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FINAL DE OTRO 'MILAGRO' LATINOAMERICANO

Toque de queda en Bogotá: la Alianza del Pacífico se muere

Dom, 24/11/2019 - 9:10am
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Por Urgente24

La derecha colombiana no vió venir la crisis. La ha sorprendido. La derecha colombiana creyó que el reclamo estaba circunscripto al pequeño Ejército de Liberación Nacional, que no ha firmado la paz que sí aceptaron las exFuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Pero lo que sucede no es guerrilla, es descontento urbano, que sobrepasa a todos: nuevas generaciones insatisfechas con el modelo de Álvaro Uribe Vélez que reivindica Iván Duque, que se ha desplomado casi tan velozmente como Sebastián Piñera. ¿Y ahora? La Alianza del Pacífico era el modelo que articuló USA ya que no conseguía el ALCA que le voltearon Néstor Kirchner y Hugo Chávez para agradar a Luiz Inácio Lula da Silva. Pero México quedó en manos de Andrés Manuel López Obrador, Chile cruje, ahora Colombia también y Perú está navegando como puede: la Alianza del Pacífico no es la panacea del capitalismo regional. En Bogotá hay toque de queda este viernes 22/11/2019.

Policías colombianos resistiendo un ataque de la protesta.
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El alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, tomó una decisión definitiva: decretó el toque de queda en toda la ciudad a partir de las 21:00. La alcaldía informó también que el Transmilenio dejaba de operar a las 19:00, e hizo un llamado para que todas las personas comiencen a regresar a sus hogares.

"Lo que estamos enfrentando no es una marcha, no es un cacerolazo. Aquí lo que tenemos es una minoría de delincuentes destruyendo los bienes públicos y privados de los ciudadanos. Delincuentes, vándalos, que saquean, que roban y que quieren acabar prácticamente con nuestra ciudad", había dicho el alcalde. 

El mandatario explicó que la medida busca proteger a la población. "Hay 1.600.000 ciudadanos que han validado hoy su tiquete de TransMilenio. La inmensa mayoría de ciudadanos son buenos, trabajadores. No vamos a dejar que una minoría de delincuentes destruya la ciudad". 

Sobre las alteraciones al sistema de transporte, el alcalde aseguró que lamentablemente ha habido un vandalismo generalizado que hizo recordar a Santiago de Chile. "Han dañado 76 estaciones, algunas completamente, y más de 60 buses".  

Bogotá convulsionada 

En horas de la tarde, los bogotanos han sufrido para regresar a sus casas de sus trabajos o sus lugares de estudio.

En las principales vías de la capital se observaron personas que caminan o hacen largas filas en los paraderos trantando de encontrar transporte.

39 vehículos del sistema TransMilenio fueron vandalizados, incluso en el sur de Bogotá, un bus fue tomado por asalto. En las troncales hacia el sur y el occidente de Bogotá, las personas han tenido que tomar camiones para lograr movilizarse, en medio de disturbios y confrontaciones.

Un grupo de vándalos se robó un bus SITP en Ciudad Bolívar y lo utilizaron para saquear una tienda ARA en el sur de Bogotá.

El impresionante video registra el momento en el que el grupo forzó su entrada al establecimiento y la puerta cae sobre algunos trabajadores que estaban intentando contener a los vándalos. Decenas de personas salieron con artículos como bolsas de leche, e incluso televisores. Cuando la Policía llegó, algunas personas devolvieron los objetos robados.

Video

La Autopista Norte de Bogotá también vivió horas de mucha tensión. La operación de TransMilenio tuvo que ser suspendida y quienes se encontraban movilizándose en los articulados han tenido que pararse y andar a pie para llegar a su destino. 

Sospecha de la derecha colombiana

En las redes sociales que frecuenta la derecha colombiana se culpa a ciudadanos venezolanos de participar y propiciar los disturbios de jueves y viernes en Bogotá.

Hay que encontrar un culpable, según algunos. No pueden aceptar que les ha explotado el modelo en sus narices y no estaban en preaviso.

Interpretación ramplona de los acontecimientos, propia de un Álvaro Uribe Vélez, aunque no circunscripta a él, evidentemente.

“Lo que está ocurriendo es un problema de Colombia y de colombianos. Nosotros no tenemos por qué intervenir en los asuntos políticos de Colombia. Si hay venezolanos inmersos en actividades contrarias a la ley, Colombia tiene que judicializarlos y condenarlos. Si resultan condenados tienen que meterlos a la cárcel y sólo después deportarlos”, reclamó el magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Venezuela, refugiado en Colombia, Gonzalo Oliveros.

El magistrado agregó que hace falta más control en la entrada a Colombia por razones internas de seguridad. “Es posible que haya venezolanos que estén haciendo actividades incorrectas, entonces, deténganlos, enjuícienlos y luego depórtenlos. La gran mayoría no estamos en eso y lo vemos con preocupación”, dijo Oliveros. 

Por su parte, Carlos Vilma, venezolano ex candidato al Concejo de Bogotá, por el Centro Democrático, que no resultó electo, dijo que el vandalismo “hace parte de un plan estructurado de desestabilización. El objetivo es hacerle pensar a opinión pública que para frenar lo que ocurre en la calle tiene que cambiar el gobierno colombiano. Esto es resultado del foro de Sao Paulo. Esto es el resultado de delincuencia común y organizada, pero también, delincuencia política para desestabilizar al país”.

Actualmente hay 1,5 millón de venezolanos en Colombia y un poco más de 300.000 en Bogotá, de acuerdo con cifras de Migración Colombia y la Organización de Naciones Unidas. 

Una reflexión

Interesante el comentario de Francisco de Roux en el diario El Espectador, de Bogotá:

"En 1977 el Paro Nacional fue en los tiempos del "entrismo". La guerrilla había entrado en organizaciones de la sociedad civil que legitimaban las armas en manos de guerrilleros como retaguardia de la lucha social; estos grupos guerrilleros, apoyados en el reconocimiento que les daban organizaciones populares, sindicales y estudiantiles,vieron en el momento la posibilidad de desatar la insurrección general contra el sistema. La clase media era menos en tamaño y los sectores populares añadían a las indignaciones la rabia por el robo de las elecciones del 19 de Abril.

El punto importante era la aceptación de la violencia en la lucha social y por ende de la combinación de las formas de lucha contra el monopolio de las armas en manos del Estado.

Obviamente había un debate al interior de esas organizaciones civiles populares y había desacuerdos sobre la presencia armada que penetraba la lucha social, pero esa presencia permanecía y tenia amplia aprobación asi fuera tácita. En ese escenario el encapuchado era un héroe y muchas organizaciones sociales y vecinos se unieron a ellos para hacer barricadas con llantas incendiadas para aislar las ciudades.

En el paro del 21 de Noviembre la situación es distinta. Ya no hay "entrismo" aprobado explícita o tácitamente por las organizaciones de la sociedad, sean sindicatos o estudiantes, indígenas o campesinos. Colombia en una inmensa mayoría no quiere las armas en la política, ni acepta la violencia como partera de la historia. La clase media del estrato tres tiene la mayoría relativa. El sindicalismo, victimizado en el conflicto es un serio agente de paz. La juventud lucha por un futuro distinto a los años del enemigo interno. La guardia indígena ha demostrado que la seguridad no la dan las armas. En las elecciones a alcaldes y gobernadores la participación en las urnas más grande de la historia acaba de expresar que no quiere la guerra y que rechaza a los políticos que polarizan porque la gente sabe que, con la historia de Colombia, aupar la polarización puede volver a meter armas en la política y en la lucha social pues hay heridas muy profundas de todos los lados que, activadas por los que incitan al odio y al señalamiento desde los dos extremos, pueden posicionar de nuevo al conflicto armado como lo determinante de la política en nuestra sociedad.

La marcha inmensa ciudadana y pacífica fue un clamor contra las injusticias acumuladas en desigualdad, corrupcion estatal, desempleo, racismo, y desprotección de la vida humana y la vida de los territorios. Y fue una marcha contra la violencia y contra la polarización extrema y provocadora de guerra. Por eso esta vez el encapuchado fue un paria que encarna todo lo que rechaza una nación de 10 millones de victimas: las bombas, el reclutamiento y destruccion de la niñez y la juventud por la guerra, el secuestro, las desapariciones, los falsos positivos, las minas anti personas, las masacres. El cacerolazo final fue de rechazo a todas las injusticias sociales y políticas y de rechazo a los encapuchados.

Sin embargo es necesario ver en esto toda la verdad que se devela. La presencia de los llamados vándalos, minoritarios y reprobados muestra que el conflicto armado continúa en manos de una minoría capaz de obstaculizar gravemente la convivencia si no se la toma en serio por caminos razonables que expliquen el por qué de la continuación. El narcotrafico, el ELN, la disidencias y otras formas de paramilitarismo están actuando y mostraron en las ciudades lo que se viene expresando con sufrimiento de las comunidades en Choco, el Catatumbo, Arauca y el Guaviare. En lugar de salir ahora desde los dos extremos de la polarización a señalar culpables para derrotarlos políticamente y declarar una nueva guerra interna, tenemos que explicarnos el por qué de estas formas de continuación y abrir el espacio a soluciones negociadas e incluyentes basadas en el respeto a los derechos humanos y en la determinación de llevar hasta el final La Paz iniciada en los acuerdos de La Habana. El cacerolazo al caer de la noche tenía ese sentido, por la justicia, los cambios estructurales esperados, la paz incluyente y la no continuación de la barbarie."