Las mentiras del acuerdo vehicular de Macri, Scioli y Cía.

Los accidentes viales resultan de una suma de causas, no solamente del exceso de velocidad. Además, el exceso de velocidad no puede ser reemplazado por una lentitud extrema de velocidad. Algunos apuntes sobre una situación irregular que involucra a Mauricio Macri y Daniel Scioli.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Cualquiera sabe que la educación vial no preocupó, durante años, a los insensibles, inmaduros e irresponsables gobernantes criollos.
En materia de tránsito vehicular, la única preocupación era recaudar aplicando multas:
> A las autoridades impositivas les interesaba sumar dinero de los conductores particulares.
> A los burócratas policiales y municipales les interesaba sumar multas del autotransporte público para canjearlas por coimas a las empresas de los infractores.
Curiosamente nunca fue tema de preocupación ni del sindicato de camioneros ni del sindicato de peones de taxis, considerando que sus afiliados pueden ser damnificados o infractores frecuentes.
El desinterés por el fondo de la cuestión provocó que la educación vial no sea una materia a cursarse en forma obligatoria en la enseñanza pública argentina, aún cuando se coincide en que los accidentes viales provocan cada vez más muertos, heridos y daños.
En una sociedad kirchnerista donde está de moda criticar al 'Estado ausente' de los años '90, no se observa un 'Estado presente' en cuestiones concretas. Así como no hay capacitación laboral para los cartoneros ni se introduce alguna meritocracia en la carrera de funcionario público ni se trabaja en el tratamiento de residuos ni se rediseñan los sistemas hospitalarios, no hay educación vial para la población.
Es cierto que sorprendería que el Estado argentino velara por estas prevenciones... Acaba de dilapidar US$ 4.000 millones en 4 años subsidiando la generación de energía eléctrica y con ese dinero pudo construir 6 centrales nuevas y evitar la crisis que padecen los argentinos...
Presidencia de la Nación no obliga a los medios de comunicación electrónicos a difundir los mensajes obligatorios de educación vial previstos en la legislación vigente.
Y los medios de comunicación electrónicos tampoco lo hacen como iniciativa propia.
No solamente abundan los conductores de vehículos que conducen mal. También los motociclistas. Y los ciclistas. Y los peatones.
Entonces, cuando se lee o se escucha a los responsables (del gobierno y de los medios) alarmarse por los accidentes viales, resulta una escena abundante en hipocresía y real desinterés de parte de quienes deberían ejercer su responsabilidad social.
Cuando los accidentes suman muchos muertos, comienzan las regulaciones. Se adjudican los accidentes al exceso de velocidad. No siempre es así. En verdad, la prevención de los accidentes dependen de un conjunto de normas y leyes.
Pero la educación vial es el inicio. Luego, sorprende que en este contexto no haya prosperado en todo el territorio argentino una legislación uniforme sobre los puntajes a los conductores según su buen desempeño, y con implicancias en la renovación de licencias y el pago del seguro.
Luego, aparecen los excesos regulatorios. Uno de ellos, muy interesante, aparece por estas horas en el Puente Nuevo Pueyrredón, sobre el Riachuelo, jurisdicción de la Municipalidad de Avellaneda, de Provincia de Buenos Aires, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y también de la Nación.
Las autoridades impusieron un tope a la velocidad de 40 Km/h, una decisión ridícula, probablemente tomada por un burócrata que no sabe conducir. De lo contrario jamás podría establecer un máximo de 40 Km/h a cualquier hora.
Probablemente podría resultar el máximo a las horas de mucho tránsito, cuando el puente se carga de vehículos. Pero no puede resultar el máximo en otras horas cuando el puente se encuentra casi vacío.
Ese máximo de 40 Km/h es para sumar multas o para provocar accidentes en vez de evitarlos.
Similar ridiculez existe para el tránsito en la 9 de Julio: velocidad máxima de 60 Km/h. Es obvio que es una velocidad máxima establecida solamente para sumar multas y multas y multas. Pero no para ordenar el tránsito.
Esto lleva a otra cuestión: la necesidad de normas flexibles, porque no es equivalente el tránsito los días laborables que los que no lo son. Los burócratas deberían ser más creativos y dinámicos si es que realmente quieren ordenar el tránsito y reducir los accidentes.