Millones de toneladas de residuos sólidos urbanos son vertidos cada año en rellenos sanitarios o basurales de nuestro país. Hasta el día de hoy la gestión de los residuos se ha centrado básicamente en un único aspecto: su eliminación entendida como hacerlos desaparecer de la vista. Esas estrategias traen aparejadas graves impactos ambientales y sanitarios y no tienen en cuenta el derroche de recursos naturales y energía que supone fabricar bienes para luego enterrarlos.
Una correcta gestión de los residuos no implica “hacerlos desaparecer de la vista”
POR VERÓNICA ODRIOZOLA (*) Hasta el día de hoy la gestión de los residuos se ha centrado básicamente en un único aspecto: su eliminación entendida como hacerlos desaparecer de la vista. Esto trae aparejadas graves impactos ambientales y sanitarios. Se trata de un problema complejo. Enfrentarlo implica generar cambios importantes en los procesos de producción y en los modelos de consumo.
La composición de la basura es el reflejo de la actual sociedad de consumo cuyos hábitos están dirigidos a la compra de productos de "usar y tirar" que lejos de ofrecernos una mejor calidad de vida por la supuesta comodidad de su empleo, nos conducen a una irrefrenable generación de residuos. Muchos de estos productos tienen un exceso de embalaje, que una vez finalizado su uso, se "tira a la basura". Sin embargo, la basura no desaparece sino que es trasladada, en su mayor parte, a basurales, vertederos o rellenos sanitarios.
Hay en nuestro país una creciente preocupación de las comunidades por los daños ambientales que producen tanto los rellenos sanitarios como los incineradores y se está volviendo cada vez más difícil para los gobiernos determinar los sitios donde disponer los residuos. Existen fundamentos suficientes que sustentan la preocupación de estas comunidades y es necesario, de una vez por todas, aplicar políticas integrales para solucionar el problema de los residuos sólidos que varios países del mundo ya están empezando a implementar.
Se trata de un problema complejo. Enfrentarlo implica generar cambios importantes en los procesos de producción y en los modelos de consumo. Pero hacen falta políticas oficiales que se propongan objetivos de reducción progresiva de la basura que se lleva los sitios de disposición final, de modo de aumentar de manera obligatoria y continua los porcentajes de basura orgánica convertida en abono, de materiales reciclados y de eliminación de las sustancias tóxicas en los productos que consumimos.
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(*) Coordinadora de la Campaña de Tóxicos de Greenpeace
(Informe completo en: http://www.avon.net.au/~notoxic/the%20lancet%20cong%20abnormalities.htm )
- Rachels … Paquete de Recursos: Vertederos-Residuos Tóxicos
http://www.rachel.org/library/getfile.cfm?ID=134







