El avión es un sueño. Pueden sentarse a una mesa a cenar 30 comensales, a la luz de las velas, en plena travesía. La cocina para que el chef trabaje a gusto tiene fregaderos o piletas chapadas en oro y un compartimiento diseñada para guardar el caviar.
Abramovich y el jet más caro del mundo
Roman Abramovich no tuvo suficiente con comprarse el Chelsea británico; también tiene un avión que compite con el Air Force One estadounidense.
La temperatura interior es perfecta gracias a un sofisticado sistema de aire acondicionado importado de Suecia.
El avión existe y es de Roman Abramovich, ruso de 37 años, el 2do. millonario más rico de su país.
Es un Boing 767-300 originalmente creado para 350 pasajeros, reconvertido en un palacio volante con butacas de lujo.
Es el jet privado más caro del mundo.
Abramovich -gobernador de Chukotka, una región siberiana próxima a Alaska, empresario del petróleo y el aluminio y propietario del club británico de fútbol Chelsea- pagó 84 millones de euros por el avión y 15 millones más por equipar el interior.
Abramovich puede disfrutar de un placentero sueño en su habitación con cama matrimonial, moqueta y pantallas de plasma sin miedo a que un misil estropee sus sueños dorados.
El Air Abramovich cuenta con un dispositivo antimisiles, valorado en 1.200.000 euros, similar al que protege el Air Force One de George Bush.
El avión le costará, al menos, 150 euros por milla entre combustible y otros gastos.
Pero el hombre tiene una fortuna de 11.000 millones de euros, según la lista de millonarios elaborada por The Sunday Times.
Cuando en 2003 adquirió el Chelsea por 370 millones de euros, aseguró que el prestigioso equipo londinense no era un negocio para él, sino un simple hobby.
El club cuenta con 400 millones de euros para los fichajes de esta temporada, lo que iguala la suma total para fichajes de todos los equipos que componen la liga inglesa...
El 35% de la producción industrial rusa está en manos de 23 compañías y que Abramovich controla la segunda en importancia, la Millhouse Capital.
Abramovich asegura que en ocasiones le aburre su millonaria existencia y que no tardará muchos años en dejar todos los negocios y dedicarse a navegar por el mundo con su familia.








