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Desesperante: En Kenya cortan el pene a niños para preparar un caldo con el que imaginan que curan el sida

Pedro Cavadas es un cirujano español, de 41 años que pone brazos donde no había, reconstruye cráneos y a veces cambia de lugar un órgano, pero siempre con el objetivo de mejorar las vidas de quienes 'caen' en sus manos. Fue entrevistado por el diario 'El Tiempo', de Colombia.

BOGOTÁ ( El Tiempo). La proeza más reciente del cirujano Pedro Cavadas fue amputarle la mano derecha a un navarro de 63 años e implantársela después en el muñón que remataba su brazo izquierdo. "Es un caso singular. A los 19 años perdió la mano izquierda en un accidente de trabajo y hace 4 años tuvo un derrame cerebral, con tan mala suerte que le afectó el lado derecho -cuenta el médico-. Entonces surgió la idea de pasarle su única mano al lado sano, pero había un problema: el pulgar se quedaba hacia abajo. La solución fue trasplantárselo al lado del meñique, que ahora va a hacer de dedo índice". Cavadas ya había llamado la atención del mundo a finales de 2006, cuando hizo público que, por 1ra. vez en la historia de la medicina, le había trasplantado los antebrazos y las manos a una mujer. La beneficiaria fue la colombiana Alba Lucía Carmona, de 47 años, que perdió sus extremidades en 1978, en Fresno (Tolima), como consecuencia de una explosión durante unas prácticas escolares de química. Desde Valencia, donde esta semana reveló los detalles del procedimiento mediante el cual convirtió una mano derecha en izquierda, Cavadas habló: -En 6 meses ha sorprendido al mundo médico 2 veces. ¿En qué trabaja ahora? -Tenemos más candidatos para trasplantes bilaterales de mano (ambos brazos). -¿Cómo selecciona a sus pacientes? -Primero hay que dejar claro que el trasplante, entendido como el implante de un órgano de una persona muerta en una viva, solo es aconsejable para los biamputados (que han perdido ambas manos). -¿Por qué? -Porque la persona que tiene una mano consigue resultados muy aceptables con una prótesis en el otro brazo. En cambio, con prótesis en los 2 brazos se consigue un resultado nada aceptable. -O sea que su última operación no fue un trasplante... -No, porque la mano que implantamos fue tomada de la misma persona. -¿Cuánto cuesta algo así? -Es difícil ponerle precio a algo que se hace por primera vez en el mundo. Los costos los asumió la Fundación (Pedro Cavadas). -¿Qué hace la fundación? -Organizamos viajes de cooperación humanitaria a Kenya para hacer cirugías importantes a gente que jamás tendría acceso a ellas. -¿Existe la posibilidad de que hagan lo mismo en Colombia? -De Colombia trajimos a Alba (en realidad vive en España desde hace cerca de 7 años) y de Guatemala trajimos hace poco a un niño que no tenía cráneo y se lo reconstruimos con sus propias costillas. -Alguna vez se habló de Colombia como potencia en trasplantes de mano por la cantidad de amputaciones en peleas con machete... -Le aseguro que la situación en Kenya es mucho peor. El año pasado trajimos 8 niños de color a los que les habían amputado el pene, con machete, para hacer un caldo. En algunos poblados existe la creencia de que un pene virgen cocido cura el sida; por eso alcanza un valor importante en el mercado negro, parecido al de los huesos de tigre en Asia. Finalmente les reconstruimos el pene y los devolvimos a África. Por desgracia, Colombia no es la única zona de machetes en el mundo. -¿Cuántos casos como el de Alba hay en el mundo? -Hubo 3 antes, pero ella es la 1ra. mujer y la persona que llevaba más tiempo amputada: 28 años. Los demás tenían apenas 1 ó 2 años. -¿Cuál es la operación más difícil que ha hecho hasta ahora? -El nivel de dificultad es relativo. La última cirugía es muy llamativa, pero colocar una punta de dedo, que parece sencillo, es mucho más complicado que reimplantar un brazo. Cuanto más pequeña es la amputación, más complicado desde el punto de vista técnico será solucionarla. -¿Con qué frecuencia hace reimplantaciones? -Al año hacemos más de 1.600 operaciones, no todas del mismo calibre. Cada mes nos ocupamos de una media de 2 ó 3 reimplantes de dedos o brazos, sobre todo por accidentes laborales y de tráfico. -¿Cuál es el porcentaje de éxito de estas operaciones? -Altísimo. Tendría que hacer memoria de hace muchos años para encontrar un problema. Yo diría que ha habido fallas en uno o dos de los 300 ó 400 implantes que hemos hecho. Puede ser porque se infecta la herida o porque la extremidad estuvo separada del cuerpo mucho tiempo y no llega en buenas condiciones. En esos casos hay que retirarla. -¿Qué siente después de mejorar tanto el modo de vida de una persona? -Básicamente hago mi trabajo, que no es muy distinto a cualquier otro. -¿Cómo ve el campo de la cirugía reconstructiva en el futuro próximo? -Creciendo. En el tema de los trasplantes, la clave será mejorar la medicación, que hoy tiene una cantidad enorme de efectos secundarios. El problema es que los pacientes tienen que tomarla de por vida, para que su cuerpo no rechace el órgano ajeno. -¿Efectos secundarios como cuáles? -Temblores muy fuertes, por citar solo uno, aunque eso lo sabe y lo asume el que va a ser trasplantado. -¿Y el tema de los donantes? -Muy difícil... Es el primer obstáculo. España está a la cabeza en donantes de órganos internos, pero no es muy frecuente que la gente deje que un familiar suyo nada más morirse le corten las manos para trasplantárselas a otro. Con Alba, por ejemplo, llevábamos un año y pico esperando un donante. -¿Usted sería donante? -Sin duda. -¿Ha hecho algún trámite en ese sentido? -No. En España da igual lo que hayas dicho en vida: al final decide tu familia. -¿Cuál es el límite ético en el campo de los trasplantes? -La ética es un campo abierto y personal... No hay una ética universal; los límites los marcan las leyes de los países. -¿Y cuál es su posición? -Yo no soy quién para poder juzgar.