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Tomás Eloy Martínez y su Río Gallegos que sólo existe en la imaginación de Kirchner

Tomás Eloy Martínez es un ícono del periodismo 'progre' argentino: brilló en 'Primera Plana' y en 'La Opinión', fracasó en 'Clarín' pero no se notó, marchó al exterior pero aqui resurgió con 'Página/12' y hoy día es columnista periódico en 'La Nación'. Básicamente hoy es un buen escritor de novelas antes que un periodista riguroso. Lo corroboró imaginando una esplendorosa e inexistente Río Gallegos, capital de Santa Cruz, para el diario La Nación. En definitiva, Tomás Eloy se asemeja a Miguel Bonasso, quien firmaba autógrafos en la Feria del Libro santacruceña mientras afuera apaleaban a decenas de personas que querían interiorizarlo de sus quejas contra Néstor Kirchner. La Río Gallegos que vió Tomás Eloy no se parece a la Río Gallegos donde vive Rubén Lasagno, director de Opi Santa Cruz. POR RUBÉN LASAGNO

El periodista y escritor Tomás Eloy Martínez publicó hoy en el diario 'La Nación' una nota sobre Río Gallegos donde se percibe que el prisma de la objetividad se le perdió en algún viejo baúl de las familias ilustres de esta capital. Es por eso que humildemente quiero responder por la otra parte que le falta a la historia: la real. El diario 'La Nación' publicó un artículo bajo el título "Octubre feliz en una apacible Río Gallegos" con la autoría de Tomás Eloy Martínez donde queda demostrado la simpleza exquisita que tiene este escritor y periodista para recrear como ninguno aspectos sustanciales pero cotidianos de la vida, sin complicar al lector con una prosa desmembrada o con trabas en la sintaxis. Pero lo que no compartimos con este prestigioso hombre de medios es lo que intenta decir, la descripción parcial que hace de una realidad mirada con un solo ojo de este Río Gallegos que muchos conocemos algo más que él que anduvo dos veces en esta ciudad y la última visita data de 22 años atrás. Obviamente que para alguien que ha dejado transcurrir más de 20 años en volver, el panorama se le debe pintar radicalmente distinto, con matices impensados y el impacto óptico y emocional es fundamentalmente distinto a las viejas imágenes que atesora la memoria, pero creo que al relato de Martínez le falta una pata porque fue escrito desde el tercer piso de un hotel 4 estrellas de calle San Martín, en el que se alojó cuando pasó raudamente por nuestra ciudad. No se puede desmitificar el relato de Eloy Martínez sin tener en cuenta dos cosas: > Una, sin conocer a fondo la realidad de esta capital de provincia, y > dos sin recortar literalmente sus dichos que dan la sensación de estar tomado de algún libro de ensueños santacruceños escrito con gran profundidad descriptiva pero con escaso conocimiento social. Dice Eloy Martínez en la introducción de su relato que al enterarse por un sitio de Internet que Río Gallegos era la ciudad más rica del país decidió conocer in situ esa realidad afirmando que su desconfianza instintiva por las afirmaciones absolutas hacen que ante estas cuestiones él mismo compruebe la veracidad de los hechos. Bajo esta premisa remarca el escritor que viajó a la capital de Santa Cruz, pero lamentablemente no aclara en qué sitio de Internet encontró el dato porque quizás hubiera sido bueno para él saber su procedencia, su financiamiento y sus sostenedores lo cual le habría servido para entender la orientación del mensaje, asociarlo con el discurso facilista de la política teórica que manejan nuestros políticos y que multiplican algunos medios adheridos a la Casa de Gobierno y posiblemente se hubiera ahorrado un viaje hasta este lugar del mundo al darse cuenta que era una realidad virtual. Y ya en el párrafo de las sorpresas expresa "Río Gallegos exhala una prosperidad de primer mundo, con la ventaja adicional de que su gente –-por lo menos la veintena de personas dispares con las que hablé– se declara feliz" Primer análisis sin desperdicio que vale la pena profundizar. Que Río Gallegos exhala un aire de prosperidad 'de primer mundo' me parece no solo una exageración distorsiva de la realidad sino que me hace dudar del conocimiento que Eloy Martínez tiene del primer mundo. Podríamos coincidir que entre aquel Gallegos de los 70 y éste, la realidad es diametralmente opuesta y la pujanza de la ciudad es destacable y asombrosa, pero llevar la observación a tal extremo sugiere cierta dosis de ironía, que uno termina desechando cuando llega hasta el final de lo que ha escrito el periodista y ve que la cosa va en serio. No obstante y como si esto fuera poco, el escritor pone valor agregado a su afirmación y menciona que Río Gallegos además de su prosperidad, crecimiento indetenible y la apariencia de paraíso perdido, cuenta con la ventaja adicional de su gente "que se declara feliz". Debo decir que personalmente creí estar leyendo la descripción de una ciudad desconocida, de otra ciudad o la aristotélica ciudad perfecta, pero ni bien reparé en la aclaración entre guiones que puso el autor donde señala por lo menos la veintena de personas dispares con las que hablé, y vi los apellidos escurridos entre el texto me di cuenta inmediatamente de lo que le sucedió a este buen hombre y le perdoné su yerro. Sin duda que de las 20 personas con las cuales habló Eloy Tomás Martínez y algunos de cuyos nombres menciona en la nota representan solo el balcón de la sociedad riogalleguense. Porque señala que tuvo como contacto por ejemplo al señor Eduardo Costa multimillonario y sin duda el hombre más rico de Santa Cruz, o a la familia Beeacher, tradicional y pudiente, o entrevistó a Mayo Mackenzie de Hewlett propietaria de una estancia con 200 mil hectáreas y 100 mil ovejas además de un colegio de lengua inglesa privado llamado "El Británico" donde 700 alumnos pagan una cuota de 150 pesos mensuales para asistir a clase, o habló con Leslie el hijo de Mayo que administra sus 80 mil hectáreas de tierras donde pastan sus 15 mil ovejitas. Y entonces uno allí puede entender el contexto en que son vertidas las afirmaciones de este exquisito escritor. Evidentemente Eloy Martínez suprimió la parte mala de la película y editó la realidad utilizando el cristal más caro a través del cual pudo ver (o quiso ver) a la sociedad santacruceña y en especial la galleguense. Uno termina aprendiendo dos cosas de Tomás Eloy Martínez: que escribe muy bien y que no conoce absolutamente nada de Río Gallegos. Si para él 20 personas de la más rancia estirpe santacruceña, con acomodados hacendados de por medios, leguas incalculables de campos, animales por doquier, capitales centenarios o empresarios que en 20 años han desbordado cualquier expectativa de crecimiento prudencial en su patrimonio, constituyen el punto de partida para efectuar una evaluación acertada del merecimiento de vivir en Río Gallegos, estamos en graves problemas quienes nos encontramos por debajo de esa línea de posibilidades o bien Eloy Martínez antes de tomar su vuelo de regreso habrá pensado que era preferible quedarse con aquel paradigma para redondear su nota en vez de bajar al barro. En la prosa límpida, colorida y con reminiscencias costumbristas de un Lope de Vega moderno, el periodista pasa como una anécdota pueblerina la mención de barrios pobres e indica al Evita y al Belgrano como estigmas pero deja en el camino por desconocimiento u omisión a muchos más que tienen peores carencias que aquellos que nombró. Y nosotros, humildemente desde nuestro lugar de redacción sin la perspectivas de arriar tantas ovejitas, recorrer tanto campo y movilizar tanto patrimonio le vamos a acercar al señor Tomás Eloy Martínez algunos datos que le podrán servir para ilustrar una segunda nota, si es que acaso decide en algún momento contar la realidad de Río Gallegos. Para que se agende: > Creciente índice de pobreza, con arribo diario a Río Gallegos de tres a cinco familias que terminan pidiendo comida y alojamiento en las parroquias. > Salarios que rondan los $300 promedios excepto claro, los funcionarios políticos y los entrevistados por Eloy Martínez que superan holgadamente esa cifra. > Salarios en negro con básicos que van desde la policía que cobra $ 90 hasta un docente $ 120 y un médico $ 170. > Desocupación encubierta por planes sociales en aumento y subsidios improductivos, cuando no ingreso a la sobredimensionada administración pública provincial y municipal. > Reclamos multisectoriales de empelados de comercio, empleados públicos, educadores, policías, trabajadores de la construcción entre otros tantos sectores que en la mayoría de los casos perciben haberes que los ponen por debajo de la línea de pobreza. > Costo de vida en más de un cien por ciento del que se encuentra superando la barrera natural del Río Colorado. > En Río Gallegos el kilo de lomo de ternera lo pagamos $ 17. ¿Cuánto lo paga Eloy Martínez en Capital? > La capital de la provincia tiene barrios que en crudos inviernos de más de -20ºC aún hoy se calefaccionan con carbón mineral. > Reclamos, cortes de rutas y gremios que regularmente le golpean las puertas a la Casa de Gobierno y no es precisamente para felicitarlos. > Octubre ha sido el mes de mayor índice de conflictividad en esta localidad con el agravamiento inédito del acuartelamiento policial y la revuelta petrolera > Santa Cruz tiene el mayor índice de suicidios en el país y Río Gallegos es su capital. Y por si acaso al señor Martínez no le alcanzan estos elementos para ilustrar la realidad que le falta de nuestra ciudad, puede comunicarse con nosotros que gustosamente le ampliaremos la lista con una extensión insospechada de datos y podremos conseguirle también testimonios de 20 personas más pero que no tienen ovejas ni patrimonio para contar, sino que medran por comida, luchan por criar como pueden a sus hijos y a diferencia del escritor no creen que el adicional que tiene Río Gallegos sea la cara de felicidad de toda su gente. Un buen intento propagandístico de Eloy Tomás Martínez condensando un relato prolijo con datos extraídos de un cuadro casi surrealista y centenario de cuando la provincia se fundaba con los pioneros. Ahora es distinto. Lo que podemos aconsejarle al periodista es que la próxima vez, y en honor a la verdad, efectúe su apreciación recorriendo las calles del barrio San Benito por ejemplo, y no arme el "acopio de ideas" para construir su nota para La Nación cómodamente apoltronado en una suite del Hotel Costa Río donde se alojó la última vez a un precio de US$ 100 por noche. Claro, es posible que hasta en esto Eloy Martínez crea que la ciudad es especial porque tal vez no tuvo que desembolsar un peso por la estadía y se haga realidad literalmente aquello de "Río Gallegos ciudad cordial". Bueno, pero expliquémosle al lector que ese hotel es una de las tantas empresas propiedad del empresario multimillonario sobre cuyo testimonio el periodista se apoyó para asegurar que "exhalamos la prosperidad del primer mundo" y pudo comprobar que se vivía un octubre feliz en una apacible Río Gallegos.