El gobierno británico de Margaret Thatcher intentó entregarle a la Argentina la soberanía de las Islas Malvinas (Falklands). Ello, durante una reunión secreta realizada en Suiza menos de 2 años antes del comienzo de la guerra por ese archipiélago en el Atlántico Sur, en abril de 1982. Es una de las develaciones del libro 'La Historia Oficial de la Campaña por las Falklands, escrito por el historiador Lawrence Freedman, profesor de estudios bélicos del King's College, de la Universidad de Londres.
Ingleses confirman el Informe Rattenbach: En 1980, Thatcher quiso devolverle Malvinas a la Argentina
El libro 'La Historia Oficial de la Campaña por las Falklands", escrito por el historiador Lawrence Freedman, ya salió a la venta, y reveló que el gobierno de Margaret Thatcher quiso devolver a la Argentina la soberanía de Malvinas, en 1980. La iniciativa fue negociada durante una reunión secreta, realizada cerca de Ginebra, Suiza, entre un funcionarios del Foreign Office (Nicholas Ridley), y del ministerio de Relaciones Exteriores argentino, (comodoro Carlos Cavándol)i. Todo quedó en nada por la oposición de los kelpers, y la dificultad argentina para destrabar esa situación.
En 1980, gobernaba la Argentina Jorge Rafael Videla y la Junta de Comandantes en Jefe de las 3 fuerzas. En la distribución del poder, el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto era jurisdicción de la Armada Argentina que, curiosamente, fue quien promovió más tarde la invasión a las islas.
El encuentro propuesto por el gobierno de la conservadora Thatcher tuvo lugar en un hotel cerca de Ginebra, Suiza, y en él participaron los funcionarios de las cancillerías británica y argentina, Nicholas Ridley y comodoro Carlos Cavándoli, respectivamente.
En el 'Informe Rattenbach', elaborado luego del descalabro de la invasión a Malvinas, por una comisión que presidió el general Benjamín Rattenbach, se habla de Cavandoli, subsecretario de Relaciones Exteriores.
Rattenbach
Rattenbach afirmó lo siguiente:
"a. JUN-79. Viajó a las islas el Subsecretario Ridley manteniendo reuniones una de ida y otra al regreso con el Comodoro Cavándoli, con la intención de retomar las negociaciones por Malvinas. Cabe aclarar que, desde el inicio de la administración conservadora, ésta había puesto de manifiesto una clara disposición para intensificar las relaciones bilaterales, especialmente las de carácter económico.
b. SEP-79. Durante la realización de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Brigadier Pastor (2) y Lord Carrington (3) acordaron la reposición de Embajadores. En esa oportunidad, el Brigadier Pastor manifestó a su interlocutor que, si bien sabía que el tema Malvinas podía no ser prioritario para el Reino Unido, en ese momento, tenía problemas internacionales que resolver (Rhodesia en particular).
c. NOV-79. Se invitó a Ridley a una primera reunión exploratoria, la que no fue aceptada, haciéndose alusión a las razones expuestas anteriormente.
d. MAR-80. Se programó ya en firme una reunión formal a nivel Subsecretarios, dentro del marco de las resoluciones de las Naciones Unidas. Se propuso agenda abierta a efectos de establecer todos los elementos intervinientes y se aceptó la presencia de un isleño, pero no como tercero en la disputa, sino formando parte de la delegación británica.
(1) Subsecretarios de RR.EE. de ambas Carteras de Estado por ese entonces.
(2)Ministro de RR.EE.
(3)Titular del "FOREIGN OFFICE".
e. ABR-80.(28/30). Se desarrolló en Nueva York la ronda de negociaciones; durante su transcurso, Ridley manifestó su deseo de tener una conversación privada con el Comodoro Cavándoli. Esta se acordó de inmediato y, además, se dispuso la concurrencia del Comodoro Bloomer Reeve y el Embajador Harding (segundo de Ridley en el Foreign Office). Dicha reunión tuvo lugar el mismo día 28, sin la asistencia de Harding. Como resultado de ella se obtuvieron las siguientes conclusiones:
1) Que debía haber una solución, dentro de la cual el tema soberanía argentina era imprescindible.
2) Que toda solución debía tener en cuenta la voluntad de los isleños, según Ridley, y los intereses, según Argentina.
f. Dentro de esas ideas Ridley manifestó:
1) Que la solución global no era fácil para el Reino Unido; que él personalmente había debido vencer la resistencia de Lord Carrington y de la primer Ministro Thatcher para concurrir a estas reuniones.
2) Que pensaba que una solución podía ser al estilo Hong Kong, con las lógicas salvaguardas, y que las fechas debían ser cuidadosamente elegidas para dar seguridad a los isleños. Sin embargo, declaró que no estaba autorizado para expresar estas ideas, las cuales debía presentar entonces a su gobierno.
3) Que en alrededor de seis semanas sabría si se lo autorizaba a proseguir por ese camino.
4) Que tenían un gran enemigo en la FIC (Falkland Island Company), pero que él lo arreglaría si la parte argentina cooperaba, ejerciendo presión sobre ella. (Este concepto lo repitió tres veces).
5) Que era imprescindible mantener el tema en absoluto secreto, ya que un trascendido podía malograrlo todo. Se le manifestó que todo era negociable si mediaba un acuerdo de principio sobre el tema soberanía argentina y que la idea sería cuidadosamente evaluada.
6) Se comprometió a estudiar de "buena fe" una solución aceptable políticamente para el Reino Unido y los isleños.
36. Una posterior conversación con el Embajador Harding permitió apreciar que éste desconocía el tema y compartía la necesidad de solucionar la disputa, incluyendo el tema soberanía.
37. JUL.1980, Ridley propuso una reunión absolutamente confidencial para el mes de septiembre, por cuanto ya tenía instrucciones de su gobierno. El concurriría con el Embajador Harding, y el Comodoro Cavándoli con el Comodoro Bloomer Reeve (Jefe de Gabinete del Canciller).
38. SEP.1980 (Días 10 y 11). Se llevó a cabo una reunión en Coppet (Suiza), en el hotel donde se alojaba Ridley, de acuerdo con lo previsto.
Ridley manifestó a su inicio:
a. Que la reserva absoluta era base primordial.
b. Que estaban autorizados por el gabinete para reunirse, pero todas las resoluciones debían ser consideradas "ad referéndum" de dicho gabinete.
c. Que lo que se tratara podía constituir una base para el acuerdo que se expondría al gabinete y con autorización, concurrirían a Malvinas para preparar a la población a que aceptara la proposición, sin que se hiciera referencia a las reuniones confidenciales que habían tenido lugar.
d. Que el Reino Unido estaba preocupado por la economía de las islas y aceptaba que no era posible encarar ningún proyecto sin contar con la participación argentina.
39. Después de dos días completos de intensas reuniones, se llegaron a acordar los siguientes puntos:
a. Habría transferencia de soberanía a Argentina por las islas y el mar que las rodeaba. Respecto de Georgias y Sandwich del Sur, si bien el Reino Unido no aceptaba los títulos argentinos (era exclusivamente desde el punto de vista legal) y ellos podrían ser incluido dentro de un acuerdo para explotar en conjunto.
b. La titularidad de la soberanía sobre las islas y su zona marítima sería transferida a Argentina a partir de la fecha en que se firmara el acuerdo.
c. A fin de garantizar a los isleños y sus descendientes el gozo ininterrumpido de su forma de vida bajo las instituciones británicas, sus leyes y prácticas, se realizaría una administración británica combinada, que sería simultáneamente asegurada mediante un arriendo al Reino Unido por un período de 99 años (última postura del Reino Unido), graduable por generaciones (postura argentina). Los habitantes serían súbditos británicos a la firma del acuerdo, tal como se dijera anteriormente.
Sus hijos, de doble nacionalidad obligatoria, y los nietos de los actuales, argentinos, con lo que se disminuía el tiempo y se quitaba una fecha fija.
d. Los términos del acuerdo estarían sujetos a reajustes cada 10 años.
e. El gobierno argentino sería representado por un Comisionado General, Alto Comisionado, o similar.
f. El gobierno británico sería ejercido por un Gobernador y un consejero elegido localmente.
g. Existiría un consejo conjunto para entender en los proyectos económicos de las islas y sus zonas marítimas.
h. Las banderas argentinas y británicas flamearían lado a lado en los edificios públicos de las islas.
40. En temas de detalle:
a. Argentina se haría cargo de la Superintendencia de Obras Públicas, el servicio médico, la administración del aeropuerto, el servicio FIGAS, etc.
b. El Reino Unido retiraría los Royal Marines y desmantelaría la Falkland Island Company.
41. Asimismo, se acordaron los siguientes pasos:
a. Informar a los respectivos gobiernos.
b. Clarificar en forma directa las dudas (Ridley-Cavándoli).
c. Informar sólo lo necesario a los Embajadores (el acuerdo en proyecto), para evitar toda posibilidad de pérdida de reserva.
d. Efectuar en Naciones Unidas una reunión de Cancilleres.
e. Efectuar una nueva reunión, todavía secreta, para reajustar todo, si ello fuera necesario.
f. Llevar a cabo una negociación final en los organismos internacionales, donde no se haría mención de las reuniones confidenciales. Cada parte negociaría como desease una postura de "máxima", hasta llegar, "duramente", a lo pactado.
g. Con la autorización correspondiente, Ridley iría a las islas para comenzar a convencer a los isleños.
42. El 25-SEP-80, se transfirió el resumen de la reunión entre ambos cancilleres, según informe de la Cancillería Argentina: (Anexo II/10).
a. El Canciller manifestó que "es esencial acelerar las negociaciones sobre las Islas Malvinas a fin de alcanzar cuanto antes un acuerdo que ponga término definitivamente a la disputa".
b. En esa línea de pensamiento, expresó la satisfacción del gobierno argentino por el espíritu y buena voluntad del actual gobierno británico y del propio Lord Carrington, tendiente a hacer verdaderos progresos en esa materia. Las negociaciones de Nueva York y Ginebra fueron pasos sumamente positivos.
La hábil fórmula elaborada a raíz de las conversaciones de Ginebra entre el Ministro Ridley y el Comodoro Cavándoli contenía dos elementos básicos:
> reconocimiento y transferencia de la soberanía efectiva a la Argentina por un lado y
> el subsiguiente arriendo al Reino Unido por el otro QUE PERMITÍAN VISLUMBRAR, POR PRIMERA VEZ, UNA POSIBILIDAD SERIA Y CONCRETA DE HALLAR UNA SOLUCIÓN.
Sin embargo, cabe destacar que para Argentina, el plazo previsto de duración del arriendo resultaba excesivo. Ese aspecto, como también otros detalles que sería preciso aclarar y trabajar, podrían ser motivo de una nueva reunión entre los señores Ridley y Cavándoli.
c. Lord Carrrington agradeció esas manifestaciones y coincidió en que las conversaciones habían sido muy constructivas, agregando que:
ELLO NO OBSTANTE, CON TODA FRANQUEZA Y PARA EVITAR CUALQUIER MAL ENTENDIDO, CREÍA NECESARIO DECIR QUE ÉL DEBÍA AUN EXPONER A SUS COLEGAS DEL GABINETE BRITÁNICO LO TRATADO EN GINEBRA, PARA OBTENER LA CONFORMIDAD DE SEGUIR ADELANTE CON LA NEGOCIACIÓN. ADEMÁS, DESEABA CLARIFICAR, UNA VEZ MÁS, QUE PARA EL GOBIERNO BRITÁNICO ERA INDISPENSABLE CONSEGUIR LA APROBACIÓN DE LOS ISLEÑOS SOBRE LO QUE SE ACORDARÍA. ESTO PODÍA CREAR DIFICULTADES Y DESDE YA ÉL QUERÍA SEÑALARLO CON TODA HONESTIDAD.
El señor Ridley consideró que, aunque difícil, no sería imposible lograr la conformidad de los isleños. Basaba su confianza en el hecho de que el arriendo implicaba introducir los plazos ciertos que ellos querían para encarar el futuro. (...)"
Hong Kong
Ahora, de acuerdo al libro británico, para despistar posibles elucubraciones de otros funcionarios británicos que se oponían al acuerdo, Ridley dijo que el motivo del viaje a Suiza era para que le pintaran un cuadro junto a su esposa. Ridley y Cavándoli se habían conocido durante las negociaciones que terminaron con la venta de helicópteros Lynx y de misiles navales por parte de Londres a Buenos Aires.
La iniciativa había comenzado en junio de 1980 cuando la cancillería británica elaboró la propuesta, la cual fue aprobada por el comité de Defensa del gabinete. La idea era que las banderas de ambos países fueran izadas en los edificios públicos de las islas. La Argentina tendría la soberanía titular sobre las islas, pero Reino Unido las tendría arrendadas por 99 años con el fin de garantizar a los isleños y a sus descendientes "disfrutar en forma interrumpida de su forma de vida".
Esa era una fórmula similar a la de Hong Kong, y hoy es territorio chino nuevamente.
Las conversaciones de Suiza marcharon bien, pero todo fracasó bruscamente cuando, durante un encuentro de Ridley con los isleños, los kelpers rechazaron de plano la iniciativa. Además, el plan creó demasiadas suspicacias entre los sectores críticos en los partidos Conservador y Laborista.
En otra parte del libro de Lawrence Freedman, de más de 1.000 páginas, se detalla la sorpresa de Reino Unido por la política seguida por USA durante el conflicto.
Por una parte, brindó su apoyo material y logístico a Londres, pero, por otro, a nivel político fue muy ambiguo. "Creo que la primera ministra (Margaret) Thatcher tuvo problemas para entender cómo los Estados Unidos podía no apoyar al ofendido y sí al agresor, no a un aliado cercano y un país democrático y sí a una junta militar autoritaria", afirmó Lawrence Freedman a la agencia PA. "Eso provocó tensiones con los Estados Unidos y algunas palabras duras".
Ocurre que la Argentina, y en especial el gobierno de Leopoldo Galtieri, era un firme aliado de USA en las operaciones encubiertas en Centroamérica. Además, USA tuvo dificultades con los otros países latinoamericanos que coincidieron con Cuba en ofrecer ayuda a la Argentina durante el conflicto, lo que provocaba un desequilibrio regional que la Argentina no supo o no quiso o no pudo aprovechar.
En el texto se explican las gestiones del entonces secretario de Estado del gobierno de Ronald Reagan, Alexander Haig, quien molestó a los británicos cuando, tras el estallido de la guerra, se dirigió en primer lugar a la Ciudad de Buenos Aires en vez de viajar a Londres, o cuando les pidió a las autoridades de Reino Unido que no actuasen con demasiada contundencia, por temor a que el régimen militar argentino se radicalizara, se hiciera más autoritario y forjase una alianza con la Unión Soviética.
Haig había sido jefe militar de la OTAN o NATO, y fue relevado luego del final de Malvinas.
En algunos de los documentos que incluye el libro, Haig describe al entonces gobernante argentino Leopoldo Galtieri como "un hombre religioso, de misa diaria, pero también un hombre que bebía demasiado y desde muy temprano; un hombre de principios sólidos, pero también un jugador de póker al que nunca le gustaba perder".
Lawrence Freedman explica que, durante el conflicto de 1982, los estadounidenses estaban divididos entre los que apostaban a una salida negociada y aquellos que estaban por darle toda la ayuda necesaria a Reino Unido.
Los primeros eran liderados por Haig y los otros por Caspar Weinberger, el entonces secretario de Defensa norteamericano. Sin embargo, con el correr de los días y las semanas, el secretario de Estado se fue desilusionando de los argentinos, al punto de no saber qué hacer con ellos: "ya no se sabe quién manda ahí".
Armas nucleares
La historia oficial británica sobre el conflicto de las Malvinas, aparecida ayer en Londres, asegura que los barcos de guerra de Reino Unido llevaron armas nucleares durante la guerra del Atlántico Sur de 1982 con Argentina.
Sin embargo, Lawrence Freedman, autor del libro, advierte que Londres no tenía intenciones de usar las cargas de profundidad atómicas, sino que las llevó porque no pudieron ser retiradas de los barcos, que fueron enviados a toda prisa a las islas luego de que la Argentina las invadió.
"Varios barcos (como el Hermes y el Invincible) regresaban de maniobras en Gibraltar y tenían el número acostumbrado de cargas de profundidad nucleares que solían llevar consigo las naves británicas en esa época y realmente no tenían una buena forma de deshacerse de ellas", dijo Lawrence Freedman -que reconoció estar sorprendido por ese descubrimiento- en una entrevista con la BBC.
"El gobierno estaba desesperado por alejarlas de la fuerza especial, pero los retrasos que ello hubiera causado en esa época, en que trataban de tener el mayor impacto diplomático, significan que decidieron llevárselas y quitarlas después. Las pusieron en los lugares más seguros posibles. No se tenía intención de usarlas, pero ciertamente fueron allá", sostuvo.
Los barcos que llevaban esas armas se mantuvieron fuera de las aguas territoriales de las Malvinas, para evitar ser acusados de violar la legislación internacional.
El gobierno británico aseguró que "no tiene ninguna objeción" sobre la veracidad de los datos del libro, que afirma que el buque argentino Crucero General Belgrano fue hundido en la guerra de 1982 fuera de la zona de exclusión.
Freeman sostiene que el hundimiento del crucero General Belgrano, en el que murieron 323 argentinos, fue una decisión exclusivamente de los comandantes militares, cuando la nave nacional se alejaba de la zona de exclusión.
Fuentes oficiosas de Londres dijeron que el gobierno británico permitió al académico, en una decisión adoptada en 1991, realizar su obra "en base a los archivos" de la administración de Blair sobre la guerra de Malvinas.
En declaraciones hechas a una radio inglesa "The Today Programme Radio 4", a cuyo contenido se tuvo acceso, Freeman aseguró que el crucero ARA "General Belgrano fue hundido porque los comandantes militares británicos lo quisieron" porque "estaban preocupados por la amenaza naval argentina" y lo pensaron como una manera de "disuadir".
Incluso el académico británico confirmó que el crucero Belgrano fue atacado por una nave británica cuando "había dado vuelta" y se alejaba de la zona de exclusión dispuesta por el Reino Unido en el conflicto bélico.
"Algunos eran conscientes de esto. Pero pienso que su visión consistía en que era la mejor posibilidad que tenían para atacar un barco argentino", indicó Freeman.







