Ya es la enésima crisis financiera que vive el Gobierno, y los funcionarios a esta altura están bastante curtidos. Igual, ayer se alarmaron con la disparada del riesgo país y la imagen de las colas que se formaban en los cajeros automáticos. Al final del día, cuando lo peor había pasado, los hombres del Gabinete sacaban sus conclusiones: según decían, el vendaval especulativo se explica por la inminencia del canje de la deuda unido a las presiones prodolarización. Sin embargo, no tenían más remedio que admitir que la debilidad política crónica de la Rosada es la causa fundamental de tanto desbarajuste financiero. "La cosa está tan mal que una chispa mínima arma un gran incendio", resumía anoche un funcionario cercano al Presidente.
Públicamente, Fernando de la Rúa, Chrystian Colombo, Nicolás Gallo y Juan Pablo Baylac salieron durante todo del día a despejar versiones (ver recuadro). Más allá de las declaraciones, centradas en la necesidad de mantener la calma, lo cierto es que al final de la jornada habían llegado a algunas conclusiones.
Una de las teorías más difundidas que explicaría la ofensiva de los mercados se vincula al contexto internacional. Según explicaban en el Gobierno, el canje de la deuda que se anunció anoche es una experiencia piloto, que no tiene antecedentes en la economía mundial y que, si funciona, sentará precedente.
De acuerdo a esta lectura, esto es justamente lo que muchos bancos quieren evitar: el éxito de la operación –apoyada por el Tesoro de los Estados Unidos– sentaría una jurisprudencia peligrosa para los tenedores de deuda, ya que podría impulsar a otros países emergentes con economías endeudadas –Brasil, Indonesia o Turquía, entre otros– a imitar el ejemplo argentino.
Como parte de este razonamiento, en la Rosada comentaban un reportaje de un diario brasilero a Luiz Inácio "Lula" Da Silva, el candidato a presidente del izquierdista Partido de los Trabajadores, que encabeza las encuestas para las elecciones del año que viene. En la nota, Lula se había preguntado por qué Brasil tenía que seguir pagando tasas de más del 15 por ciento si la Argentina, a través del canje, las había reducido de un plumazo al 7. "Hay una presión que excede el marco nacional", explicaba un ministro que ayer dialogó del tema con De la Rúa.
En este contexto, la presión prodolarización de algunos bancos se uniría con los temores internacionales: según las explicaciones del Gobierno, esto habría terminado de conformar la ofensiva financiera.
Pero es sólo una de las explicaciones. Hasta los funcionarios más cercanos al Presidente admitían que el vacío político contribuye a fomentar la crisis. Un ejemplo claro es la jornada de ayer: el día arrancó mal desde el vamos, con versiones de todo tipo. Tanto De la Rúa como Cavallo salieron a dar explicaciones al mediodía, pero luego se generó un silencio oficial de varias horas que potenció los rumores sobre la posibilidad de que se decretara un feriado bancario para los primeros días de la semana que viene.
El vacío informativo agudizó la histeria y se formaron colas en los cajeros automático. El vocero Juan Pablo Baylac y el titular del Central, Roque Maccarone, salieron a desmentir la versión recién después de las tres de la tarde, cuando las reservas de los bancos habían caído a niveles inéditos. "Andamos muy mal de reflejos", admitía un funcionario con despacho en la Rosada.
La anécdota se suma a otros desmanejos del Gobierno: la zigzagueante estrategia oficial (y las contradicciones discursivas) en torno a la designación de Ramón Puerta como virtual vicepresidente, la postergación de la Concertación, la incertidumbre del Gabinete, que podría reformularse nuevamente (ver aparte).
"Es un contexto de debilidad y de aislamiento", reconocía una importante fuente del Gobierno. "Esperemos que el canje despeje un poco laincertidumbre, que cambie las expectativas, pero hasta que no logremos cerrar un consenso político fuerte las cosas van a seguir difíciles", concluía.
(*) Buenos Aires, Argentina. 1 de diciembre de 2001. Página 12.
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A DOS AÑOS DEL CORRALITO: El enésimo viernes negro de De la Rúa
POR JOSÉ NATANSON (*) Los datos de la economía anunciaban el default político de Fernando de la Rúa. Como otros viernes, el 30 de noviembre de 2001 fue otro día para el olvido del gobierno de la Alianza. Las peores noticias del mandato que duró apenas dos años, llegaban siempre cerca del fin de semana, pero hace dos años, se paralizó a la clase media que comenzaba a dar nacimiento a los cacerolazos.
01 de diciembre de 2003 - 12:16






