Belén, la visita a un campo de refugiados y una plegaria en el Muro de las Lamentaciones quedó bien con todo el mundo.

Lástima que en el perdón pedido por el Holocausto se olvidara de las Cruzadas.

El reconocimiento de dirigentes musulmanes y judíos a la valía humana de este Papa se ha visto en las muestras de duelo mandadas desde la Liga Árabe hasta Hamás.

Sin embargo, ¿cuál ha sido la relación religiosa entre Wojtyla y el islam?

Se ha considerado positivo el acercamiento de Juan Pablo II a las otras religiones, si bien creo que su labor ha sido sobrevalorada.

Hay que recordar que fueron Juan XXIII y el Vaticano II los que abrieron la Iglesia, primero a las otras modalidades del cristianismo, después al judaísmo y, por fin, al islam.

Pablo VI, amigo personal del islamólogo francés Louis Massignon, siguió esta vía de apertura y en 1964 creó el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

La filosofía conciliar respecto a otros monoteísmos partía del reconocimiento de que las simientes del Verbo fueron esparcidas por todo el mundo.

En este sentido, uno de los fragmentos más lúcidos del acercamiento al islam se leyó en la clausura del concilio en el documento Nostra Aetate, donde se hacía una llamada a la colaboración de cristianos y musulmanes por el bien de la humanidad.

Otro ejemplo figura en la constitución Lumen Gentium: "El designio de salvación incluye también a aquellos que reconocen al Creador, entre los que se encuentran en primer lugar los musulmanes que, profesando la fe de Abraham, adoran al Dios Único y Misericordioso que juzgará a los hombres en el Último Día".

Juan Pablo II prosiguió con la teología de conciliación abierta por sus predecesores y desde la creencia en que cristianos, judíos y musulmanes se sienten llamados a obedecer la palabra revelada de Dios, aunque no estén de acuerdo en encontrarla en el mismo lugar.

Pero la consecución del acercamiento religioso parece que va para largo.

En palabras del teólogo J. Martín Velasco, como me informa la amiga y colega Teresa Losada, el Espíritu Santo tiene que decir algunas cosas más y todavía no ha emprendido el vuelo.

En definitiva, ¿se han desaprovechado 27 años? ¿O la Iglesia ha aprendido a utilizar los medios a su favor?