"Podemos ser unidos pese a las diferencias"
El Papa habló de la fraternidad, "pues somos hermanos", y celebró la "amistad y cercanía que nos hace tanto bien", lo que no significa que haya uniformidad "pero no se trata de que haya uniformidad sino armonía".
15 de marzo de 2013 - 14:07
El papa Francisco recibió a todos los cardenales, en su primer encuentro con todos los miembros del Sacro Colegio, electores y no electores, en la Sala Clementina, del Vaticano.
Anécdota 1
Nada más comenzar a leer su breve discurso, el Papa dejó de lado los folios para informar a los purpurados que "el cardenal Mejía ha tenido un infarto ayer, y está ingresado en la clínica Pio XI. Nos envía saludos". Es el nonagenario cardenal Jorge Mario Mejía, quien nació también en la Argentina.
Anécdota 2
Viendo a muchos cardenales octogenarios y a bastantes que ya no son jóvenes, él afirmó: "Valor, hermanos: Probablemente la mitad de nosotros está en la vejez. Y la veje , se dice, es la sede la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría que les da el haber caminado mucho. Como los ancianos Simeón y Ana en el templo cuya sabiduría les hizo reconocer a Jesús. Demos esta sabiduría a los jóvenes: como el buen vino, que con los años se vuelve todavía mejor: demos a los jóvenes la sabiduría de la vida”.
Y citó, en alemán, a un poeta para quien la vejez "es el tiempo de la tranquilidad y la oración".
Anécdota 3
Anécdota 4
El nuevo Papa echó a andar para saludar al cardenal indio Ivan Dias, que caminaba con mucha dificultad. Le hizo la señal de la cruz en la frente y le besó el anillo. Francisco le abrazó y le besó.
3 ó 4 cardenales aprovecharon esos momentos para plantear algún problema, y el rostro del Papa cambiaba a serio, daba indicaciones o indicaba que se lo escribiesen para estudiarlo mejor.
Anécdota 5
La mayor parte de los saludos fueron abrazos, intercambio de bromas, risas y carcajadas. Pero poco después, Francisco aprovechó para dar algunas indicaciones al responsable de los Obispos, Marc Ouellet. Un misterio qué fue lo que dijo o pidió.
Anécdota 6
Algunos cardenales africanos se acercaban con objetos de devoción –rosarios, cruces, estampas etc.- para que se los bendijera. El Papa abría las bolsas y, además de bendecirlos, los tocaba. El cardenal sudafricano Wilfrid Fox Napier le enseñó una pulsera de plástico de color amarillo limón. El Papa leyó el texto escrito, sonrió a Napier y se puso la pulsera. Se la quedó durante el resto del encuentro.
El cardenal sudafricano llevaba varias, y a la salida del encuentro, una periodista le pidió verlas. El dibujo es un pez, utilizado como símbolo de Jesucristo desde los primeros cristianos. El lema escrito es "Credo Dómine" ("Creo, Señor").
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Es parte de la oración a Jesús del padre de un muchacho endemoniado. Lo cuenta Marcos en el capítulo 9. El texto completo es: "Creo, Señor; ayuda mi incredulidad".
La crónica
"(...) En su discurso, el Papa Francisco ha afirmado que el encuentro de hoy quería ser “casi una prolongación de la intensa comunión eclesial”, experimentada durante el Cónclave. “Animados por un profundo sentido de responsabilidad y alentados por un gran amor por Cristo y por su Iglesia - ha recordado- hemos rezado juntos, compartiendo fraternalmente nuestros sentimientos, nuestras experiencias y reflexiones. En este clima de gran cordialidad han crecido el conocimiento y la apertura mutuas”. Y, de nuevo, improvisando, ha añadido que esos sentimientos eran “buenos porque somos hermanos. Algunos me han dicho que los cardenales son los sacerdotes del Santo Padre y yo creo que la cercanía y la amistad nos sentarán bien a todos“. “Precisamente la cercanía y la apertura nos han facilitado la docilidad al acción del Espíritu Santo, el Paráclito, el protagonista supremo de toda iniciativa y manifestación de fe”, y de nuevo, dejando los papeles del discurso ha añadido “Es curioso: yo pienso que el Paráclito da todas las diferencias en las Iglesias y parece cómo si fuera un apóstol de Babel. Pero, por otra parte, es éso lo que forma la unidad de estas diferencias no en la homogeneidad, sino en la armonía. Me acuerdo de un Padre de la Iglesia que lo definía así: “Ipse harmonia est”. Este Paráclito que nos da, a cada uno, carismas diversos, nos une en esta comunidad de Iglesia que adora al Padre, al Hijo y a él, al Espíritu Santo”.
El Santo Padre ha recordado el período del Cónclave, “lleno de significado no solo para el Colegio Cardenalicio sino para todos los fieles. En estos días hemos sentido muy de cerca el afecto y la solidaridad de la Iglesia universal y también el interés de tantas personas que, incluso sin compartir nuestra fe, miran con respeto y admiración a la Santa Sede”. Asimismo ha expresado su agradecimiento a todos los cardenales por su cooperación en la guía de la Iglesia durante la Sede Vacante, desde el cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, al Camarlengo, cardenal Tarcisio Bertone y al cardenal Giovanni Battista Re “que ha sido - ha dicho el Papa- nuestro jefe en el Cónclave”.
“Pienso con profundo afecto y con gratitud en mi venerado predecesor, Benedicto XVI - ha proseguido- que en estos años de pontificado ha enriquecido y vigorizado a la Iglesia con su magisterio, su bondad, su guía, su fe, su humildad y su mansedumbre que permanecen como patrimonio espiritual para todos”. Y ha señalado que “como tantas veces, con sus enseñanzas y, por último, con su gesto valeroso y humilde, nos ha recordado Benedicto XVI, es Cristo el que guía a la Iglesia por medio de su Espíritu. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, con su fuerza que vivifica y une hace un sólo cuerpo de muchos: el Cuerpo místico de Cristo”.
“No cedamos nunca al pesimismo, a la amargura que el diablo nos propone cada día -ha exclamado- no cedamos al desaliento. Tenemos la firme certeza que el Espíritu Santo da a la Iglesia, con su hálito potente, el valor de perseverar y también de buscar nuevos métodos de evangelización, para llevar el Evangelio hasta los extremos confines de la tierra. La verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde al deseo profundo de la existencia humana anunciando de forma convincente que Cristo es el único Salvador de toda la persona y de todos los seres humanos. Este anuncio es tan válido hoy como lo fue al principio del cristianismo cuando tuvo lugar la gran expansión misionera del Evangelio”.
"Ahora - ha concluido - volveréis a vuestras sedes para continuar con vuestro ministerio - enriquecidos por la experiencia de estos días, tan cargados de fe y de comunión eclesial. Esa experiencia, única e incomparable, nos ha permitido comprender en profundidad la belleza de la realidad eclesial, que es un reflejo del esplendor de Cristo resucitado: Un día miráremos el hermoso rostro de Cristo resucitado”.
Terminado su discurso el Papa saludó uno por uno a todos los cardenales presentes en la Sala Clementina."








