Vísperas de mayor conflicto entre la Iglesia Católica y los Kirchner

Federico Gogala, vicario general de la diócesis de San Miguel, y el capellán del Batallón de Ingenieros de San Nicolás, Miguel Angel Regueiro, son los próximos objetivos de los organismos defensores de derechos humanos por alguna forma de participación en la apropiación ilegítima de menores de edad durante el cívico-militar Proceso de Reorganización Nacional.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, criticó "la soberbia del poder" que "va asociada a la codicia o a la avaricia", y consideró, por TV, que es una "combinación terrible cuando el poder se usa para beneficio del grupo dominante, para juntar plata, para forjarse el propio futuro o el de su familia".
"A veces el que tiene poder se olvida de que es una criatura y se cree un pequeño dios", dijo el arzobispo, y criticó a quienes alcanzan el poder para "acrecentarlo o perpetuarse en él" y sostuvo que "la humildad le es necesaria a quien tiene autoridad, a quien ejerce un poder".
El Episcopado no difundió alguna declaración ante la condena del sacerdote Christian Von Wernich, pero un integrante de la conducción de la Iglesia Católica reiteró declaraciones que se interpretan como críticas contra el Gobierno nacional.
Antes fue el titular del Episcopado, el cardenal Jorge Bergoglio, en la Basílica de Luján, el fin de semana pasado: "El mentiroso por esencia, ese que nos muestra vidrios de colores y nos quiere hacer creer que son joyas preciosas. El demonio. Que nos engaña, nos promete y no nos paga, porque como es mentiroso es un mal pagador".
En el diario paraestatal Página/12 dominical, una redactora de noticias de derechos humanos de protagonistas de los '70, Victoria Ginzberg, anticipó el próximo blanco entre los dignatarios de la Iglesia Católica: Federico Gogala, vicario general de la diócesis de San Miguel.
Ginzberg escribió: "Las mujeres embarazadas se encontraban desnudas, con la capucha o con una venda negra en los ojos. El sacerdote ingresaba mucho a ver a las mujeres y también los médicos. El sacerdote es el que en la actualidad es el monseñor del hospital, monseñor Gogala." La declaración pertenece a una enfermera del hospital militar de Campo de Mayo, donde durante la última dictadura funcionó una maternidad clandestina en la que nacieron y fueron apropiados por lo menos treinta hijos de desaparecidos. Y señala la participación de miembros de la Iglesia en el robo de bebés. Las Abuelas de Plaza de Mayo están investigando el rol de los religiosos en la "distribución" de los niños: la última nieta que recuperó su identidad nació en Campo de Mayo y fue entregada a la pareja que la crió a través del Movimiento Familiar Cristiano, una fundación de laicos que actuaba como "mediadora" de familias adoptantes. (...)"
Agregó: "La condena a reclusión perpetua al ex capellán de la policía bonaerense Christian von Wernich convirtió en certeza jurídica las afirmaciones sobre la participación directa de miembros de la Iglesia en delitos de lesa humanidad como secuestros, torturas y asesinatos. Además, volvió a dejar en evidencia la complicidad de la jerarquía eclesiástica con la última dictadura militar. Von Wernich fue uno de los símbolos de la comunión entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas, pero aún hay personajes que permanecen en las sombras.
Federico Gogala es vicario general de la diócesis de San Miguel. Fue capellán del Ejército hasta principios de este año, cuando fue "jubilado" por el obispado castrense. Se trató, en realidad, de un acuerdo con el Gobierno para desplazar a los sacerdotes que tuvieron vínculos con la dictadura y todavía estaban en funciones. Por eso, a Gogala hasta hace poco todavía se lo veía por el hospital militar de Campo de Mayo.
La enfermera que habló de él ante la Justicia trabaja en ese establecimiento desde 1971. Durante la dictadura, estuvo destinada al sector de Epidemiología, donde permanecían cautivas las embarazadas y donde funcionó la maternidad clandestina. En el testimonio que dio en agosto en la causa en la que se investigan los crímenes cometidos en Campo de Mayo, la mujer reconoció que en Epidemiología "ingresaban personas detenidas".
Dijo que "tenían custodia militar, estaban esposados y con su cara tapada" y que "no estaban identificados con su nombre y que no existían registro de los mismos". La enfermera admitió que había también mujeres embarazadas que eran llevadas a parir a maternidad y que volvían "solas", sin sus bebés. "Yo sólo las atendía al regreso cuando habían dado a luz mediante cesárea o cuando tenían alguna herida post parto y para colocarles una inyección para cortar la lactancia", aseguró. Agregó que "permanecían pocos días y luego dejaba de verlas".
Este testimonio no es el primero que revela detalles de los partos clandestinos en el hospital militar de Campo de Mayo. Por el contrario, ratifica las declaraciones de muchos otros testigos que durante años narraron cómo el médico militar Norberto Bianco regenteaba el sitio. Pero es novedoso en tanto pone en evidencia la participación de Gogala en los hechos. No es el único relato en que se menciona al religioso. Una monja que se presentó ante la Justicia hace un mes y que se desempeñó desde 1974 a 1983 en Campo de Mayo también lo recordó.
"Cuando íbamos al lavadero pasábamos por Epidemiología, que estaba en frente y allí veíamos guardias que custodiaban, pero no nos llamaban la atención porque era zona militar. Al lugar, en algunas oportunidades concurría el sacerdote Gogola a dar la bendición", contó la religiosa.
La mujer narró que una noche le dieron una orden a la madre superiora para que fueran a dar de comer a unos niños que estaban en el hospital. Fueron tres monjas ("la declarante, la hermana Haydée y otra más). Se encontraron con "un varoncito de seis o siete años y dos nenas que eran hermanas de dos y cuatro, que eran primas del varoncito".
"Las nenas –relató– lloraban mucho pidiendo por su madre y el nene les decía que la madre ya no estaba más, luego les comentó que los padres los habían puesto debajo de la cama y sobre ella además un colchón. Los chicos se encontraban en maternidad, en Ginecología, en una pieza estaban solitos. El varón era flaquito, de piel blanca, vestido con un jean, remera y pullover. Las nenas eran de piel blanca y con vestido. Cuando se retiraron las monjas del lugar, los dejaron a los chicos solitos en esa habitación."
"Es irrefutable que Gogala sabía de la existencia de mujeres detenidas en forma clandestina que estaban en el hospital por sus embarazos. Y la sospecha de la participación de la Iglesia en la apropiación de niños en el centro clandestino de detención de Campo de Mayo no es para nada descabellada teniendo en cuenta la participación de un grupo de monjas de la congregación Cristo Rey y que la última chica restituida, cuya madre estuvo detenida en Campo de Mayo, fue entregada a través del Movimiento Familiar Cristiano", dijo a Página/12 Luciano Hazan, abogado de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. (...)"
El escenario es complicado para la Iglesia Católica. Facundo Bañez escribió en el diario El Día, de la ciudad de La Plata, acerca de la crisis que parece existir entre la institución y muchos de sus fieles.
"El padre Carlos Mancuso habla con una calma diocesana: "La disminución se viene dando hace cuarenta años -dice-, pero desde que el confesionario está en retroceso, se multiplicaron los divanes. Lo que antes hacía un cura, ahora muchas veces lo hace el psicoanalista".
En su parroquia de 6 y 64, la tradicional iglesia San José, Mancuso recibe cada domingo un promedio de entre treinta y cuarenta personas que quieren confesarse, muchas menos de las que se veían por el templo algunas décadas atrás. Tal vez por eso no se sorprenda ante el reciente pedido que el papa Benedicto XVI les hizo a los sacerdotes para que hagan de la confesión una prioridad. "Es lógico -opina-; hace tiempo que se perdió la sacralización de ese acto. Y no está mal querer recuperarla".
(...) "El acto de confesarse se ha dejado de practicar masivamente por dos motivos -apunta el padre Fernando García Enriquez, párroco del Hospital de Niños de La Plata-: primero por una falta de formación de la gente católica para entender que la confesión es algo necesario. Y segundo porque nosotros, los curas, le hemos restado tiempo a escuchar gente. Tenemos cada vez más obligaciones y se nos hace muy difícil dedicarle horas al confesionario".
(...) Mucho de lo que opina Arrigoni encuentra sustento en las estadísticas: en las últimas cuatro décadas la disminución de sacerdotes en el país fue de alrededor de un tercio. Mientras que en 1960 había un cura cada 4.347 habitantes, actualmente hay uno cada 6.566. Lo mismo se evidencia en cuanto a la cantidad de seminaristas mayores, que en los últimos años cayó a más del 6 por ciento al pasar de 1.281 en 2000 a poco más de 1.100 el año pasado.
En sintonía con la tendencia nacional, el seminario San José de La Plata también vio vaciarse sus pasillos en los últimos años: en 1998 había allí algo más de 110 seminaristas, mientras que hoy suman apenas 60. En un plano bien terrenal de la cuestión, los obispos calculan que deberían contar con el doble de religiosos de los que hay ahora para atender de un modo medianamente adecuado a los fieles. Muchos creen que la escasez de religiosos se agravará en los próximos años. Y todos coinciden en que el poco atractivo que tiene para los jóvenes de hoy la vocación religiosa y el temor a un compromiso para toda la vida son las principales razones de la merma. (...)"
Sin embargo, tal como ocurre en estas circunstancias, quien dejó en claro los pasos a seguir fue Horacio Verbitsky, desde Página/12:
"Cuando el tribunal de La Plata terminó de leer la sentencia, el columnista político de un canal de noticias comentó que eran "gravísimos los cargos contra Bergoglio". El locutor lo corrigió: "Contra Von Wernich". El columnista asintió sin comentarios y continuó con el desarrollo del tema. Menuda confusión: Jorge Mario Bergoglio es el actual presidente de la Iglesia Católica argentina y nunca fue sometido a ningún proceso; Christian Von Wernich fue capellán de la policía de la provincia de Buenos Aires y la justicia lo condenó a reclusión perpetua por participar en secuestros, torturas y asesinatos durante la dictadura militar.
El acto fallido reveló un aspecto subyacente del juicio. Es obvio que la responsabilidad penal atañe sólo a la persona sometida a proceso, a ninguna otra y, mucho menos, a una organización.
Uno de los abogados defensores, Juan Martín Cerolini, se concentró en atenuar la situación de Von Wernich.
La tarea del otro, Marcelo Peña, quien fue contactado en la Universidad Austral de Buenos Aires para que se hiciera cargo del caso, consistió en el control del daño para la Iglesia Católica.
Sin embargo, la actitud del Episcopado amplió la significación del proceso. La falta de transparencia eclesiástica impide saber si Von Wernich mencionó a Bergoglio ante el tribunal para involucrarlo porque se sentía abandonado, o si hubo un acuerdo entre ambos.
El domingo 7, durante la misa que dijo en Luján luego de la peregrinación, Bergoglio habló del "padre de la mentira, el demonio", sin referencia a ningún hecho específico. Von Wernich completó ese significado en su descargo, que entonó como si fuera un sermón y estuviera en el púlpito, con una expresión tan crispada pero menos meliflua que la del cardenal: con esa cita se refirió a quienes narraron su participación en las torturas. "El testigo falso es el demonio", dijo, antes de instar a la reconciliación y ampararse en dos mil años de historia para negar los cargos por los que fue condenado: nunca un sacerdote ha violado o usufructuado con otros fines el sacramento de la confesión, agregó.
A un cuarto de siglo de la conclusión del último régimen de facto sólo quedan en actividad dos obispos de aquella época y no han tenido responsabilidad en la mezquina respuesta episcopal.
Uno de ellos, Vartan Waldir Boghossián, es el Eparca de los armenios, nació en Brasil, se ordenó sacerdote en Roma, y por su jurisdicción sobre los armenios de toda América recorre otros países de la región.
El otro, Jorge Casaretto, tuvo una posición más generosa que la Comisión Ejecutiva e inspiró la declaración de Justicia y Paz, una comisión nacional integrada por seglares como el ingeniero agrónomo Eduardo Serantes pero conducida por la longa manus episcopal. (...)
En cambio el texto de la Comisión Ejecutiva, firmado por Bergoglio y por los obispos Luis Villalba y Agustín Radrizzani, muestra que pese a su renovación casi completa el cuerpo episcopal no ha conseguido articular una reflexión sobre el desempeño eclesiástico en aquellos años que reconcilie la imagen institucional con las percepciones de la sociedad.
(...) Por supuesto, el cuerpo eclesiástico se manifestó ahora con mayor sutileza que los mandos militares de hace dos décadas, porque el tiempo no ha corrido en vano y hay una distinta densidad cultural. Pero su texto ni siquiera nombra a Von Wernich y al referirse a los crímenes que cometió agrega con ostensible toma de distancia "según la sentencia del Tribunal".  (...)
El de Von Wernich es un caso extremo, pero no único. También está procesado el capellán del Batallón de Ingenieros de San Nicolás, Miguel Angel Regueiro. En la misma causa el juez Carlos Villafuerte Ruzo procesó la semana pasada al ahora ex asesor en temas de seguridad de la Coalición Cívica Libertadora bonaerense, comisario Edgardo Mastrandrea.
Regueiro deberá enfrentar el juicio por la privación ilegal de la libertad de Carlos Fernando Alvira, quien en 1977 era un bebé y cuyos padres siguen desaparecidos. El teniente coronel Manuel Fernando Saint Amant se lo entregó luego del ataque a la casa donde vivía la familia, mientras continúa la investigación respecto de la desaparición forzosa de María Cristina y Raquel Rosa Alvira y de Horacio Arístides Martínez. El juez también le embargó bienes por un millón de pesos.
(...) Regueiro había enfrentado al obispo Carlos Ponce de León, quien en julio de 1977 fue asesinado en un falso accidente de carretera. La verdadera excepcionalidad que el juicio a Von Wernich puso de relieve es la del Episcopado argentino en el contexto regional: mientras los de Chile, Brasil y Uruguay protegieron a los perseguidos por las respectivas dictaduras, el Episcopado argentino santificó la persecución. (...)
En un país cuya burguesía fue incapaz, antes de Maurizio Macri, de crear un partido político que representara sus intereses dentro del sistema democrático, la Iglesia cumplió el rol decisivo de evangelizar a las Fuerzas Armadas hasta convertirlas en Partido Militar al servicio de esa clase incompetente. Esto explica tanto la sucesión de golpes militares a partir de 1930, como la dificultad eclesiástica para evolucionar hacia un rol menos totalizador o integral. (...)".