Carlos Pellegrini, autonomista, desarrollista y apasionado

Carlos Enrique José Pellegrini Bevans nació en Buenos Aires el 11 de octubre de 1846 y murió el 17 de julio de 1906. Fue ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires en 1878, y de Guerra y Marina en 1879. Vicepresidente de la Nación por el Partido Autonomista Nacional en 1886, debió suceder a Miguel Juárez Celman en la presidencia desde el 6 de agosto de 1890 hasta el 12 de octubre de 1892.

Carlos Pellegrini era hijo de María Evans y del ingeniero Carlos Enrique Pellegrini, que había llegado al país desde Italia en 1828 contratado por el presidente Bernardino Rivadavia para la realización de obras del puerto de Buenos Aires.
Carlos aprendió a leer y escribir y los primeros rudimentos del francés y el inglés en su casa y tuvo como maestros a sus padres. A los 8 años ingresó a la escuela de su tía Ana Evans donde continuó sus estudios y el aprendizaje de idiomas que dejará su huella en su acento, lo que le valdrá entre sus compañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires el apodo de 'el Gringo'.
En 1863 ingresó a la Facultad de Derecho pero a los dos años abandonó sus estudios para ir a combatir en la Guerra del Paraguay. Peleó en la batalla de Tuyutí y en otros combates hasta que cayó enfermo y debió abandonar el frente de batalla.
De regreso a Buenos Aires y recuperado de sus afecciones, ingresó como periodista al recién fundado diario 'La Prensa' y pudo terminar sus estudios de Derecho. Su tesis de graduación fue 'El derecho electoral' en la que criticaba el sistema vigente y proponía una campaña de educación cívica.
También sostuvo: "La protección del gobierno es necesaria para el desarrollo industrial de la República Argentina".
En 1871, mientras la fiebre amarilla se abatía sobre Buenos Aires, Pellegrini se casó con Carolina Lagos García, con quien no tendrá hijos. A año siguiente comenzará su carrera política al ser electo legislador provincial en Buenos Aires.
Luego de dos intentos fallidos, en 1872 Carlos Pellegrini fue elegido diputado de la Legislatura de Buenos Aires. Desde entonces, su carrera política se desarrolló con rapidez: en mayo de 1873 se incorporó a la Cámara de Diputados de la Nación, participó en la defensa del gobierno de Nicolás Avellaneda frente al intento golpista de Bartolomé Mitre de 1874, y en 1878 el gobernador Carlos Casares lo nombró ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires.
Fue reelegido diputado nacional, en 1879 reemplazó al general Julio A. Roca como ministro de Guerra y Marina. A la vez fue uno de los fundadores del Partido Autonomista Nacional (1880) y apoyó la candidatura presidencial de Roca.
En 1881 fue elegido senador nacional por la provincia de Buenos Aires y al año siguiente fundó el Jockey Club, siendo su primer presidente.
En 1884 inició la publicación del periódico 'Sud América', desde el cual terminó apoyando a Miguel Juárez Celman como candidato presidencial. Luego de un viaje a Europa fue designado ministro de Guerra y Marina del presidente Roca y, en 1886 fue elegido vicepresidente de la Nación en la fórmula encabezada por Juárez Celman.
No fue un período sencillo para la Argentina ni para Pellegrini. Durante el gobierno de Juárez Celman comenzó un proceso de pérdida del valor del peso argentino frente al oro, que era el medio de pago internacional. La crisis económica se precipitó y el descontento se expresó en la fuerte oposición ejercida desde la naciente Unión Cívica.
En 1890 estalló la Revolución del Parque. Pellegrini participó activamente en la represión del movimiento revolucionario de la Unión Cívica y, ante la renuncia de Juárez Celman en agosto, asumió la presidencia de la República hasta 1892.
El gobierno de Pellegrini se desarrolló en un clima de marcada inestabilidad política y económica. Durante su gestión se sancionaron varias leyes impositivas con el propósito de mejorar la recaudación y, entre otras iniciativas, se le debe la fundación del Banco de la Nación Argentina en 1891, como medio para resolver los embates de la crisis económica que afectaba al sistema bancario, una medida consecuente con la posición proteccionista e industrialista que lo caracterizó.
Después de abandonar el gobierno se alejó momentáneamente de la vida pública, a la que retornó para apoyar a su sucesor en la Presidencia, Luis Sáenz Peña, en la represión de los levantamientos radicales de 1893.
En 1895, luego de la renuncia de Sáenz Peña, se restableció el predominio de Roca y Pellegrini en el Partido Autonomista Nacional (PAN) y en la política nacional y fue electo senador.
En 1900 fundó el diario 'El País', de tendencia conservadora y proteccionista y, luego de una ruptura con Roca, comenzó a actuar en la oposición y fundó el Partido Autonomista, pero fue derrotado por el oficialismo en las elecciones a senador nacional (1904).
Pellegrini rompió con Roca cuando éste ocupaba por 2da. vez la Presidencia. Roca envió al Congreso un proyecto de unificación de la deuda externa a través de un empréstito externo de reducido interés y a largo plazo cuyo servicio se garantizaba con las rentas aduaneras. Pellegrini lo defendió en el Parlamento y logró su media sanción.
Pero tras una serie de artículos periodísticos y manifestaciones opositoras, Roca retiró el proyecto sin consultar a Pellegrini, quien se enojó por el 'ninguneo', considerando además que ya mantenía profundas diferencias políticas por la permanente negativa de Roca a siquiera discutir la posibilidad de una nueva ley electoral que pusiera fin al fraude.
Pellegrini comenzaba a considerar que la prosperidad alcanzada peligraba de no atenderse los reclamos de la oposición y estaba dispuesto a considerar la introducción de reformas graduales en el sistema electoral con el fin de evitar conflictos sociales.
Volvió a la Cámara de Diputados en 1906, luego del triunfo en las elecciones porteñas de la coalición que integraba con Emilio Mitre, pero murió ese 17 de julio.
Dijo en uno de sus últimos discursos:
"Nuestra historia política de los últimos quince años es la historia política sudamericana: círculos que dominan y círculos que se rebelan; opresiones y revoluciones, abusos y anarquía. Pasan los años, cambian los actores, pero el drama o la tragedia es siempre la misma; nada se corrige y nada se olvida y las bonanzas halagadoras, como las conmociones destructoras se suceden a intervalos regulares cual si obedecieran a leyes naturales. Los unos proclaman que mientras haya gobiernos personales y opresores, ha de haber revoluciones; y los otros contestan que mientras haya revoluciones, han de existir gobiernos de fuerza y de represión. Todos están en la verdad, o, más bien todos están en el error."