Los personajes que originan la mágica atmósfera que invade la madrugada del 6 de enero de cada año poseen ciertas claves.
Buscar los orígenes de esta tradición conduce a uno de los Evangelios de la Biblia, el de Mateo. En el capítulo 2, versículos 1 al 12, se narra que unos Magos, guiados por una luminosa estrella, llegaron a Belén para adorar y ofrecer sus dones al recién nacido Mesías, burlando al asesino de niños más temido de la historia, Herodes.
Existen interpretaciones que dicen que los Reyes Magos podrían haber sido astrólogos babilonios o sacerdotes persas, cultivadores de las ciencias astronómicas, desde un punto de vista teológico.
Si bien parece contradictorio que practicantes de la magia (severamente amonestada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) sean admitidos como adoradores del Mesías, el término griego μάγος, (mago), no era utilizado únicamente para referirse a los hechiceros. Se utiliza, en este caso, para referirse a hombres sabios (así se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, hombres de ciencia. De hecho, también poseían conocimiento de las Escrituras (Mateo 2:5-6). Es usualmente aceptado que estos magos pertenecían a la religión zoroastrista.
Mateo nos deja ver que eran astrónomos que conocían con precisión el movimiento de la estrella (2:7). Aunque bien intencionados, su visita es causa de turbación general y despierta la desconfianza de Herodes (2:3), pues veía al nuevo Mesías como un rival. A pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de 30 años, Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías (2:8) con el fin de poder, así, acabar con su potencial competidor. Los sabios, que no sospechan eso, encuentran al Niño, lo adoran y obsequian oro, incienso y mirra (2:11). Un ángel previene a los Reyes de las intenciones que Herodes guardaba (2:12), así que no regresan donde él. Iracundo, el rey manda a matar a los niños menores de dos años. Para entonces, José ha sido avisado en sueños (2:13) de que debe huir a Egipto con los suyos.
Mateo no cita el lugar o país del que procedían, aunque todo apunta a Babilonia o Persia; Babilonia era un gran centro de estudio del Cielo, y al igual que en Persia, los magos eran una casta con mucha influencia.
Lo más probable es que llegasen a Jerusalén 2 meses después de que naciera Jesús.
En cuanto al número de magos, se acepta el de 3, teniendo en cuenta el número de presentes ofrecidos: incienso, mirra y oro.
El oro representa la naturaleza real de Jesús, un presente para los reyes; el incienso representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios; y la mirra es un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús.
Antes de llegar, encontraron al gobernador Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño; y, así, poder ir él también a adorarle. (En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes).
En determinadas representaciones pictóricas, por razones de perspectiva o capricho del autor, sólo aparecen 2 Reyes Magos o, en otras ocasiones, 4.
Los tres nombres de la tradición occidental -Melchor, Gaspar y Baltasar- no son los nombres primitivos u originales de los Magos, los cuales se desconocen por completo (Mateo tampoco los menciona).
La representación de uno de los Reyes Magos como hombre de raza negra, no comenzó hasta el siglo 14. El venerable monje benedictino, Beda, los describió así en un códice: "Melchor, anciano de blancos cabellos y larga barba del mismo color; Gaspar, más joven y rubio; Baltasar, negro". Beda los consideró representantes de Europa, Asia y áfrica, para así acentuar la soberanía universal de Cristo sobre todas las razas y países.
Los nombres son distintos en diversas lenguas. En griego, Appellicon, Amerín y Damascón; en hebreo, Magalath, Galgalath y Serakin. Los armenios suponen que fueron 12, por lo que les asignan doce nombres diferentes.
Su destino, tras la adoración, fue incierto.
Mateo sólo dice que regresaron a su país por otro camino para burlar a Herodes.
Otra leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba. Allí fueron bautizados y consagrados obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago. Los restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena.
Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia, donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia. Miles de peregrinos empezaron a llegar a Colonia, lo que propició que en 1248 se iniciara la construcción de la catedral de Colonia, que llevaría más de 600 años terminarla. Hoy día es uno de los monumentos góticos más impresionantes de Europa. Colonia se ha convertido junto con Roma y Santiago de Compostela en uno de los grandes centros de peregrinación. Igualmente, existen leyendas que hablan de un cuarto rey mago.
Otro de los enigmas de los Reyes Magos es el brillante astro que les condujo hasta el pesebre de Jesús de Nazareth. Para muchos autores no era sino un cometa o meteoro luminoso. Hay quien mantiene que pudo tratarse del cometa Halley. Kepler, en 1606, afirmó que pudo nacer de la conjunción triple de 2 planeta, Saturno y Júpiter, en la constelación de Piscis.
En la biblioteca de la Universidad de Salamanca se encuentra un curioso códice del siglo 15, titulado 'Historia de los Reyes Magos'. Plagado de citas del Antiguo Testamento, relata la trayectoria de estos durante y después de la adoración. Destaca las tentaciones que sufrieron los tres Reyes a manos de Satanás.
La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes. Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda. Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Melchor, Gaspar, Baltasar...
Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar supuestamente equivalen en griego a Appellicon, Amerín y Damascón; y en hebreo a Magalath, Galgalath y Serakin.
En tiempo de la colonización española, especialmente en Cuba y Puerto Rico, este día de Reyes Magos era de asueto para los esclavos negros que salían a las calles a bailar al ritmo de sus tamboras. Esto origina el nombre de Pascua de los Negros con que el día es aún conocido en algunos países.
Los países de habla inglesa dedican el día 6 de enero a desmontar los adornos de la Navidad. Antiguamente se celebraban festejos con ese motivo y se cocinaba un pastel en el que se escondía un haba o una pequeña moneda de plata. La persona que encontraba el haba o la moneda era nombrada rey judío o señor del desorden y se veía obligada a encargarse de los festejos de esa noche.
Con el tiempo, la fiesta fue evolucionando y se incluyeron bailes de máscaras y representaciones teatrales. Esta tradición dio origen en España al típico roscón de reyes (rosca de reyes) que se toma en ese día y que esconde una pequeña sorpresa en su interior. Se sabe que en el año 1601 los abogados de Londres encargaron a William Shakespeare una obra de teatro que se tituló 'Noche de Reyes', y que fue representada ante la reina Isabel I.
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Hoy es noche de Reyes Magos: Que Melchor, Gaspar y Baltasar lo visiten
Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, Melchor, Gaspar y Baltasar, hoy visitan a miles de niños en todo Occidente. Urgente24 le desea que también pasen por su hogar y no solamente se acuerden de sus hijos. Al fin de cuentas la ilusión no puede ser monopolio de la infancia.
05 de enero de 2007 - 09:24







