Juan José Gómez Centurión, se retiró del Ejército Argentino con grado de mayor y el honor del reconocimiento como un combatiente valeroso en la Guerra de Malvinas, reconvirtiéndose en ejecutivo a cargo de la Seguridad Corporativa en empresas multinacionales de consumo masivo. Su enrolamiento coincidió con una tendencia notable del conflicto por incremento de la delincuencia, de los reclamos de activistas sociales y del ‘robo hormiga’ que intentan ciertos consumidores.
Denuncian cómo el delito compra voluntades políticas y judiciales en la Provincia de Buenos Aires: Exclusivo de Edición i
POR MARTA MESSINA León Carlos Arslanián dice que él conoce acerca de la seguridad, pero Arslanián miente. Al menos esa es la impresión que queda luego de leer la entrevista a Juan José Gómez Centurión en la Edición i en circulación. Peor aún: la sospecha es que a nadie en la provincia de Buenos Aires le ha interesado combatir el delito como corresponde y que hay una cadena de complicidades por la que debería dar cuenta el jefe del PJ bonaerense, que aparentemente sigue siendo Eduardo Alberto Duhalde. En su regreso al periodismo, luego de bastante ausencia, Messina realizó un notable reportaje:
Hombre de acción, a Gómez Centurión le interesa más hacer que decir, y por eso han sido contadas las ocasiones en que aceptó que la prensa lo entreviste. Con Edición i hizo casi una excepción que permitió dialogar acerca de un tema tan delicado.
Gómez Centurión tiene un estilo crudo, frontal, sin evasivas, lo que resulta apropiado a la hora de hablar de delito y violencia.-¿Qué opina cuando se vincula la inseguridad con la pobreza o con las consecuencias de la civilización urbana o con la importación de tendencias que ya tienen bastante tiempo aún en las sociedades industrializadas?
-El tema de la inseguridad alcanzó un tan elevado nivel político que politiza el diagnóstico y esa es una de las principales causas por las cuales no se acierta una estrategia de seguridad adecuada para los ciudadanos. Creo que intentan trabajar sobre la inseguridad cuando lo que corresponde es trabajar contra el delito.
Inseguridad y delito no son conceptos equivalentes. Son dos cosas distintas.
Vamos al primer diagnóstico: el ‘progresismo’ o de alguna manera, las corrientes más ‘progresistas’ en el diagnóstico del problema de la inseguridad, vinculan la explosión delictiva con el fenómeno de la pobreza.
Es una enorme, gigantesca trampa conceptual, porque en la Argentina real de hoy si definimos la explosión de la inseguridad según la cantidad de chicos que andan robando en las calles motivados por el consumo de pegamento estamos haciendo un mal diagnóstico. Hoy el delito menor -me refiero al del chico que sale a robar un par de zapatillas-, sí tiene un origen en la pobreza, pero ese fenómeno está vinculado con un delito mayor que es ordenador de un delito menor.
Hay un delito mayor, un delito organizado, con vinculaciones en precisos y determinados círculos de poder, que genera las condiciones óptimas para el desarrollo del delito menor.
El delito mayor es el que hoy pone en duda la legitimidad de la convivencia pública. El delito mayor es el que corrompe la justicia, corrompe la política, genera vinculaciones con espacios de poder y, de alguna manera, condiciones ideales para usar al delito menor como materia prima, como mano de obra en la obtención de sus objetivos.
El fenómeno que hoy está planteado en la Argentina no es una explosión desordenada del delito menor generado por la pobreza. Hay un delito organizado que se ha instalado en la Argentina desde hace mucho tiempo -diría más de 10 años-, que ha ido creciendo en sus vinculaciones con espacios políticos, con espacios sociales, con la justicia, con las instituciones policiales...
-Para que quede en negro sobre blanco: ¿La política se encuentra muy vinculada al delito?
-‘Vinculada’ es una palabra confusa. Yo diría que, en muchos casos, se encuentra vinculada y en otros muchos casos, asociada, y me hago responsable de lo que digo.
Ahora vamos al diagnóstico: todos los mapas del delito y todos los diseños de seguridad que hoy nos presentan públicamente, están basados en mapas del delito realizados en función del delito denunciado, que se calcula que es el 36% del delito que realmente ocurre.
Todas las estrategias de seguridad, las de Gustavo Béliz, las de León Arslanián, las que hemos visto en el pasado –algunas de ellas del propio Arslanián modelo 1999- apuntan a contener el delito menor, o sea que el ciudadano no se vea molestado por este desorden público que provocan los sectores marginales atacando en forma ilícita a la sociedad.
En realidad, el diagnóstico es tan equivocado... tan equivocado... que termina siendo perverso.
Porque lo que está pasando hoy en la Argentina, considerando el delito según números, es que el delito es un negocio. El delito es una actividad comercial, y hay que evaluarlo en esos términos, como si se analizara cualquier otro negocio.
Hoy tenemos que hay tres grandes unidades de negocios y dos ‘nichos’ delictivos que se vinculan, casi indirectamente, con la vida del ciudadano y por eso nadie habla de ello y no hay una estrategia de seguridad que apunte a ello.
Cuando uno analiza los números se encuentra, por ejemplo, que en el año 2003, reuniendo información –es un ejemplo- de las cámaras empresarias del transporte, resulta que el fenómeno de la ‘piratería del asfalto’ provocó pérdidas en todos los ramos del comercio y la industria por unos $ 1.300 millones. La empresa de supermercados Disco factura por año $ 1.450 millones. O sea que hubo una actividad delictiva especializada que resultó equivalente a la logística de una cadena de supermercados circulando por el conurbano bonaerense sin que nadie la vea.
Pensemos que ese delito circula por caminos y por rutas, no camina por el aire. Pero ocurre que no lo está viendo ni la policía ni los intendentes ni los concejales ni los ‘punteros’ políticos ni las asistentes sociales que trabajan todo el día en las áreas marginales... ¿no lo ve nadie? A Disco sí lo conocen y lo ven la Afip, los políticos, la policía, etc. pero a una actividad que factura un monto equivalente, nadie lo ve cuando ese volumen de mercaderías que van de aquí para allá requiere de flotas de camiones, de depósitos para el traspaso de mercaderías, depósitos clandestinos para almacenar el stock... ¿y nadie los ve?
-Buena pregunta: ¿Y nadie los ve?
-A mi no me cierra. El segundo gran delito, en términos de unidad de negocio, es el robo de ganado, el negocio clandestino de ganado. El cuatrerismo es el delito menor, y hay un negocio por detrás que es el procesamiento de las reses, la compra y la colocación en un mercado.
Este es otro delito que circula por rutas, que requiere una flota de camiones, lugares de concentración de ganado, un frigorífico para faenar los animales... ¿y nadie lo ve?
El otro gran delito que funciona, fundamentalmente en el conurbano y la Ciudad de Buenos Aires, es la introducción del oro. Es la tercera unidad de negocio de esta gran empresa que podemos llamar Delito Organizado S.A.
Y después hay dos ‘nichos’ que son fluctuantes, y dependen de la oportunidad: el de los secuestros, y el robo y comercialización de automóviles y autopartes. Éste es el triángulo del delito mayor.
-¿Y los protagonistas cuándo aparecen? Porque con tanto dinero en danza no voy a creer que el Hígado Muñoz manejaba esto...
-Si tres de esos delitos, o dos de esos delitos, circulan por las rutas nacionales y provinciales, alguien que no es experto en seguridad puede reflexionar: "Si yo tengo un adversario que es el delito mayor, debo atacar ese negocio que es el que tiene el dinero capaz de corromper a las instituciones, a la policía, a los jueces, a los políticos y tiene las condiciones para que explote abajo el delito menor, mano de obra del delito mayor".
-Pero hay mucha gente involucrada en el tema que nunca se lo pregunta...
-¿Por qué cree Usted que los jóvenes delincuentes matan tan innecesaria como salvajemente en los asaltos? Porque quieren que los contrate el delito mayor. Quieren ubicarse en la vidriera.
Si yo tengo este mapa del delito, concentrado en la facturación de los ilícitos, el primer paso en mi estrategia debe ser atacar su base de fortaleza. Necesito barrer un negocio que circula por ocho rutas nacionales en tres cordones del conurbano que van en un radio de 200 kilómetros.
¿Cómo que no puedo hacerlo? Necesita 400 tipos seleccionados, con equipos de comunicación adecuados y medios de transportes que recorran cada noche las rutas de la provincia de Buenos Aires y empiecen a intervenir en forma decidida. No es muy difícil, cualquier neófito se da cuenta.
Esos 400 efectivos especializados los puedo obtener en la Gendarmería, en la Prefectura, en las policías. ¿Cómo no puedo organizar una fuerza especial?
Pero antes del cómo lo hago, discutamos qué hacemos, porque cualquier estrategia de seguridad necesita definir a un adversario e identificar cuál es su fortaleza para atacarlo en forma eficiente.
-¿Existen o no esos hombres especializados?
-Estoy seguro que sí. Es muy simple: se empieza caminando las rutas y parando camiones, se pide la Guía de Transporte... no se necesita ser Eliott Ness. Identifica los depósitos clandestinos y empieza a caminar pidiendo las facturas. ¿Es tan difícil operar en ese sentido? No, es muy sencillo. Ignoro por qué no se hace o por qué no se quiere hacer.
-¿Nunca se practican este tipo de operativos?
-Los dos grandes operativos contra ‘piratas del asfalto’ los hizo Gendarmería Nacional, por detección en la frontera de Bolivia, y contra los autopartistas en días de elecciones. El desarmadero más grande de la provincia de Buenos Aires estaba en un pueblo de 8.000 habitantes pero nunca nadie lo había visto... ¿Nadie?
Usted me puede decir: "No confío en la Policía". Yo le digo: "Todo bien. Paguémosle, entonces, un plus a las maestras de la escuela local y ubiquémoslas en las puertas de un desarmadero. ¿Quién mejor que ellas para contar cuántos vehículos entran por día?".
Entonces, cualquier estrategia de seguridad a nivel nacional, y fundamentalmente a nivel provincial, que no empiece definiendo al delito organizado como un enemigo público y atacando sus bases de fortaleza, es una estrategia que fracasa desde el inicio.
¿Cuál ha sido el planteo de Arslanián o el de Béliz? Ellos no son especialistas en el tema, y entonces se aferran a algún concepto que leyeron por ahí de Rudolph Giuliani, hoy un consultor, antes un alcalde, pero nunca un especialista en seguridad porque para eso él tenía jefes policiales, y dicen: "Ataquemos el delito menor para que la población pueda estar tranquila".
Ellos establecen una estrategia de cuadrículas, mayor cantidad de policía por cuadrículas, mayor cantidad de medios por cuadrículas, pero así atacan a una plaga de cucarachas con un martillo.
Teniendo en cuenta que una cadena de supermercados factura $ 1.450 millones, con un margen de utilidad del 3%, y eso supone que es un excelente negocio, ¿qué hacemos con un negocio de $ 1.300 millones en mercadería robada que logra un margen de utilidad del 50%? Fíjese la capacidad de acumulación de riqueza de uno y otro negocio. Ningún holding internacional, ninguna cadena de supermercados tiene una capacidad de acumulación de riqueza comparable con la de cinco jefes de banda del conurbano bonaerense.
-¿Cuál es el destino de ese dinero?
-Ese dinero circula, en algunas oportunidades, a inversiones legales a través del ‘lavado de dinero’. El resto del dinero circula para seguir incrementando el negocio. Así se compran más flotas de vehículos, más voluntades políticas, se pagan campañas de cierto candidato, se compran comisarías enteras, comprar más jueces, más fiscales.
La trampa que nos venden es que resulta inabordable este problema desde lo conceptual, pero es una mentira. Conceptualmente podemos abordarlo, después analizamos cómo se hace y esa la segunda discusión.
-El gobierno de la provincia de Buenos Aires ha repetido, hace unos días, que no tiene los medios para actuar. Incluso ha acusado a los empresarios de utilizar a la policía para su propia custodia desarticulando las cuadrículas.
-Nosotros vivimos proponiendo al gobierno que suspenda el servicio de la policía adicional. Yo no quiero pagar policías. Yo quiero que la policía me proteja como un agente del orden público. ¿A quién se le ocurre tener que pagar a la policía un adicional para que haga lo que debe hacer porque para eso pagamos los impuestos? Ridículo.
En los bancos es obligatorio contratar policías adicionales porque de lo contrario no pueden abrir sus puertas. ¿Cómo se entiende?
Creo que hay que quitar a los policías de todos los servicios adicionales, pagarles el sueldo que corresponde y ponerlos a trabajar en la calle.
Hay que hablar del qué vamos a hacer y es el punto que falla por un enfoque político del asunto. Es ahí donde la Argentina no logra dar en la tecla.
-¿Cómo interviene la droga en esta cuestión?
-Siempre hay droga. Cuando uno tiene dos negocios como el robo clandestino de ganado y el de los ‘piratas del asfalto’, se necesita -desde el punto de vista del delito- una estrategia apuntada a tener vía libre en las rutas. Para esto se vuelcan recursos, medios para tener el control y circular libremente y aquí se mete la droga.
Una cosa es el tráfico internacional de drogas, que es un segmento del negocio, y otro negocio -que se encuentra tercerizado- es la distribución. Son dos redes vinculadas pero distintas.
Para la distribución se desarrolló una red que se extiende hasta los últimos lugares del conurbano bonaerense. Todos sabemos que la droga no solamente se distribuye sino que es moneda de cambio de ciertos artículos: autopartes por droga, droga por armas, hay una red de trueque.
Entonces, no se puede dejar de asociar la explosión del delito en el conurbano bonaerense con la ‘caja’ política, y todo el mundo sabe que la forma de pago a los ‘punteros’ justicialistas es con droga. Es increíble que cualquiera lo sepa en las barriadas bonaerenses y nadie haga algo.
-¿Usted cree que Arslanián lo sabe?
-Cuando una persona llega a ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, lo sabe. Le puede constar o no, pero sabe qué pasa y si no hace algo llegamos a una primera conclusión de la complicidad del funcionamiento y -en algunos casos- asociación de determinado sector de la política bonaerense con el desarrollo del delito.
Repito: la primera conclusión es que el fenómeno del delito se vincula, necesariamente, con un grupo de poder cuya ‘caja’ es el delito, y ese grupo de poder tiene vinculaciones con la política, y ocupa un espacio de poder en el territorio del Gran Buenos Aires.
-Todos sabemos quién es quién y qué hace en el poder político bonaerense. ¿Quién tiene la solución?
-La gente. Es la gente la que tiene que votar. Es la gente la que debe entender el problema. Todos sabemos que hay que cambiar el sistema político, y el sistema político va a crujir el año que viene.
Si el año que viene Eduardo Duhalde pierde las elecciones bonaerenses, hay que tener en cuenta que la Provincia se va a poner muy mal por mucho tiempo porque nadie deja un negocio como este librado al azar. Por esto quien tenga aspiraciones serias, debe actuar con precaución, planificación y determinación.
-En este punto entramos al fenómeno de la pobreza, porque la gente necesita trabajo o alimentos es cautiva del sistema vigente...
-La gente está cambiando. La gente no es estúpida. El PJ el año pasado fue a elecciones con tres candidatos a Presidente. ¿Cree que la gente no se dio cuenta que el PJ ya no es el PJ?
Cuando todo el mundo dice, al final "Que se vayan todos" y no se fue nadie... pero explotó la UCR, se esfumó el Frepaso, desapareció el ‘cavallismo’... más vale que para el PJ también todo está cambiando. Uno puede ser agente de cambio o puede ser agente de resignación. Yo soy agente de cambio.
-Regresemos al tema de la policía. ¿Usted no cree que debe conducirla alguien especializado y no un civil que debe improvisar?
-No necesariamente. Sí creo que tiene que haber un buen jefe de Policía, pero el ministro de Seguridad puede ser civil. Definamos las perversiones: ésta perversión empieza en 1999 desmembrando a la Policía Bonaerense.
En ese momento yo trabajaba en La Plata y así tenía mucho contacto con el equipo de Arslanián. El planteo que hacíamos era que si hay que cambiar una institución, hay que cambiarla en forma piramidal. Le dijimos que este modelo de las departamentales es muy perverso porque rompe la unidad de comando.
Le remarcamos: "Si ustedes hacen el proyecto que quieren hacer (y que hicieron), en lugar de tener un problema van a tener nueve problemas por las nueve departamentales". Ahora tienen nueve problemas porque tienen 9 cuerpos policiales.
Entonces, para cambiar la institución hay que fortalecerla verticalmente y cambiarla, simultáneamente, de arriba para abajo y de abajo para arriba. Esto es elemental.
Otra equivocación fue la organización de las DDI. Y quiero aclarar que yo no hago planteos ideológicos. Yo soy un profesional que puedo sentar al lado de cualquier persona más allá de su ideología. Mi especialidad no es la ideología.
-Más allá de necesitar la instrumentación de un marco legal, ¿estaría de acuerdo con integrar a las Fuerzas Armadas en la solución del problema de la inseguridad?
-Creo que, conceptualmente, no corresponde porque las FF.AA. no se encuentran ni entrenadas ni capacitadas para ello ni su misión es la seguridad interna. No lo saben hacer, no tienen voluntad de hacerlo, no tienen vocación de hacerlo y no tienen que hacerlo.
-Pero Duhalde acaba de proponerlo como una de las posibilidades para el combate de la inseguridad.
-Es un tema político no es un tema operativo. Todo el mundo sabe que las Fuerzas Armadas no sirven para la lucha contra el delito.
-¿El gobierno consulta a los expertos en seguridad de las empresas privadas? ¿Lo han consultado?
-Oficialmente, nunca. Nunca. Y creo que es típico de la mayoría de los funcionarios la soberbia. Creen que llegan a un sillón porque han sido tocados por ‘la varita de Dios’, es un esquema casi monárquico en este tipo de cosas.
En varias ocasiones hemos pedido reuniones con los funcionarios para contarles nuestros problemas, inquietudes y experiencias. Quizá el diagnóstico resulte un poco duro para un funcionario pero proviene de la realidad. En vano. No quieren que les demos una mano.
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Edición i, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.








