Delegación española va de putas a un prostíbulo de Moscú

Rasputín es un burdel moscovita donde se practica, además, el sadomasoquismo. Allí llegó en febrero una delegación del Gobierno español, de militancia PP, que quería promover el turismo en las Baleares, hizo de las suyas y cargó el gasto a la rendición de gastos de representación. Pero el escándalo aún es incompleto.

Juan Carlos Escudier, de ElConfidencial.com/ cuenta que el político del Partido Popular, Jaume Matas, presidente de Baleares, estaba al frente de una delegación de 6 personas que había acudido en febrero a Moscú a promocionar las islas. En esos días jugaba el Mallorca, que es un equipo español de 1ra. División que representa a las islas Baleares, contra el Spartak. Matas, su escolta, el consejero de Turismo, el jefe de gabinete, el jefe de prensa de éste último y el director del Instituto Balear de Turismo se embarcaron como hooligans en la tarea de dar a conocer a los rusos las bondades de Baleares y de su clima mediterráneo.

Todo iba bien hasta que el Rasputín, un local en el que por US$ 50 se puede atar como a una perra a una simpática señorita y darle con un látigo en el trasero aunque no muy fuerte, se interpuso en su camino. El grupo, segùn la versión oficial, se dividió. Matas, su escolta y el consejero Flaquer se fueron al hotel. El resto, cayó por "mala suerte" en la tentación. Que se pagaran 7 entradas cuando los del mal fario eran ya solo 3 y que se consumiera en 1 hora tanto alcohol como para derribar a un caballo siguen siendo 2 insondables misterios.

La "mala suerte" se cebó con la delegación mallorquina. De regreso a Baleares, pasaron como gastos de representación los servicios del Rasputín, confundiéndolos con recibos de taxi. Pero un diputado exigió la relación de facturas; y la vicepresidenta balear las entregó; la desgracia absoluta fue que alguien, en el Diario de Mallorca, conociera el idioma ruso.

Matas, un político que ha conseguido que los muertos voten, que los informes confidenciales de la oposición lleguen al correo electrónico de la gente del PP sin que los tribunales le condenen por el robo, sabe lo que es la suerte. Tan imperturbable como cuando, siendo ministro de Medio Ambiente, decidió quedarse de vacaciones mientras el buque Prestige contaminaba las costas de Galicia, ha dado toda una lección de liberalismo: "Estamos en el siglo 21 y cada uno hace con su vida lo que quiere". El problema es que se usó dinero público.

El resultado ha sido la dimisión del firmante de las notas de gasto, el gerente del Instituto Balear de Turismo, Juan Carlos Alía, un tipo al que su discreción llevará, sin duda, a más altas responsabilidades en un futuro próximo pero que, por el momento, tendrá que pagar la farra.

Matas ha afirmado que está dispuesto a aportar documentación para "demostrar que las cosas se hacen bien y correctamente", lo que lleva a pensar que sus altos cargos se hicieron fotos mientras practicaban algunas divertidas propuestas del Rasputín, tales como "encadena a la esclava al potro de tormento" o la más religiosa "encadena a una esclava a la cruz".

Reyes, ministros, cardenales como Richelieu y hasta encumbrados periodistas han llevado a los burdeles la promoción de sus causas. Algunos llegaban más lejos. Jorge III de Inglaterra, por ejemplo, financiaba las casas de lenocinio próximas al Palacio de St James, y Luis XV regentaba un burdel exclusivo en el interior del Palacio de Versalles.

La "equivocación, según Matas, fue facturar la noche loca a las arcas públicas, un "error" del que, lógicamente, él no es responsable. Su capacidad de supervivencia política es admirable.