Un dato de la realidad predice un congelamiento de la actividad: entre marzo y mayo, la transferencia de recursos del sector privado al público alcanzó 6% del PBI de un trimestre.
Voracidad fiscal, sinónimo de recesión
En pocos días el ministerio de Economía dará a conocer de manera orgullosa nuevas cifras récord en recaudación. Pero para el crecimiento del país, ¿los ingresos fiscales son tan vitales?. Al respecto, U24 reprodujo una nota publicada en la sección editorial del diario platense Hoy:
La cifra es tres veces superior al impuestazo aplicado por el entonces ministro Machinea a sólo días de haber asumido De la Rúa la presidencia en 1999. Aquella vez se abortó la incipiente reactivación que se gestaba.
Con PyMEs que no pueden acceder al crédito bancario por deudas tributarias, con proyectos privados que generan mano de obra estancados por los altos aportes patronales, ¿cómo cree el Gobierno que bajará la desocupación real, que llega a más del 19%, y se reactivará el mercado interno?
Es para destacar, y hasta interpretar como tomada de pelo de la AFIP, que los planes de facilidades de pago son imposibles de cumplir por la mayoría de los contribuyentes, endeudados por políticas económicas que llevaron el país a la ruina.
Como ejemplo, si un empresario desea saldar en 60 cuotas una deuda, se calcula al monto original un interés del 3% mensual hasta mayo de 2004 y luego del 2% mensual por los años siguientes. Un monto adeudado de $3.000 se incrementa así a $8.000.
Tampoco el fisco bonaerense se salva, la reinstalación de una alícuota del 1% en Ingresos Brutos en la comercialización de carnes y granos ha sacado competitividad a la producción bonaerense frente a otras provincias.
La voracidad fiscal no sólo frena el desarrollo económico, sino que la deprime. Es hora de replantearse una reforma fiscal progresista y de aliviar con serias políticas la mochila impositiva que aún llevan las PyMEs.








