No hay dos sin tres: Lavagna en el reino de las "aclaraciones"

POR FABIÁN DOMAN (*) El autor conoce en profundidad la interna del default y las negociaciones financieras argentinas en USA. Su columna hoy en el diario Infobae es muy interesante:

La palabra de los funcionarios públicos en la Argentina está comenzando a recuperar credibilidad, aunque al revés. Si se escucha alguna declaración oficial señalando que no va a llover, cuidado: hay que salir corriendo a comprar paraguas.

En cierto modo es un avance. Aunque por oposición, vuelve la certidumbre. La reestructuración de la deuda es un buen ejemplo de esa dinámica. La insistencia oficial con la propuesta de Dubai genero en los acreedores y en el mercado la sensación opuesta: que la oferta sería mejorada y que la quita sería menor. El tiempo les dio razón.

Pero el problema para el Gobierno sigue. Es en este escenario de las
contraposiciones donde se juega la credibilidad de la última presentación del Ministerio de Economía.

Otra vez, los acreedores y el mercado confían en que en poco tiempo más la oferta volverá a mejorarse y que la quita se va a acercar a los estándares internacionales.

A esta altura, considerando a Dubai como la primera propuesta, el sentimiento general en el mundo financiero (sobre todo internacional) es que la segunda, la de Buenos Aires de hace diez días, ya tiene una tercera. Algo así como "no hay dos sin tres".

El juego se torna curioso y perverso. A medida que los interlocutores ponen en duda la inmovilidad del Gobierno con su última oferta (ya esta a altura da lo mismo si Dubai o Buenos Aires), los funcionarios argentinos reaccionan tirándole querosene al fuego.

El "no hay repechaje" y el "se terminó la negociación" de los últimos días, lejos de amedrentar a los acreedores, los incentiva. Los alienta.

# La palabra

Todo en un escenario inusual. Si algo ha recuperado el Presidente Kirchner es justamente la "palabra". Recibe muchas críticas por lo que dice, y porque además trata de hacer lo que dice, y ha logrado que la palabra de los presidentes gane en crebibilidad en casi todos los temas.

La negociación de la deuda es una de las excepciones. Un tema que sólo sigue el 1% de la población, según un trabajo de Rosendo Fraga, pero que afecta al 99% y por su naturaleza técnica tiene poco seguimiento masivo; un terreno que permite, entonces, jugar a las escondidas.

Volvamos a la deuda. Desde hace una semana, detrás de declaraciones-desmentidas de rigor, pululan las "aclaraciones" a la
presentación del Ministro de Economía del martes 1º, las que, casualmente, siempre resultan una mejora para los acreedores.

Una rápida comparación, no sólo con Dubai (que a esta altura se parece a una TV blanco y negro) sino entre la presentación de Lavagna y los últimos papeles oficiales de la oferta, que se dan a conocer en cuentagotas, confirma la teoría de la credibilidad por oposición:

** Los bonos cuasi-par el martes 1º no se indexaban con el CER. Pero 24 horas después, sí.

** El bono de descuento originalmente pagaba la misma tasa independientemente de la cantidad de acreedores que se sumaran al canje.

Ahora, será del 8,21% si aceptan la reestructuración el 70% de los bonistas. Y del 8,40% si aumenta el consentimiento de los acreedores.

** El famoso papel atado al PBI, al crecimiento de la economía, se calculaba el martes 1º de acuerdo con el valor nominal de los bonos. Ahora dependerá de la deuda en default que cada acreedor quiera canjear (mucho más lógico y justo).

** Con una importante dosis de maldad también se podría decir que, con
respecto a Dubai, el bono que en septiembre tenía una duración de 42 años ahora rejuveneció y será de 35 y la tasa del 0,5% ahora mágicamente se transformó al 1,35%.

Todo siempre regado con las promesas de que "la propuesta no se cambia" y de que "esta es la ultima oferta".

Pero hay más. Para aquellos que piensan que la dinámica de esta negociación se quedó sin combustible, aquí van algunos de los cambios que se vienen y que, seguramente, serán desmentidos por los funcionarios (Un consejo: a medida que los vayan desmitiendo, sugerimos ir tildando el item respectivo y pasándolo a integrar el cóctel de la que a esta altura será la ‘última’ oferta):

** El súpernegado pago inicial en efectivo de u$s2.000 millones. "Ni aunque el FFMI nos preste la plata", afirman en el Gobierno. Hummm....

** Manejar el cupón atado al crecimiento para ciertos bonos y no para todo el canje, lo que aplicado -si la economía efectivamente sigue mejorando- aumentaría el valor real del nuevo bono.

** Ampliar el plazo para el cálculo de los intereses caídos. Y que no sea
desde diciembre del 2001 hasta junio del 2004, sino hasta el momento
efectivo del canje (¿octubre, noviembre, diciembre de este año?).

** Lo obvio: acotar los plazos en años de los bonos y aumentar el interés que pagarán.

¿Y si el ejercicio de la credibilidad por oposición lo atrasamos a antes de Dubai?. Peor. Veamos:

** Merrill Lynch no participaría de la reestructuración de la deuda por haber sido un actor fundamental en la década infame de los ’90 y articulador clave del megacanje de Cavallo del 2001. Merrill es hoy el más importante de los bancos que participa en la negociación (todavía, sería el termino exacto, después de la desazón que generó en el banco la presentación del martes 1º).

** Nicola Stock era la pieza clave de la negociación con los italianos.
Miembro decisivo de los grupos consultivos en el año 2003 y a quien se le reconocía entidad al nombrarlo con nombre y apellido en las comunicaciones oficiales, hoy es el "enemigo". Hace un año era "el amigo".

** Adam Lerrick creó un negocio sobre las ruinas de los bonos argentinos en default: cobrarles a los inversores alemanes un porcentaje por conseguir nuevos bonos. Hace un año, Lerrick era casi un malhechor y se lo condenaba en público por querer ganar plata con el hambre ajeno. Hoy es una de las imágenes fotográficas de la negociación.

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(*) Consultor en Comunicación Financiera.
Infobae, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004.