CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Siria se dirige indefectiblemente hacia una sectaria y sangrienta guerra, civil. Los secuestros mutuos, la tortura, decapitaciones y el desplazamiento de poblaciones que tienen lugar entre las comunidades sunita y alauita en la ciudad central de Homs -a menudo descrita como "la capital de la revolución"- envían una terrible señal de lo que podría reservarle el futuro al resto del país.
GEOPOLÏTICA
Siria: Evitando la guerra civil que se viene
Siria está a metros, a segundos, de una sangrienta guerra civil. Con USA desacreditado en la región y una Liga Árabe que no parece hacer mella con su ultimátum ¿pueden las naciones BRICS ofrecer la última oportunidad para evitar el derramamiento de sangre?
Evitar ese descenso a los infiernos sin duda debe ser la inmediata prioridad de los líderes árabes y de la comunidad internacional.
El actual régimen sirio ha sido uno de los más duraderos del Medio Oriente -casi medio siglo desde que el partido Baaz tomó el poder en 1963. Los Assad -padre e hijo- han gobernado desde 1970. Sin embargo, la actual crisis supone un particular peligro para el régimen, ya que, casi por primera vez, se enfrenta a un conjunto de desafíos internos y externos.
Como bien resalta The Diplomat, los desafíos externos en Siria han sido frecuentes, incluida la invasión de Israel del Líbano en 1982, cuyo objetivo era expulsar la influencia siria, así como a la Organización de Liberación de Palestina, y llevar al Líbano a la órbita de Israel; la crisis de 1998, cuando Siria enfrentaba la posibilidad de tener que lidiar con una guerra de 2 frentes con Turquía e Israel, y luego, el desafío más grande de todas: la invasión de Irak en 2003. Si hubiera sido exitosa y no la catástrofe que fue, Siria razonablemente podría haber sido el siguiente objetivo.
Cuando Rafiq Hariri, el exprimer ministro libanés, fue asesinado en 2005, las tropas sirias fueron obligadas a salir del Líbano y el régimen sirio amenazaba con ser derrocado. En 2006, Israel atacó el Líbano para destruir al aliado de Siria, Hezbollah, para luego atacar Gaza para destruir a otro aliado de Siria, Hamas.
La mentalidad del régimen sirio -y del mismo presidente Bashar al-Assad- ha sido moldeada por las recurrentes crisis. Fueron, en gran parte, responsable de hacer del régimen lo que actualmente es –un gobierno autoritario, a la defensiva, brutal, negligente en sus reformas políticas, demasiado ansioso por ejercer control sobre la ciudadanía, los medios de comunicación, las universidades, la economía, etc. Prácticamente, sobre todos los aspectos de la sociedad.
Siria está bajo una presión extrema, como Irán, que desde hace años también se enfrenta a la demonización sistemática, la intimidación y las sanciones. Decidido a proteger su monopolio nuclear, Israel parece estar tratando de empujar a USA a una guerra con Irán y, si no consigue la guerra, por lo menos mayores sanciones.
El instinto del régimen sirio ha sido el de interpretar el actual levantamiento como una conspiración más. Tomado por sorpresa, su respuesta inmediata fue la brutal represión: el uso de fuego real desde el primer momento en Dar'a a mediados de marzo. Sin duda, el presidente Bashar había imaginado que su postura nacionalista le daba inmunidad frente a levantamientos populares. Pero, frente a la escalada de la crisis, su liderazgo ha sido probado como limitado, sus discursos y promesas de reforma llegaban tarde o eran poco convincentes. Su incapacidad para tomar la iniciativa con propuestas radicales demuestran la falta de imaginación política. Los asesinatos han socavado fatalmente su legitimidad.
¿Quiénes son los revolucionarios y que es lo que quieren? Son los pobres provenientes de zonas rurales que han sufrido la sequía y el abandono del gobierno, los pequeños empresarios empobrecidos aplastados por los capitalistas corruptos cercanos al poder, y los ejércitos de jóvenes desempleados. Al igual que en muchos países árabes, Siria sufre una explosión demográfica. En 1965 había 4 millones de sirios, hoy hay 24 millones. Con una tasa de natalidad de 3,26, la población podría llegar a los 46 millones en 20 años. Estas cifras son catastróficas. El crecimiento económico simplemente no puede mantener el ritmo.
Los revolucionarios quieren puestos de trabajo, un buen gobierno, una justa distribución de los recursos del país, el fin de la corrupción, de las detenciones arbitrarias y de la brutalidad policial. Quieren dignidad y respeto. No han experimentado la democracia y tienen poco conocimiento de lo que ello significa. Alrededor del 40% de la población es menor de 14 años, y sólo el 3% es mayor de 65 años y mantiene un ligero recuerdo de la época pre-Baaz, pre-Assad que, en todo caso, no fue del todo democrática.
Siria necesita de la intervención de una gran potencia, neutral, para detener la matanza en ambos lados. Una pausa es necesaria para que se enfríen un poco los ánimos, las manifestaciones y contramanifestaciones se detengan, y se cree un clima para que un verdadero y sincero diálogo puede llevarse a cabo para pactar reformas reales que puedan ser implementadas. El objetivo debe ser una transición pacífica a un régimen distinto, con efectivas garantías para todas las partes intervinientes e interesadas.
Los estados árabes y las potencias occidentales no son las más adecuadas para esta tarea. Estos últimos no generan confianza. Muchos de ellos ya han tomado partido por un bando o por el otro (pocos con Assad, hay que reconocerlo). USA, en particular, ha sido desacreditada por su apoyo incondicional a Israel. En lugar de traer la paz, el espectacular fracaso de Washington resolviendo el conflicto árabe-israelí, e incluso su década de pelea con Irán han preparado el terreno para futuros conflictos.
Los estados árabes han probado no tener el peso suficiente para convencer a Assad. En efecto, el gobierno sirio dejó ayer (25/11) que expirase el ultimátum dado por la Liga Árabe (LA) para aceptar una misión de observadores por la revuelta que sacude al país, por lo que la organización se reunía hoy (26/11) para evaluar sanciones contra Damasco.
La Liga había dado ayer 24 horas al gobierno del presidente Bashar Al Assad para aceptar la misión de observadores de la organización panárabe, pero el plazo venció sin respuesta alguna de Damasco, dijo el vicesecretario general de la, Ahmed Ben Heli.
La advertencia árabe llegó en medio de creciente presión internacional sobre el gobierno de Al Assad para que ponga freno a la represión de una revuelta opositora iniciada en marzo pasado y que según la ONU ya causó al menos 3.500 muertos y que no se detenía ante el accionar de la Liga Árabe.
La agencia de noticias oficial siria SANA, sin embargo, rechazó hoy (26/11) el ultimátum y acusó a la Liga Árabe de convertirse en una "herramienta de la intervención extranjera" y de seguir una agenda dictada por Occidente para causar caos en Medio Oriente, la región más rica en petróleo del mundo y una de las más convulsionadas.
El gobierno de Al Assad dice que la revuelta es un complot extranjero de países de la región y de Occidente hostiles a Siria instrumentado por islamistas radicales que reciben armas desde el extranjero.
La revuelta, al parecer inicialmente pacífica, se tornó crecientemente violenta en los últimos 2 meses con la aparición en escena de una insurgencia armada que ataca objetivos militares y policiales y que está formada por soldados que desertaran del Ejército y, aparentemente, por civiles que tomaron las armas.
¿Quién podría entonces formar el grupo para ese necesario contacto? Una opción razonable sería el bloque BRICS conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica -países con real influencia económica y política y fuertes intereses en la región. Brasil, por ejemplo, tiene estrechos vínculos históricos con Siria, Líbano y Palestina. Millones de brasileños tienen abuelos que emigraron de estos países. Y los BRICS son ahora "full players" del escenario internacional (ver nota relacionada).
En principio, los BRICS están abogando por la no intervención militar de la OTAN y rechaza mayores sanciones. El objetivo es calmar las aguas para poder negociar.
Rusia, que la semana pasada advirtió que esta insurgencia armada estaba transformando la revuelta en una "guerra civil", volvió a rechazar hoy (26/11) la aplicación de sanciones a Damasco.
"No tenemos necesidad de resoluciones, sanciones o presiones, sino de un diálogo inter-sirio", dijo un vocero de la Cancillería rusa, Alexandre Lukachevitch, citado por la agencia de noticias rusa Interfax.
El mes pasado, Rusia y China vetaron una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba a Siria por la represión.
Los países argumentaron que la OTAN se extralimitó en la aplicación de la resolución del Consejo que autorizó el uso de la fuerza en Libia para proteger a los civiles y en la práctica tomó partido por uno de dos bandos de una guerra civil para promover un cambio de gobierno, algo no contemplado por el mandato.
Moscú y Beijing expresaron sus temores de que una nueva resolución contra Siria pueda ser usada como pretexto para una intervención armada similar a la de Libia.
A medida que crece la cantidad de muertos, la sed de venganza se hará más nítida y más profunda la división sectaria. La guerra civil acecha y, con ello, la urgente necesidad de adaptar medidas para evitarlo.







