“La decisión de Mesa de vender gas a la Argentina es muy saludable”

Además del abastecimiento de las provincias argentinas, sería muy conveniente que, por la proximidad del gasoducto, se negocie la venta de gas natural también a la República del Paraguay, deseo largamente acariciado por las dos naciones.

El siguiente editorial forma parte de la edición del día del diario boliviano La Razón:

El instrumento diplomático suscrito hace algunos días por los presidentes de Bolivia y Argentina, Carlos Mesa y Néstor Kirchner, respectivamente, es algo que debe destacarse porque, finalmente, el Poder Ejecutivo decide, como es su obligación, definir sobre políticas públicas que son de su entera responsabilidad y cuya ejecución no se puede ni se debe delegar a ningún otro poder ni agrupación.

El presidente Carlos Mesa ha ignorado las advertencias y hasta amenazas de los sectores nacionalizadores que le exigían esperar hasta que la Ley de Hidrocarburos estuviera promulgada para vender gas natural a Argentina. Y aunque afirmó que el acuerdo con Argentina está sujeto a la promulgación de la Ley de Hidrocarburos, su actitud implica la decisión de no perder más tiempo y, sobre todo, no perder mercados ni postergar, sin fecha concreta, la recepción de ingresos para el Tesoro General de la Nación.

Es, por tanto, una decisión saludable la del Presidente, ya que mientras se descubre más gas, la larga espera de las discusiones bizantinas previas a la aprobación de una ley que regule su exportación hace que Bolivia pierda mercados. "Más gas, menos mercados", podría ser una síntesis del triste momento que se está viviendo a la espera de la aprobación de una Ley de Hidrocarburos que sea sensata y adecuada a estos tiempos.

Pero por lo menos desde el 2007 está asegurado un mercado con Argentina de 20 millones de metros cúbicos diarios de gas natural, durante los próximos 20 años, lo que no es poco en un trance como el actual, que es de absoluta necesidad. Además —muy importante por cierto— existe el compromiso de construir en las inmediaciones de la frontera, pero en territorio boliviano, una planta separadora de gas natural, lo que hará que se obtenga gas licuado de petróleo (GLP) para el consumo interno y para la exportación, dándole un valor agregado al hidrocarburo.

Habrá que esperar, de todas formas, que se concluya la construcción de un gasoducto, en territorio argentino —el Gasoducto Noreste Argentino (GNA)—, que abastecería de gas a las provincias de Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y Salta.

Además del abastecimiento de estas provincias argentinas, sería muy conveniente que, por la proximidad del gasoducto, se negocie la venta de gas natural también a la República del Paraguay, deseo largamente acariciado por las dos naciones y que ahora puede ser una realidad muy positiva. El abastecimiento de gas natural a las regiones sureñas de Bolivia es otro aspecto de primerísima importancia, porque se da cumplimiento, en parte, al gran proyecto de utilizar la energía gasífera en las ciudades y pueblos del país, lo que abaratará el costo de vida del pueblo.

Hay que aplaudir, por tanto, la decisión gubernamental de haber negociado acertadamente con nuestros vecinos del sur y de haber consolidado plenamente a un comprador tradicional que tiene grandes vínculos comerciales e históricos con Bolivia. A esto se añade que con decisiones como ésta el país refuerza su condición de centro energético estratégico de la región, aspecto que debería ser considerado también en la discusión y aprobación de la nueva ley del sector.